viernes, 23 de marzo de 2012

Máscara contra cabellera


José Luis Vázquez, mejor conocido como el Profesor Mr. Lince, es hoy un maestro de lucha libre y dueño del gimnasio “Mr. Lince” ubicado en la Col. Terminal, en Monterrey.

Monterrey, NL.- Se encienden las luces, las butacas esperan ser salpicadas de cerveza, semillitas y el sudor de los espectadores.

El tiempo se agota, y en el entarimado los dioses del pancracio confabulan sobre el destino de los gladiadores.

El público comienza a impacientarse, piensan, con justa razón, que el anunciador ha tardado demasiado.

Entre el bullicio se escucha la primera mentada de madre, símbolo de la presencia humana que exige, desagarra su garganta, la enfría de cebada y refresco, vuelve a gritar y desgarrarse, pues el asunto es hacer presencia, creer que en realidad uno es alguien dentro de esta comedia humana.

Se percibe una humareda. El público está pendiente a que su ídolo aparezca; es cuando el anunciador los llama: en esta esquina... ¡Mr.

Lince! ... en la otra esquina, ¡Rudy Reyna! Ya algunos están festejando la aparición, pero el recuerdo materno es el objeto más simpático de la tonada en la afición.

José Luis Vázquez, mejor conocido como el Profesor Mr. Lince, es hoy un maestro de lucha libre y dueño del gimnasio “Mr.

Lince” ubicado en la Col. Terminal, en Monterrey. Como muchos amantes del deporte de las llaves y candados, muestra tristeza ante el panorama que ofrece la lucha libre actual.

Tan triste se siente el hombre que de vez en cuando realiza funciones especiales encaminadas a la reflexión, donde conviven la anécdota, la fotografía, el recuerdo y la melancolía.

“Aquí les decimos a los nuevos elementos que ya luchen, porque va dirigida a los elementos que ya luchan, y vamos a hacerles entender que ya no se usan muchas cosas que eran primordiales; de entrada la toma de referee en el inicio del encuentro es primordial, ahora ya ni se usa, en vez de hacer la toma de referee van y agarran el micrófono, y eso va desvirtuando la verdadera lucha.

Ya no ‘llavean’ abajo. Está muy distorsionado esto de la lucha libre, y por eso un grupo de luchadores y compañeros nos hemos dado a la tarea de hablar del tema, aunque sabemos que con esto no la vamos a cambiar pero que de perdido un grupo de niños y jóvenes se entere que había luchadores muy prolíficos en su llaveo, en su técnica y eran unos verdaderos deportistas”, señala Vázquez.

Antes se podía leer en las crónicas de las revistas especializadas en lucha libre sobre el combate por el campeonato nacional entre René “Copetes” Guajardo y Jerry London, donde la lucha duró una hora y cuarenta minutos de puro finísimo forcejeo de llaves y candados.

Hoy en día un campeonato mundial tiene una duración aproximada de 12 minutos donde todo mundo ajeno al combate interviene sin que se muestre una sanción por parte de las comisiones de box y lucha.

“La realidad es de que desde que empezó una empresa a nivel profesional aquí en México se empezó a distorsionar todo copiando los espectáculos de los Estados Unidos”.

Vemos que hoy en día esta distorsión del verdadero ser de la lucha ha llegado a tales límites que el rol del luchador técnico y el rudo se confunden, a veces el “científico” es más rudo que el luchador “marrullero” anunciado en el programa, entiéndase que Atlantis o Máscara Sagrada pican más ojos que el propio Sangre Chicana o Daniel López “El Satánico”.

Por este tipo de razones, Mr. Lince indica que a menudo trata de inculcar a sus pupilos el interés en figuras como Tonina Jackson, René Guajardo, Rolando Vera, Blue Demon, Henry Piluso, entre otros.

“Hasta las propias revistas han cambiado mucho y no defienden la lucha antigua, se hacen también cómplices al reportar todo.

Pienso que también por esto se ha alejado la lucha de ciertas zonas porque ya no va la gente. Pero vamos a dejarlo eso a que la historia lo diga”, indica Vázquez.

Primeros zarpazos Vázquez recuerda cuando de niño ya se ponía un costal de harina a modo de capa en el cuello para decir que era luchador.

A los 14 años de edad él y sus amigos descubrieron un anuncio en el periódico donde decía que se enseñaba lucha libre gratis.

Así fue como asistieron al antiguo Edificio Marroquín ubicado en la calle Zaragoza antes de llegar a Pare Mier, donde en el cuarto piso se impartían entrenamientos de box, lucha libre y danza.

Era el INJUVE. Pasados los años, de ese grupo de 14 amigos sólo quedaron él y otro compañero, quienes pasaron a estudiar con el profesor Beny Llanas para iniciar luego su entrenamiento como luchador con el maestro Rolando Vera.

“Primeramente luché como ‘El Yaki’ durante los 70’s y ya en 1976 pedí permiso en la empresa donde trabajaba, que era la Arena Coliseo para luchar enmascarado, por lo cual dejé de luchar ciertos meses y modifiqué mi peso y subí más delgado y más marcado.

Ahí empecé con el nombre de Mr. Lince que estuve llevando ese nombre hasta el año de 1992”.

Recordando con mucho respeto el trabajo de René Guajardo como promotor luchístico, Vázquez señala que en su físico aun faltaban algunas medidas como la estatura y el peso, sin embargo Guajardo les dio oportunidad para desenvolverse al lado de grandes figuras, tan así que llegó a ser pareja en Matamoros del Enmascarado de Plata, “El Santo” frente al “Copetes” y Ray Mendoza.

Rápidos, furiosos y mal preparados Vázquez comenzó su entrenamiento en 1964 y tardó seis años para ingresar al mundo del pancracio.

Hoy los jóvenes deportistas tardan unos seis meses de entrenamiento para poder subirse al ring, lo cual denota pobreza sobre su preparación como luchadores, y un gran interés en el mercado económico.

Rudy Reyna recuerda con un dejo de melancolía aquella época en que se la pasaba dentro del pancracio: aquellos días no volverán sobre un deporte que cada vez pierde más su esencia.

“Es muy distinto porque cuando yo andaba en mi apogeo era todo muy diferente y muy efectivo, así lo veíamos nosotros, las arenas llenas a reventar.

Lástima, ahora no es la misma lucha que yo viví. Yo respeto lo que es la lucha pero hay muchos compañeros que no están bien preparados, les falta mucha preparación, están hechos al vapor y eso es lo que yo veo que los aguevona (sic) y ya no quieren hacer nada”, comenta el siempre exótico.

Reyna señala que no son solamente los luchadores quienes han tomado esta actitud de “estrellitas”, sino que el vicio radica en quienes se hacen llamar “maestros”, pues consideró a algunos de muy poca calidad ya que después de un entrenamiento de tres o cuatro meses lanzan al ring a elementos sin preparación.

“Son los que denigran a todos los que fuimos y dejamos en alto vuelo la lucha libre. Desgraciadamente veo que esto en vez de acabarse se está denigrando más, la gente ya no lo toma en serio, se toma de vacile.

La gente insulta ya feo y descaradamente sin que el luchador se pueda defender”, apuntó.

Un cuerpo caliente no calienta el ambiente Rudy indica que para el luchador de antaño, calentar el ambiente era símbolo de efectividad, y para un luchador exótico como lo él, siempre estrafalario y llamativo, el respetable público siempre estuvo en primer plano.

“En mis tiempos no había eso, sí hacíamos enojar a la gente y nos aventaban agua y cerveza, pero hasta ahí.

Me gritaban hasta de lo que me iba a morir, y para mí eso era bueno, porque eso significaba que yo estaba en mi mero apogeo, que la sabía armar.

Para mí era calentar y para ellos encabronar”. Un bello cuerpo no siempre pertenece a un buen luchador, apunta Reyna.

“Si yo fuera promotor no me iría por ese lado, me iría por la técnica asesorándome con buenos maestros de lucha libre, si no la gente que sí sabe de lucha dirían, mira a Rudy Reyna, nada más trae a puro chavito bonito y bien dado”.

Reyna recuerda aquel sentimiento de desahogo que se vivía en las arenas de antaño, y recuerda también con gracia cómo provocaba a las mujeres asistentes a la lucha sangrando una y otra vez más a sus ídolos para lograr con esto el efecto de desahogo.

“Las señoras eran las más groseras, ellas no tienen límites ni asco. Hasta de ellas aprendí varias cosas.

A mí nunca me faltaron el respeto porque sabían como yo madreaba. Yo me daba gusto, si no veía sangre no andaba a gusto yo.

Tenía que sacarle sangre y ahora sí me sentía yo, cuál exótico ni que nada. Entre más me gritaba la gente rayadas de madre yo más agradecía”.

Para Rudy, palabras como tijeras voladoras o llaves son extrañas para los luchadores de hoy en día, quienes solamente con la patada o el sillazo creen que han cumplido con su papel en el ring.

De verse obligado a asistir a una función de lucha lo haría viendo un programa de luchadores de su época como el “Negro” Navarro o Solar.

La lucha libre le dio todo a Rudy, viajó por donde le dio su gana, como él menciona, lo más cerquita fue a Japón donde recordó aquellos alaridos muy coordinados que se daban en la arena.

Fue sorprendido al ver que la gente no se levantaba de sus asientos ni maldecía al aire cuando un compañero, el Gran Hammada, le comentó que si lograba provocar esos alaridos era porque estaba calentando completamente la arena.

Cortesía de: www.elporvenir.com.mx y Guillermo Jaramillo Torres

No hay comentarios:

Publicar un comentario

PODCAST BAJO LAS CAPUCHAS