martes, 17 de abril de 2012

9no. aniversario luctuoso de Ray Mendoza



Hoy se cumplen 9 años de la desaparición física del gran Ray Mendoza.

Para mucha gente los mejores luchadores mexicanos son los que incursionaron como estelares en el cine, tuvieron un programa de televisión, una historieta, etcétera. Sobre estos personajes hasta gira la historia de la lucha libre mexicana, pero aunque formaron una parte indispensable en la construcción de ella, no son los únicos. Ray Mendoza es la imagen de un ser humano que no le importó ser pobre, de familia indígena, poco letrado… a base de esfuerzo y de prácticamente dejar su vida en los rings de lucha libre logró colocarse repetidas ocasiones como el Campeón del mundo, vencer enfermedades, lesiones, luchadores extranjeros y hasta vencer a un full Contact. Al final de su vida, su cuerpo quedó destrozado; él se sentía orgulloso de sus lesiones ¿Qué lo encaminó a quedar así? Sin duda era el resultado de su entrega a los aficionados a la lucha libre.

El legado de José Díaz Velázquez, su verdadero nombre, va desde dos llaves que inventó: la noria y la estaca india, hasta la pasión por este deporte que heredó a sus cinco hijos, quienes formaron la dinastía de los Villanos I, II, III, IV y V, los dos primeros ya fallecidos.

Desde muy joven practicó deporte y se inició en la lucha libre bajo la batuta de Ray Carrasco, a principios de los años 50 con el nombre del Chato Díaz. Sin embargo, lo cambió por el que lo hizo famoso en honor de su entrenador y de su esposa, Guadalupe Mendoza.

Con el mote de Ray Mendoza debutó profesionalmente el 6 de febrero de 1956 en la arena Coliseo ante Blue Demon, y de ahí en adelante su carrera ascendió gracias a su rol de rudo; después, con su paso al bando de los técnicos, su popularidad aumentó.

Consiguió el campeonato mundial medio, el mundial de peso semicompleto de la NWA y de la UWA nueve y 11 veces, respectivamente; el nacional de parejas en dos ocasiones y el mundial de dupla de las Américas en EU, entre otros.

Le quitó la cabellera a Angel Blanco, Dorrel Dixon y René Guajardo, pero también sufrió dolorosas derrotas ante Gory Guerrero, a quien terminó por vencer luego de prepararse más, consciente que debía mejorar.

El mundo de las patadas voladoras lo llevó a trabajar en películas al lado de El Santo, Blue Demon, Black Shadow y el Cavernario Galindo. Debutó en el celuloide en 1962 en la cinta Santo contra las mujeres vampiro.

Le siguieron El señor Tormenta, en la que dobló a Erick del Castillo durante las escenas de lucha; Tormenta en el ring, El enmascarado de oro contra el asesino invisible, Las lobas del ring, Blue Demon contra el poder satánico, El tesoro de Moctezuma, Operación 67, Santo contra los villanos del ring, Los leones del ring contra la Cosa Nostra, Santo y Blue Demon contra el doctor Frankenstein y, la última, La verdad de la lucha libre, en la que trabajó con su hijo, el Villano V.

A pesar de la fama y el triunfo Ray Mendoza se mantuvo alejado de vicios y formó una familia unida, respetuosa y apegada al deporte.

Aunque al principio no estuvo de acuerdo en que sus vástagos practicaran la lucha libre, terminó respaldándolos. "Como padre no quería que sufriéramos lo que él", relata en entrevista el Villano V. Su progenitor tuvo lesiones en la columna y operaciones en las rodillas, dos veces en la nariz y frontal.

"Nosotros empezamos sin utilizar su apellido; los Villanos I y II eran los Búfalos Salvajes, luego se les sumó un tercer hermano, mientras el Villano IV era Leopardo Negro y yo me llamaba Rocambole", expresó.

"No podía hacer nada porque ya estábamos dentro, pero al final nos apoyó", comentó el Villano V, quien desprovisto en esta ocasión de su máscara dejó al descubierto las cicatrices de su frente, lesiones pequeñas si se comparan con las que lo aquejan, semejantes a las de su padre.

Ray Mendoza nunca usó máscara, mientras sus hijos prefieren la incógnita. El Potro de Oro, como también se le conoce, les inculcó la filosofía de no darse por vencidos hasta conseguir sus metas, ofrecer lo mejor en cada función, prepararse, ser rectos, sinceros y atentos con todo el público, además de no confiarse ante los rivales que aparentan ser pequeños y el respeto por la familia, resumió el Villano V.

A mediados de la década de los 70 Ray Mendoza, junto con otros luchadores, encabezó las demandas de mejoras salariales y de condiciones de trabajo. Se retiró en 1983.

Se dedicó a entrenar a los nuevos gladiadores y formó parte de la Comisión de Lucha del DF.

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