sábado, 21 de julio de 2012

“La lucha libre mexicana es de dimensiones épicas”: Raúl Criollo, uno de los autores de “¡Quiero ver sangre! Historia ilustrada del cine de luchadores”

Foto: Raúl Criollo, al centro y con los brazos cruzados, posando para la foto con Octagón, Grace Renat y José Xavier Navar, otro de los autores de “Quiero ver sangre”.
Azteca 21/Gregorio Martínez M.

Para Fernando Javier Guerrero Martínez, luchador de la vida, al que admiro por su tesón académico

Por Gregorio Martínez Moctezuma
Coordinador editorial Azteca 21

Ciudad de México. 18 de julio de 2012. Un libro que cautiva la atención por su título y portada abigarrada, que se concentra en un deporte espectacular seguido por millones de aficionados tan sólo en México, Japón y Estados Unidos, que en su contenido incluye casi ocho décadas de producciones fílmicas y que para su conclusión requirió cinco años de investigación exhaustiva es el que acaban de entregar al estimado público Rafael Aviña, Raúl Criollo y José Xavier Navar: “¡Quiero ver sangre! Historia ilustrada del cine de luchadores” (Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial/UNAM, 2011), con prólogo de Juan Villoro, más de 800 imágenes y entrevistas con figuras legendarias.
Un libro sobre un género cinematográfico netamente mexicano, una aportación azteca al séptimo arte que sigue suscitando admiración y despertando nostalgia entre los que tuvimos la dicha de sentirnos El Santo o El Cavernario Galindo o El Huracán Ramírez o... alguna vez en la vida, sobre todo después de ver una película donde aparecían estos héroes del encordado. En entrevista, Raúl Criollo, periodista, guionista y apasionado del pancracio, habla de los pormenores de esta obra, que llena un hueco en nuestra historia fílmica y documental y que está llamada a ser de culto en los años venideros.

Raúl, ¿cuál fue la primera película de luchadores que viste y en cuál cine?

No sé si fue la primera que vi, pero sí es la primera que recuerdo en forma, parte de una función doble de matiné que vi en el Cine Xalapa y fue “Santo contra las mujeres vampiro”. La música de Raúl Lavista –quien hizo música para una enorme cantidad de cintas, incluidas dos de Ismael Rodríguez que son clave en el cine mexicano: “La oveja negra” (1949) y “Ánimas Trujano” (1962), que estuvo nominada al Óscar– y sus serruchos inclinados me siguen pareciendo suculentos. Lorena Velázquez y Ofelia Montesco lucen tan hermosas como cualquiera de las féminas de gran cartel que han cruzado por la pantalla de los chupasangre. Es un clásico bajo cualquier parámetro de análisis fílmico, más aún si su observación repasa lo que ha generado con los años, como un referente absoluto del género. El Santo como imán de taquilla tuvo un antes y un después con este largometraje.

¿Quién fue el primer luchador que se volvió tu ídolo y quién lo es ahora?

He visto lucha libre desde los nueve años. Es difícil definir a un luchador como ídolo. Hablando desde el primer acercamiento con los luchadores en el ring fílmico tendría que ser El Santo, pero he admirado con gran intensidad a las otras leyendas enmascaradas del cine: Blue Demon, Huracán Ramírez, Mil Máscaras y Tinieblas. En los cuadriláteros de ring numerado es muy complejo definir a uno solo, pero te diría Canek, que muy probablemente sea el mejor peso completo mexicano de la historia. El gigante tabasqueño que recibía a toda la baraja internacional, con batallas históricas contra Hulk Hogan, Abdullah The Butcher, Antonio Inoki y, por supuesto, André El Gigante; Canek, junto con Hogan e Inoki, fueron los únicos tres que pudieron levantar al coloso francés en todo el mundo. Me emociona mucho ver luchar a El Hijo del Santo, quien hace una serie de evoluciones de gran calidad que su padre ni siquiera soñó con practicar. Uno de los enormes ídolos de México por tres décadas. De la época más reciente (dicho por su curva de estrellato, ya que es contemporáneo del heredero de plata), Dr. Wagner Jr., un atleta formidable y capaz de mover los ánimos de la gente con un carisma y personalidad que me tocó ver en el perfil de gente como El Solitario, Aníbal, Villano III, Brazo de Oro, Fishman, Octagón (un fenómeno taquillero) y su propio padre Dr. Wagner, pero creo que él lo ha superado.

¿Recuerdas a cuál arena fuiste por primera vez, cuándo y qué cartel?

Arena Xalapa, en 1981. Lucha estrella: Enrique Vera, Fishman y George Takano contra Carlos Plata, Escorpión II y Canek. La recuerdo como si la hubiera visto hace unas horas. Por cierto, en la primera lucha estaba un gladiador que sería gran figura con los años: Emilio Charles Jr.

Por cierto, cinco luchadores paradigmáticos en el cine, además de El Santo.

Como personajes hubo varios increíbles, especialmente dos que fueron creados para la pantalla: La Sombra Vengadora y Neutrón, cuyos seriales son de lo mejor que se filmó en cualquier época. Pero creo que la respuesta correcta debe ceñirse a los otros legendarios que sí subieron al ring profesionalmente: Blue Demon, Huracán Ramírez, Mil Máscaras y Tinieblas.

¿Quién es tu luchadora favorita?

De nuevo me cuesta pensar en un solo nombre. Pero sólo hablaré de las que me ha tocado ver en vivo: Lola González, de gran poder y técnica, así como doña Irma González, quien alguna vez se enmascaró como La Novia del Santo (con permiso del Profesor). De los últimos años creo que técnicamente Faby Apache es un portento, la mejor por mucho; las Moreno son fabulosas, y Sexy Star está definiendo otra forma de estrella femenil. Carismática y de buena figura, ha posado para revistas y calendarios, un poco en la línea que han explotado con gran éxito para las luchadoras de Estados Unidos.

¿Qué máscaras te gustan?

Las de corte clásico, sin tantos colores. Hoy, la posibilidad de combinar telas a varias costuras y los agregados de cuernos, aletas, cabelleras, etcétera, no son parte de una corriente que me atraiga. Hay diseños estupendos cuya clave está en el antifaz o en alguna pequeña greca en un costado. No hace falta más. Creo que los mejores diseños han sido los de El Santo, Mil Máscaras (tanto su careta clásica como la llamada “de tiburón”), El Espectro, El Solitario, El Egipcio (no tan popular, pero con una máscara sensacional), Kung Fu, Aníbal, Tinieblas y Fishman. Los que tienen mayor número de diseños, todos formidables, son Dr. Wagner Jr. (el papá prácticamente sólo la usaba en blanco y azul) y Canek. De los personajes creados para el cine me quedo con la de Neutrón.

¿Qué papel juega la cultura de la lucha libre en México?

Por principio de cuentas, México es un país en el que la lucha libre tiene las condiciones ideales, y aquí entra toda la serie de estudios sociológicos y ensayos diversos que se han hecho al respecto, donde cuenta el grosor de nuestra clase popular, nuestro espíritu violento, nuestro realismo mágico prefigurado en atuendos y desplantes, en músculos y lances, en cabelleras y máscaras. La representación tiene un vigor que atrapa y que se autoconfiere dimensiones épicas. Rudos y técnicos son buenos y malos, personajes, actos y acciones con que lidiamos en cada jornada, haciendo la lucha. La lucha libre en México tiene un sitio inamovible, ganado desde que empezó en espectáculos de carpa ambulante, de atracción para actos políticos e incluso como distracciones para el intermedio de algunos cines. Hay arenas de lucha prácticamente en todo el país, además construidas con ese objetivo, no son recintos de boxeo o gimnasios de usos múltiples (que también se utilizan), sino centros creados ex profeso para la práctica y disfrute de este espectáculo. Así que la lucha libre merece una atención menos superficial y de desdén intelectual, pues tiene mucha importancia como diversión, como regulador catártico, como estampa policroma de los muchos México que el país contiene.

¿Y cuál es la importancia del cine de luchadores?

El cine que pasa por el cuadrilátero llegó a ser el sostén esencial de la industria fílmica nacional. Más importante que los números es lo que ha legado a varias generaciones de cineastas y creadores de toda índole que se han inspirado en sus escenarios de fábula y personajes entrañables. El cine nacional le debe más de lo cuantificable a esas atmósferas de cartón-piedra y los míticos hilos que sostenían a los vampiros. La máscara como emblema fundacional de las culturas prehispánicas tiene en los enmascarados del cuadrilátero y sus emociones fílmicas una forma definitiva de hacer perdurar los apasionamientos de la incógnita, donde cualquiera bajo la capucha puede ser el que haga la diferencia del bien contra el mal.

¿Cuál es tu actriz o vedette preferida y en qué película?

Sin duda, Lorena Velázquez es la gran reina del fantástico mexicano, lo que incluye por entero al cine del encordado. Pero yo no dejaría fuera a una tercia sensacional que transitó entre máscaras y topes suicidas: Ana Bertha Lepe, Elizabeth Campbell y Grace Renat.

¿Cuáles son tus cinco películas favoritas de luchadores?

Muy gandalla decir sólo cinco, pero aquí van éstas: “Santo contra las mujeres vampiro”, “Santo contra el Dr. Muerte”, “Santo contra las momias de Guanajuato”, “Neutrón contra el Dr. Caronte” y “La leyenda de una máscara”.

¿Qué destacarías de “¡Quiero ver sangre!”?

Que, a pesar de la gran importancia que tienen la lucha libre y su cine para la cultura popular mexicana y nuestra industria fílmica, no existía un documento que hiciera justicia al género, revisando sus múltiples aristas y sin verlo por arriba del hombro. Concentrar sus títulos y revisarlo cronológicamente fue una labor que nos llevó cinco años. Al final del camino me parece que es un esfuerzo que ha valido la pena y que el resultado está a la altura de nuestras pretensiones como investigadores, escritores, periodistas y apasionados del cine. Tenemos apartados biográficos de las estrellas del género, además de clarificar los doblajes y narraciones de las cintas y la presencia de la lucha mexicana y sus personajes en el cine internacional. Hemos tenido grandes satisfacciones hasta ahora porque mucha gente siente que tiene en sus manos un libro que le hacía falta como seguidores del género.

Finalmente, ¿el título proviene de las luchas o de una película de Pedro Infante (quizás “Pepe el Toro”), quién lo propuso, por qué lo eligieron?

El título lo propuse yo. Lo hice cuando escribíamos en servilletas Pepe Návar, Gerardo Jaramillo (en ese momento director editorial de la UNAM), Rafael Aviña y yo calculando un nombre. Al principio era tentativo (Rafa no estaba muy convencido y yo mismo tenía otras opciones), pero se quedó. Es la recuperación de un grito de toda la vida en la lucha libre. Es la exigencia del público para que los atletas entreguen todo arriba del ring. Hay quien me dice que ahora no se usa, pero el genuino público de la lucha (sin importar generaciones) sabe de qué se trata.

 Nota patrocinada por:
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