lunes, 23 de julio de 2012

Pronto en Bajo las Capuchas Radio, La leyenda de una máscara, de José Buil










¿El homenaje fílmico definitivo a las cintas de El Santo (y a su entera personalidad)? Es muy, bastante probable. José Buil, quien anteriormente había presentado su tesis cinematográfica con el mediometraje Adiós, adiós, ídolo mío, igualmente basado en la parafernalia santesca, hace en La leyenda de una máscara uno de los filmes mexicanos más ambiciosos de la filmografía nacional de los últimos cincuenta años.
La cinta comienza, tras una introducción narrada desde el final de la cinta - estos juegos temporales -de manera totalmente citizenkanesca, con la muerte de una controvertida figura nacional, un hombre-emblema, un ídolo de la masa: El Ángel Enmascarado - y desde allí comenzamos con (no tan) velados homenajes. Peleador, actor de cine, figura de tiras cómicas, el luchador yace en su cristiana sepultura rodeado de santos, efigies de vírgenes y adornos dorados. Los noticieros nacionales están repletos de notas alrededor y las publicaciones se llenan de chismes, homenajes y remembranzas, una tras otra, en tremendo y patético desfile mediático. Por la pantalla de un televisor ochentero se mira el féretro del campeón, cargado por dos compañeros de mil batallas: dos luchadores, protagonistas del pancracio.
Corte a: un periodicucho, un semanario de luchas, una más de las miles de publicaciones temáticas mediocres que pululan en el deefe. Un reportero común, más aficionado que profesional, Olmos Robles, recibe de su jefe inmediato la orden expresa de indagar en la vida de El Ángel Enmascarado, descubrir su identidad, desenmascararlo para el público ávido de información.
Olmos Robles emprende así una odisea semiperiodística en la que descenderá, como Dante, a los infiernos biográficos de un Ángel luchador. Caminará entre vedettes, entre guionistas - dibujantes de cómics, entre entrenadores de gladiadores y directores de cine serie B.
Es sorprendente lo inteligente que es José Buil como director y guionista. En un panorama desértico de propuestas interesantes - donde se salva el peculiar cine de horror fronterizo, los experimentos de Rodrigo Gudiño y los desplantes creativos de Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón y algunos otros cuantos aislados por allí -, es refrescante mirar una cinta tan inteligentemente estructurada como esta. Buil va regando a lo largo de la trama guiños y referencias no tan veladas, homenajeando de manera abierta a aquél luchador-superhéroe que pobla aún de manera preponderante el imaginario colectivo. Y hay de todo acá. Tomas interesantes, personajes-referencia, un diseño de producción preocupadísimo por los detalles - se pueden apreciar máscaras, parafernalia peliculesca, números de revista, estudios, todo lo necesario para hacer real el convencimiento de que sí, El Ángel Enmascarado existió y peleó y sudó arriba del ring -.
La leyenda de una máscara se torna así en una cinta atrevida, genial, con momentos de brillantez - hay, incluso, una secuencia animada que resulta insólita y surrealista, vaya - que por ratos son ocupados por las huellas de un presupuesto limitado. A pesar de esto, Buil se sobrepone genialmente y construye una de las grandes cintas de y sobre la mexicanidad. Un auténtico tour de force digno de los más grandes honores.

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