jueves, 1 de noviembre de 2012

Hablemos sin máscaras


Primera caída: Tétricas máscaras en la lucha libre
Estimados amigos, cuando ustedes estén leyendo esta columna yo estaré inaugurando una nueva exposición itinerante de Santo ‘El Enmascarado de Plata’. En esta ocasión es en la ciudad de Silao, Guanajuato, en las instalaciones del Parque Bicentenario, y por la noche, igual que muchos de ustedes, celebraré el Día de Todos los Santos con mi familia.
En estos días en los que todo está decorado con telarañas y en algunos lugares que aún conservan esta hermosa tradición están calaveras y altares de muerto, en estas fechas en que nos disfrazamos de todo tipo de personajes, yo recuerdo ese tiempo de cuando era un niño y aquellas máscaras de luchadores que en estas fechas eran muy populares, pues representaban macabros seres del más allá.
Me impresionaba mucho ver luchar a todos estos personajes como Los Hermanos Muerte, que usaban un equipo que representaba un esqueleto, así como a Las Muertes de la Barranca, disfrazados de momias con monstruosas máscaras que llevaban una despeinada y sucia peluca negra.
Ya existían otros personajes como el Espectro, quien era trasladado al cuadrilátero dentro de un ataúd, igual que a la Momia. En la lucha libre estos luchadores lograban con sus personajes asustar a la gente utilizando estos originales atuendos, nombres y máscaras.
El precursor de este tipo de personajes fue, sin duda, el Murciélago Enmascarado, quien utilizaba una tétrica capucha negra y lograba atraer a los aficionados, gracias a sus macabras ideas de subir acompañado al ring por alguna víbora, por tarántulas que caminaban sobre sus brazos y lo más espectacular y repugnante era subir con una caja negra en las manos de la cual, al abrirla, salían revoloteando una docena de murciélagos sobre las cabezas de los miles de aficionados que se encontraban dentro de la arena, causando el horror este gran luchador que más tarde fue conocido como el Murciélago Velázquez.
Segunda caída: Nuestras tradiciones
Siguiendo las tradiciones de nuestro hermoso país, salía a la calle con un grupo de amiguitos y vecinos a pedir ‘calaverita’. Íbamos de casa en casa y lo hacíamos disfrazados de fantasmas, de zombies o de esqueletos (mucho dependía de nuestra imaginación).
A pesar de que yo tenía muchas de las máscaras de aquellos tétricos luchadores y con las cuales fácilmente me hubiera podido disfrazar para ser la sensación entre los vecinos, mi padre no me dejaba usarlas porque eso podría ser una señal de que mi padre era El Santo. Imaginen lo celoso y exagerado que era don Rodolfo, porque, además, ni siquiera eran máscaras que él hubiera quitado... ¡eran de juguete!
Sin embargo, él me facilitaba una que otra máscara de látex que traía de sus múltiples viajes con rostros de brujas, vampiros o lobos. La mayoría de los niños llevábamos en nuestras manos una caja de zapatos a la que le hacíamos por la parte de abajo (en la base) una serie de triángulos, dos que eran los ojos, uno la nariz y varios más pequeños en la parte de la boca simulaban feroces dientes; después, colocábamos dentro de la caja una pequeña vela y finalmente amarrábamos un cordel en la parte superior para sostenerla y así estaba lista nuestra calavera, que a la vez era una especie de quinqué o lámpara, entonces las personas nos daban dinero con el que podíamos comprar lo que nosotros quisiéramos.
Tercera caída: Nuevas costumbres
En México, según nuestras tradiciones, el 1 de noviembre se celebra el Día de Todos los Santos, y también se recuerdan a los niños difuntos, mientras que el 2 de noviembre se celebra el Día de Muertos.
Muchas personas aún continúan con la tradición de asistir este día a los panteones para colocar las diferentes ofrendas en los altares junto a las tumbas de sus seres queridos. Según la tradición, los altares deben tener siete escalones, pues cada uno tiene un significado y representa los siete niveles que el alma de los muertos debe recorrer para descansar en paz.
En cada escalón se colocan fotografías, imágenes de los santos a los que son devotos, velas, flores, así como los alimentos y bebidas preferidas de los difuntos. Pasan el día junto a las respectivas tumbas de sus muertos e incluso muchos comen ahí, muchos más lo hacemos colocando altares en nuestra casa o en nuestros negocios.
Esta bonita tradición sigue viva, a pesar que desde hace muchos años es más conocida como Halloween. Ahora, los niños tienen que ir custodiados por adultos que van vigilando cada uno de sus movimientos haciendo el recorrido un poco tenso, ya que sus guardianes les van dando cientos de indicaciones a los pequeños y esto le resta al recorrido la espontaneidad natural de los menores.
La caja de zapatos ha cambiado por recipientes de plástico con diferentes formas de calabazas y ahora los niños no recolectan dinero, sino dulces.
También los disfraces han cambiado: son más sofisticados y existe gran variedad de ellos y van desde brujas, hombres lobo, Drácula, Frankenstein, hasta Freddy Krueger, el Guasón, el Duende Verde, Bane o Lady Gaga, e incluso del Santo.
Estos cambios también se reflejan en la mayoría de los restaurantes, bares y antros de nuestra ciudad en donde regularmente nos invitan a celebrar la Noche de Brujas.
Y si los luchadores no nos ponemos las pilas nos va a suceder lo mismo con nuestra lucha libre cambiando definitivamente el gusto de los niños por personajes como The Undertaker.
Estaba El Santo luchando cuando llegó Gory Guerrero y le dijo: Mi querido Santo, te regalo la de a caballo, pero nos vamos ahorita así que te vas preparando porque en el cielo nos están esperando.
Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.

By El hijo del Santo

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