miércoles, 5 de diciembre de 2012

EL SANTO EN NOGALES, SONORA.




En esta ocasión les platicaré de las presentaciones en la Plaza de Toros de Nogales y en Los Flamencos Drive Inn, de la más grande figura de la lucha libre que ha dado México, nos referimos naturalmente a Don Rodolfo Guzmán Huerta “El Santo”.

Entre los años de 1960 y 1980, recordarán los nogalenses las múltiples ocasiones en que dicho luchador se presentó en los cuadriláteros propiedad de Don Pedro González Duarte, convertido en el único gladiador en llenar en todas sus presentaciones las arenas nogalenses. El que esto escribe recuerda con toda claridad que cuando las cosas no marchaban bien en cuestiones económicas en la empresa que dirigía mi señor padre, los mismos luchadores, quienes profesaban una gran amistad al promotor le recomendaban: “llámele al Profe (como cariñosamente se le conocía a la gran leyenda) seguramente no se negará a venir”. A quienes tuvimos la oportunidad como nogalenses de asistir a las presentaciones del famoso luchador somos testigos de la euforia que se desataba por sus visitas a Nogales.

Pero quien era esta persona que dejó tan honda huella en la entonces blanca frontera. Rodolfo Guzmán Huerta nació en Tulancingo, Hidalgo, el 23 de septiembre de 1917 y sus padres fueron Jesús Guzmán Campuzano y Josefina Huerta Márquez, tuvo seis hermanos, cuatro hombres y dos mujeres. Cuando contaba con tres años su familia cambió su domicilio a la ciudad de México D.F. donde se establecieron en el barrio de Tepito, famoso por ser cuna de buenos boxeadores, sus estudios primarios los realizó en la Escuela Primaria Abraham Castellanos. Durante su infancia y adolescencia su gran afición eran los deportes, especialmente el béisbol y el futbol americano, sin embargo su interés por la lucha libre emerge a principios de los años treinta, dedicándose en cuerpo y alma a entrenar a fin de convertirse en un excelente luchador.


El jueves 28 de junio de 1934 debuta como luchador en la Arena Peralvillo Cozumel ubicada en la colonia Peralvillo del D.F. y apareció con su nombre real Rodolfo Guzmán. Antes de surgir como “El Santo”, luchó con los nombres de Rudy Guzmán y ya enmascarado apareció como “El Hombre Rojo”, “El Enmascarado”, “El Murciélago II” y “El Demonio Negro”. Su debut con el nombre que lo haría el mas famoso luchador que ha dado México “El Santo” fue el 26 de julio de 1942 en la Arena México de la capital del país enfrentándose al “Lobo Negro” ante quién perdió debido a la rudeza que demostró en el ring que terminó en una descalificación para el enmascarado. El nombre se lo impuso Don Jesús Lomelí quien fungía como instructor de la Empresa Mexicana de Lucha Libre que dirigía Don Salvador Lutteroth.
Desde su debut como el enmascarado de plata en 1934 hasta 1949 luchó en casi todas las arenas de México, teniendo parejas inolvidables como la que formó con “Gori Guerrero” misma que se hizo famosa como “La Pareja Atómica”, la cual nació oficialmente el 19 de noviembre de 1944, En 1946 se convirtió en Campeón Mundial de Peso Welter derrotando al búlgaro Pete Pancoff.

En el año de 1951 el luchador empezaría a perfilarse como icono de la cultura popular, esto debido a las historietas escritas por José Guadalupe Cruz, creador del fotomontaje en nuestro país, éste al fundar su propia editorial lanza al mercado un comic cuyo personaje central sería “El Santo”, de esta manera, “El Enmascarado de Plata”, mote ideado por Cruz pasaba del cuadrilátero de la arena a protagonizar aventuras todavía más insólitas que las que viviría en el cine la siguiente década. En Nogales, es bien sabido que los niños y jóvenes de los sesentas esperaban impacientemente las revistas de su ídolo, las que al llegar a las librerías volaban, esto lo platicaba un verdadero fan del luchador, mi querido compadre Marco Antonio Salazar Siqueiros (qepd).


A finales de los años cincuenta, Fernando Osés, luchador y actor, invitó al Santo a trabajar en el séptimo arte, realizando su primer película en 1958 “Santo contra el Cerebro del Mal”, iniciando de esta manera un largo camino que lo llevó a actuar en más de cincuenta películas, siendo la última “Santo en la Furia de los Karatecas” en el año de 1982. Su andar por los sets cinematográficos acrecentó de una manera increíble su popularidad, hasta la fecha sus cintas se exhiben en los cines y sobre todo en televisión en nuestro país y en los de habla hispana del continente.

Su última lucha se efectuó el 12 de septiembre de 1982 en el Toreo de Cuatro Caminos en la ciudad de México, su llave más famosa fue la de a caballo pero lo distinguía sin duda alguna su famoso tope supersónico que realizaba desde la tercera cuerda del ring despertando la euforia de los asistentes a sus luchas, se dice que protagonizó más de diez mil batallas y ganó más del 75% de ellas.
El 5 de febrero de 1984, es decir más de 20 años “El Santo” mientras se presentaba como escapista, al lado de Alfredo “Pelón” Solares en el Teatro Blanquita de la ciudad de México al finalizar la primera función que iniciaba a las siete de la tarde, se sintió mal, sus hijos lo trasladaron al Hospital Mosel, donde a las 21:40 horas el gran luchador y héroe popular perdía la última batalla víctima de un ataque al miocardio.

Entre las múltiples facetas que tenía el enmascarado de plata podemos mencionar que también tuvo el valor de enfrentarse a los toros de lidia en varias corridas que realizó en diversas plazas del país y lo menos sabido por sus seguidores es que uno de sus más grandes amigos lo fue el señor de las sombras Javier Solís con quien grabó un disco con cinco canciones en la ciudad de Nueva York por supuesto que no con fines comerciales. Se dice que se han escrito más de veintitrés libros sobre él, que tuvo 10 hijos, que ganó más de 70 máscaras en luchas de apuestas, recordando un servidor la más reñida y comentada que fue la del “Espanto I”.

Se cuentan miles de anécdotas del legendario luchador, una de ellas es que al necesitar su pasaporte para emigrar a luchar a Estados Unidos pidió a su amigo Don Pedro González Duarte lo llevara a realizar sus trámites ante las autoridades del país vecino, encontrándose con el inconveniente de que no podía quitarse la máscara pidió a mi padre quien tenía casi su complexión, ocupara su lugar para no despertar sospechas entre los nogalenses que lo seguían a todas partes, por lo que conoció su rostro y además usó la máscara original del gran ídolo.

En nuestro Estado, hay muchas personas que todavía idolatran al legendario enmascarado, recordando de momento a Ramón Iñiguez de Ciudad Obregón quien tiene una colección impresionante de las revistas y películas del afamado luchador y Ramón Valdez de esta ciudad que sabe mucho acerca del ídolo de la lucha libre en México. Hasta la próxima si nuestro Dios así lo ordena.

Cortesía de: tiraaayencestadospuntosmas.blogspot.com y Pedro Gabriel González Avilés

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