miércoles, 12 de diciembre de 2012

En el tono de Tona: "El Santos vs la Tetona Mendoza"

“¡Cállense! ¡Cállense más fuerte, que todavía los oigo!” La Rata Maruca regañando a los cautivos de un campo de concentración.

México • Hace un par de semanas escribí sobre el Santos como cómic, ahora lo haré sobre el Santos como estrella de cine.
Santo, El enmascarado de plata, se convirtió en un ícono del cine nacional, particularmente porque sus películas estaban plagadas de humor involuntario. El Santo era un luchador caballeresco, nada que ver con la caricatura creada por Jis y Trino. El Santos, plagado de defectos: prángana, vulgar, pacheco, gandalla, pendejón (su típica expresión malencarada lo dice todo), rodeado por una parafernalia de personajes surgidos del surrealismo mágico. El Cabo (policía inocente e incondicional), la Tetona Mendoza (amazona despiadada), el Peyote Asesino (planta sagrada mamona), los zombis de Sahuayo (semimuertos provincianos inofensivos) y más personajes entrañables; todos salen en la película, doblados por grandes actores mexicanos (con excepción de Cheech Marin, que es chicano, o sea, como zombi: ni totalmente de aquí ni del más allá).
Vi dos semejanzas con el largometraje de Los Simpson: 1. El equipo de animación logró conservar la sencillez de los dibujos originales, en planos y movimientos de cámara de cinta apantallante y 2. Afrontaron el reto de sostener una trama de largometraje, cuando sus personajes normalmente se desenvuelven en historias cortas.
Este último punto fue lo más difícil, y los realizadores recurrieron a efectivos trucos de la comedia absurda, como satirizar otras películas: Escape a la victoria, (John Huston, 1981) y Rocky (John G. Avildsen, 1976); el distanciamiento brechtiano: Los comentarios de un niño y su papá en el cine, las auto-referencias a la propia película, y Elena Poniatowska confirmando que un personaje sí dijo una leperada (como Rafael Montero recurrió a Germán Dehesa en Cilantro y perejil, 1998; aunque aquí la persona idónea hubiera sido Carlos Monsiváis, lástima que se nos adelantó), homenajeando de paso a otros dibujos animados, como el manga oriental, en una secuencia de futbol tipo Sport Billy, y la animación hiperrealista del Cabo cuando muestra síntomas zombis, en franca alusión a Ren y Stimpy (con el apoyo de música clásica, muy bien seleccionada por la productora Lynn Fainchtein).
Igual que en El ataque de los tomates asesinos (John de Bello, 1978) y Mars Attacks! (Tim Burton, 1996), las ondas sonoras musicales son un arma secreta para combatir la amenaza zombi.
El argumento carece de la culta ambición de conquistar Cannes y es bastante simple: El Santos y el Peyote Asesino tienen que deshacerse de los zombis de Sahuayo (los únicos que pagan impuestos y acuden a los partidos del Atlas), para ganarse un bono que les dará derecho a coger con la Tetona Mendoza, quien, sin justificación alguna, se vuelve presidenta de la República e implementa una dictadura matriarcal, con la complicidad de la Sirena Lupe, la Kikis Corcuera, la Rata Maruca y las Poquianchis del Espacio.
Ni el cómic ni la película tienen pretensiones de hacer crítica política, pero sin querer queriendo (aunque sospecho que más queriendo), el gobierno de la Tetona Mendoza simboliza el regreso del PRI, con campos de concentración para disidentes, manipulación de medios, legisladores que usan el Congreso como cuarto oscuro, y los inimaginables cargos públicos que inventa la Tetona Mendoza; un gobierno priista que, fuera de la magia del cine, pretende quedarse ¿qué les gusta? ¿Setenta años? (supongo que dependerá si continúa existiendo el Instituto del Fraude Electoral).
La peli tiene momentos gloriosos: el videoclip de Zombilaridad, el Gamborimbo Ponx (“lo que está entre las nalgas y el calzón”) en plan de consejero sabio, el Santos echando su choro en el medio tiempo del partido contra las Poquianchis, etcétera.
Ojo: no es cine de arte, sino puro cotorreo; si no acude al cine con actitud desmadrosa, ni pierda su tiempo y mejor vea un filme profundo de Reygadas.
El Santos vs la Tetona Mendoza. 2012. Dirigida por Alejandro Lozano y Andrés Couturier. Guión: Augusto Mendoza. Producción: Francisco Arriaga, Fernando de Fuentes y Lynn Fainchtein. Con las voces de Daniel Giménez Cacho, Regina Orozco, Héctor Jiménez, José María Yazpik, Irene Azuela, Andrés Bustamante, Cecilia Suárez y Jesús Ochoa, entre diversas luminarias.

ortesía de:www.milenio.com y El Ángel Exterminador

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