viernes, 18 de enero de 2013

De grandes aficionados, a grandes amigos

Primera caída:
Los aficionados eventuales
Son aquellos que asisten a los eventos deportivos por curiosidad, por invitación, o cuando su bolsillo se los permite y, a pesar de que sólo los veamos una vez, pueden marcan nuestra vida para siempre por un simple detalle, como entregarnos una carta, un dibujo, un caramelo, una flor o hacernos un comentario, el cual, con una respuesta nuestra, puede marcar su vida también para siempre.
Esto que les voy a compartir, me sucedió con un niño de seis años de edad que iba en compañía de su mamá a una función en la desaparecida Pista Arena Revolución.
Al llegar, pude ver mucha gente que se acercó a mi auto y al descender de éste, me fui abriendo paso poco a poco, hasta llegar a la entrada principal, donde me esperaba pacientemente una mujer con su pequeño hijo.
Ella llamó mi atención cuando me dijo que no iban a entrar a la función y que sólo querían verme para decirme algo muy importante; así que me detuve y escuché con atención a la humilde mujer que me dijo que el niño tenía cáncer y que no venía a pedirme nada más que unas palabras de aliento para él, porque yo era su ídolo.
Sentí un nudo en la garganta y me incliné para decirle al pequeño que tuviera mucha fe en Dios y en él mismo, que todo saldría bien y que el cáncer iba a desaparecer de su vida. ¡No sabía qué más decirle!
La mujer agradeció haberle dedicado esos minutos a su hijo, y ambos se despidieron de mí. ¿No van a entrar a la función? Les pregunté, al ver que se quedaron ahí parados. Obviamente no tenían dinero para pagar sus boletos y con gusto los invité a pasar. Jamás los volví a ver, pero nunca olvidé ese encuentro.
Hace seis años, en una firma de autógrafos en mi tienda, llegó un joven de 19 años en compañía de su mamá, y me preguntó si me acordaba de él. Sinceramente no lo recordaba, y me sorprendí mucho cuando me dijo que era aquel niño al que una vez yo le había dicho que tuviera fe en Dios y en él para sanar el cáncer, y que gracias a mis palabras seguía vivo. Sentí correr mis lágrimas dentro de la máscara y lo abracé con profundo cariño.

Segunda caída:
Los aficionados de hueso colorado
Son aquellos rostros que vemos continuamente en las arenas, en los estadios, en las plazas de toros. Son esos fieles seguidores que se sientan regularmente en el mismo lugar; los que se sientan en primera fila o en barrera, generalmente asisten solos o acompañados, a lo mucho, por una o dos personas; muchos aficionados más van a sol general o a las gradas, pero ellos van siempre en compañía de un grupo de gente, que comúnmente son los integrantes de alguna porra.
Son aquellos que no escatiman en gastos, pagan con devoción su boleto, compran playeras, gorras, banderas, máscaras y todo tipo de souvenir, disfrutando todos los eventos a los que asisten. Se divierten, gritan, gozan, festejan y, sobre todo, ¡nos alientan desde el momento en que aparecemos en el escenario! Gracias a su fiel afición, los toros, el futbol y la lucha libre viven.
Son los más exigentes, los más conocedores y también, a la vez, son los más comprensivos. Ellos nos conocen tanto, y a tal grado, que saben identificar si estamos enfermos, tristes o malhumorados.
Son los primeros en llegar y los últimos en abandonar el recinto, y siempre están presentes ante nuestra mirada; poco a poco los vamos identificando, hasta que su cara es totalmente familiar a nosotros y, ¿saben qué es lo más impresionante? Que algunos de ellos terminan siendo parte de nuestra familia, al convertirse en nuestros grandes amigos.

Tercera caída:
Admiración y amistad
Puedo decirles con profunda alegría que la lucha libre me ha rodeado de sinceros y verdaderos amigos, cuya afición es tan grande (sin llegar al fanatismo), que logran atraer mi atención. A lo largo de estos 30 años, como profesional puedo mencionar a algunos de ellos, que si bien es cierto no todos llegan a conocerme sin máscara y convivir conmigo y con mi familia, siempre están cerca de mí en la mayoría de los eventos en que me presento y se ganan mi respeto y mi cariño.
Dos de estos fieles aficionados son doña Martha, una mujer que es como una especie de “vidente”, que siempre tiene una palabra de aliento y un buen consejo para mí, y quien desde hace aproximadamente 10 años me entrega cartas con mensajes que, dice, ¡le dicta mi padre! Lo más impresionante es que esas cartas, muchas veces dicen cosas que sólo yo puedo saber.
El otro fiel seguidor es Tomás Escamilla, quien siempre se toma el tiempo de hacer para mí, collages con fotos. Otros que aprecio mucho y se han convertido en mis amigos, son: el licenciado Héctor Molinar, quien de aficionado eventual se convirtió en productor de la película ‘Infraterrestre’, y después en un querido y sincero amigo. Ángel Martínez, un aficionado que me lleva tatuado en un brazo y que desde hace 10 años viene cada 5 de febrero a los aniversarios luctuosos de mi padre.
Hoy no sólo es amigo mío, lo es de mi mujer y de mis hijos. Y recientemente conocí a un admirador que es capitán de la Policía Federal, que cuando era niño, veía luchar a mi padre en Ciudad Obregón y después, en su adolescencia, me iba a ver a mí, y con quien seguramente con el tiempo haré una buena amistad; aunque él me advirtió que por ningún motivo quiere conocer mi rostro.
Desde luego, quiero mencionar a todos mis fieles seguidores de las redes sociales, como Francisco Carranza, que no hay un día que no lea mis twits o esta columna. Hoy, dedico mi columna a un gran aficionado y gran amigo, a un hombre bueno y generoso que conocí en las funciones de la Plaza de Toros Monumental de Monterrey, allá en la década de los 80, y con quien hice una bella amistad. Él fue fiel asistente a todos los eventos en los que yo luchaba y con el tiempo se ganó mi cariño, mi respeto y mi sincera amistad.
Con él, y con nuestro mutuo amigo, Rafa Moreno (q.e.p.d), realicé infinidad de viajes a Nuevo Laredo, Reynosa, Matamoros, Saltillo y Cadereyta, muchas ocasiones en compañía también del Perro Aguayo y de Mil Máscaras. Era tal su cariño que aquí estuvo en los eventos de Todo X El Todo. Se convirtió en mi cómplice; jamás me exhibió en ningún lugar, cuidó mi identidad como si fuera yo mismo. ¡Tomás Horacio García, gracias por tu afición y por tu amistad, querido amigo! Tomy falleció el pasado lunes 14 de enero, a consecuencia de un paro respiratorio. Descanse en paz mi inolvidable Tomasito. “Cuando un amigo se va queda un espacio vacío, que no lo puede llenar la llegada de otro amigo”. Alberto Cortez. Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.

By El hijo del Santo

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