jueves, 3 de enero de 2013

El Santo vs El Hálcon Negro, máscara vs máscara

Primera caída: La historia
Estimados amigos de RÉCORD, deseo sinceramente que tengan un excelente inicio de año y que después de estos días de fiesta y reflexión todos sus propósitos y sueños se concreten.
Para todos aquellos a quienes estos días han sido difíciles por alguna enfermedad o por la pérdida de un ser querido, como fue el caso de la familia de nuestro compañero Emilio Charles Jr., quien falleció el pasado día 28 de diciembre, les deseo pronta recuperación y mucha resignación. Ahora debemos recordar a Emilio como se les recuerda a todos estos grandes luchadores que nos han antecedido en la travesía: por sus triunfos y brillante carrera profesional.
Por esa razón hoy quiero compartir con ustedes un importante acontecimiento de la historia de mi padre que sucedió hace 57 años, el 2 de diciembre de 1955, cuando desenmascaró al Halcón Negro, un luchador de origen español que había llegado a nuestro país en ese año del 55 y que llamó de inmediato la atención del público mexicano, en primer lugar, por su musculatura y gran personalidad y, en segundo lugar, porque desde que llegó a México arrasó con muchos de nuestros luchadores.
Ambicioso, arrogante y enrachado, El Halcón Negro logró enfrentarse y derrotar al Enmascarado de Plata, triunfo que lo engolosinó más aún y declaró públicamente que deseaba su plateada capucha. Mi padre aceptó el reto sin pensarlo mucho, ya que él también estaba enrachado y tenía dos máscaras ganadas en su vitrina: la de Golden Terror y la de Black Shadow, independientemente
de las cabelleras de Murciélago Velázquez, Bobby Bonales, Jack O’ Brien, Enrique Llanes y Chico Casasola.

Segunda caída: Máscara contra Máscara
Ante un Coliseo repleto, mi padre desarrolló una de sus acostumbradas luchas, combinando fuerza y experiencia. El Halcón Negro comenzó dominando a El Santo en la primera caída a base de técnica y agilidad (era más joven que mi padre). Sin embargo, la experiencia de El Santo fue fundamental para dejar al jovencito de 25 años hacer lo que quisiera con la finalidad de agotarlo.
El Halcón Negro se engolosinó e incluso empezó a golpear con el puño el rostro del Enmascarado de Plata, quien aguantó todo, pero cuando sintió que era el momento preciso del contraataque utilizó la valía de sus piernas para reaccionar con un par de tijeras de lado sobre la cabeza de su oponente, rematándolo con una dolorosa tijera al cuerpo combinada con palanca al brazo y a la pierna, logrando la rendición de su joven rival, quien no daba crédito de la inesperada derrota.
Dio inicio la segunda caída y El Santo intentó llevarse la victoria en dos caídas al hilo, así que se fue sobre el desconcertado español, aplicándole una serie de estrellones en los esquineros, pero la fuerza y juventud del enmascarado negro le permitieron aguantar los castigos y entonces ahora el que se sentía agotado era mi padre, quien al fallar un tope fue presa del Halcón, que astutamente utilizó las mismas armas que su experimentado rival y reaccionó con un par de bellas y efectivas tijeras voladoras engarzadas al cuello, azotando a mi padre sobre la lona.
Ahí lo tomó de las piernas girando velozmente para sentarse sobre su espalda y hacerle crujir la columna vertebral con un contundente y doloroso ‘cangrejo’, llave con la cual logró sacar un grito de dolor de mi padre, quien pidió paz y así empatar la lucha.

Tercera caída: El final
La lucha hasta ese momento se había desarrollado en el terreno técnico, a pesar de los golpes con el puño que el Halcón Negro había propinado a El Santo, éste continuó por el mismo camino y, a pesar de que fue un combate duro, no alcanzó los extremos de rudeza a las que mi padre tenía acostumbrado a los aficionados.
Sólo dos minutos duró la tercera caída y fueron los más peleados. Ambos salieron a dar todo para obtener el triunfo. El Halcón Negro tenía un castigo a base de un sentón que nadie resistía y lo llamaba ‘La Llave de Horqueta’ y seguramente lo había reservado para el final, cuando se lo aplicó a El Santo la primera vez la gente pensó que era su fin. Sin embargo, se levantó cojeando y volvió a ser presa se su impetuoso rival, que intentó repetir el castigo, pero no contó con la enorme experiencia del enmascarado mexicano, quien astutamente esquivó el sentón y rápidamente logró montarse en la espalda del Halcón Negro para aplicarle la llave ‘a caballo’ con fuerza y determinación, tanto que el Halcón se rindió de inmediato y el réferi Rudy Blancarte dio la victoria a El Santo.
Tras caer rendido el perdedor pidió unos minutos para recuperarse del dolor, mientras la policía no podía contener a la ola humana que se arremolinaban alrededor del ring esperando con impaciencia conocer el rostro del luchador español que se autonombraba ‘El Guapo de España’. Los fotógrafos estaban preparados para inmortalizar con sus cámaras el histórico momento. De pronto, el Halcón se desató la máscara, la despojó de su cabeza y ante la sorpresa de todos (incluso de mi padre), apareció un rostro cubierto de tela adhesiva. Después de unos minutos de expectación, el comisionado don Manuel Muñoz se acercó a él y lo obligó a enseñar bien la cara y sin otro remedio el español empezó a despegar pedazo por pedazo la cinta que fue cayendo a la lona, hasta que al fin apareció el rostro de quien dijo llamarse Manuel Quintana, campeón Medio de Europa.
Independientemente de que logró hacer suspirar a las mujeres que enseguida lo adoraron, a su vez se ganó el reconocimiento de los varones que aceptaban que era un tipo bien parecido. Manuel Quintana entregó su máscara a El Santo, estrechó su mano, lo felicitó y como un buen profesional, reconoció su derrota logrando con esta actitud salir con honores del cuadrilátero mientras el Enmascarado de Plata se despedía con los brazos en alto mostrando su nueva máscara ganada a ley.

Y como dicen por ahí, años nones son de dones y de muchas bendiciones, compañeros luchadores, no regalen su trabajo ni dejen que abusen los promotores. ¡Les deseo lo mejor a lo largo de este 2013! Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.

By El hijo del Santo

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