jueves, 10 de enero de 2013

Emilio Charles Jr.


Primera caída:
El Chino

El Chino, como cariñosamente le llamaban por su pelo rubio y rizado, era un niño extrovertido y travieso que vivía en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, al lado de sus padres, Sergio Emilio Charles Lizcano y doña Cora Garduño Núñez; además de sus hermanos mayores, Eduardo y Norma. Carlos era el menor de la familia.
Emilio Charles Garduño ‘El Chino’ nació el 12 de octubre de 1956 en la ciudad de Monterrey, Nuevo León, pero no recordaba mucho esta etapa de su niñez, en la cual su padre se dedicaba a practicar profesionalmente la lucha libre, alternando con los grandes luchadores de aquella época dorada de este deporte, como El Santo, Black Shadow, Rolando Vera y Tarzán López, entre muchos otros más, quienes sentían un enorme respeto por don Emilio Charles, dado su profesionalismo, gran técnica y creatividad en la práctica de este popular deporte, al cual había aportado dos bellas y efectivas creaciones que había bautizado como ‘La Rana’ y ‘El Angelito’, estas llaves fueron utilizadas por la mayoría de los luchadores mexicanos y extranjeros.
Lamentablemente, ‘El Chino’ jamás pudo ver a su padre en acción  sobre un cuadrilátero, debido
a que se había retirado cuando él era aún muy pequeño a consecuencia de una grave lesión en un codo y que se fue complicando cada vez más hasta recurrir a una minuciosa operación que requería tornillos para devolverle la movilidad de su brazo y, obviamente, esto lo retiró de la práctica de la lucha libre, mas no del ambiente deportivo, ya que don Emilio Charles decidió convertirse en promotor de boxeo y lucha libre allá en su natal San Luis Potosí y en Monterrey, su residencia en esos años. Sin embargo, y a pesar de no haber visto jamás a su padre en un ring, ‘El Chino’ sentía una enorme admiración por su padre, pues sabía de su importante carrera profesional y, además, los luchadores contemporáneos le platicaban anécdotas e historias de lo grande que había sido su padre como luchador y él soñaba, a sus casi 13 años de edad,
en ser un gran luchador profesional y emular las proezas de su idolatrado padre.

Segunda caída:
El Diablo Velazco

No era fácil para ‘El Chino’ decirle a su padre que ya no quería cursar el tercer año de secundaria y que quería entrenar lucha libre porque tenía la certeza de que se iba a enojar, pues don Emilio era un hombre de ideas firmes y recia disciplina que lograba dominar a sus hijos con una simple mirada y además, porque sabía del amor y afición que su padre tenía por los libros. El joven Emilio no imaginaba el cambio radical que su padre había sufrido en su interior después de la muerte de Carlos, su hijo menor, a causa de un trágico accidente automovilístico y que afectó gravemente a toda la familia. Después de meditarlo por algunos días, ‘El Chino’ se armó de valor y habló con don Emilio de su decisión de dejar los estudios y entrenar lucha libre. Para su sorpresa, don Emilio aceptó los argumentos de su hijo y entonces le aconsejó dedicarse
en cuerpo y alma a este hermoso deporte sugiriéndole entrenar con el mejor maestro: el Diablo Velazco.
“Si vas a ser luchador tienes que ser el mejor”, le dijo cariñosamente a su hijo. Y fue así que este joven dedicó la mayor parte de su vida y su tiempo al gimnasio. Se levantaba con enorme entusiasmo a las 5:30 de la mañana y empezaba sus entrenamientos a las 6 en punto, durante dos o tres horas seguidas y regresaba con el mismo entusiasmo por las noches a sus clases de lucha olímpica al gimnasio de la Arena Coliseo de Guadalajara. Con el tiempo, recibió la primera oportunidad de subir profesionalmente a un ring y fue en una función en homenaje a su querido maestro el Diablo Velazco.
Esa ocasión, sin que él lo supiera, su padre lo fue a ver luchar y descubrió que su hijo tenía las suficientes cualidades para dedicarse de lleno a esta difícil profesión y fue tal su emoción que lo primero que hizo fue contárselo a su querida esposa, Cora.

Tercera caída:
Emilio Charles Jr.

A partir de entonces, la lucha libre se convirtió en su obsesión y él en parte de una de las grandes dinastías luchísticas que dieron brillo a este deporte. Con la autorización y supervisión de su padre surgió entonces Emilio Charles Jr., quien al paso de los años se caracterizó por ser un luchador serio, de singular personalidad y cuyo mayor atractivo era su rizada y cotizada cabellera, así como su estilo propio al luchar sobre el ring.
Características que lo encumbraron hasta los niveles más altos de popularidad. Emilio tuvo la fortuna de que sus padres disfrutaran sus éxitos antes de morir, lo vieron ganar cabelleras, ganar campeonatos nacionales y mundiales, así como viajar por muchas partes del mundo.
Charles, a pesar de tener muy claros sus objetivos, jamás se imaginó a sus 13 años de edad todas las sorpresas que la vida le tenía deparadas.
Se convirtió en uno de los mejores exponentes de este deporte a nivel mundial, su carácter fuerte sólo era una máscara que cubría el interior de un ser humano alegre, bromista, optimista, que demostró ser un buen hijo y un buen hermano, que disfrutó plenamente su vida familiar de la mano de su siempre amada María Victoria Santos, con quien vio crecer a sus tres adorados hijos, Elizabeth, Claudia y al más pequeño, quien ahora empieza a labrar su propio camino como luchador profesional bajo el nombre de ‘Revólver’, emulando las hazañas de su abuelo y de su padre para no dejar morir la dinastía de los Charles.
Hoy, seguramente están reunidos padre e hijo en algún lugar en la eternidad, donde encontrarán la paz. A Sergio Emilio Charles Garduño tuve la oportunidad de realizarle la última entrevista de su vida y fue en mi casa. Ese día él me dijo: “Yo sabía que no podía dejar de venir a tu programa” y afortunadamente vino y tuvimos una gran charla de amigos justo unos meses antes de morir. Su deceso fue uno de los tristes acontecimientos de finales del año 2012. Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.

By El hijo del Santo

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