jueves, 24 de enero de 2013

Historia de las máscaras y sus fabricantes


Primera caída:
El taller y la vecindad
Estimados amigos de RÉCORD, muchos de ustedes en alguna ocasión me han preguntado ¿quién le hacía las máscaras a El Santo? ¿Por qué se utilizan máscaras en la lucha libre? ¿Y quién fue el primer luchador en usar una máscara? Intentaré responder estas preguntas y empezaré por la primera.
Don Ranulfo López, zapatero de oficio, vivía en uno de los apartamentos de una vecindad propiedad de mi padre, ubicada en las calles de San Antonio Tomatlán, en el número 84, en la colonia Morelos, en el Distrito Federal.
En el exterior había dos accesorias y en una de ellas, don Ranulfo tenía su taller en donde confeccionaba las emblemáticas máscaras de El Santo. También, el excelente artesano hacía las botas, mallas y calzoncillos grises de su querido casero y cliente número uno, ‘don Rudy’, como cariñosamente le llamaba a mi papá, quien no frecuentaba de cerca el lugar, pues la mayoría de la gente sabía que la vecindad era propiedad de él. Por esa razón, don Ranulfo era quien regularmente iba a nuestro hogar a visitar a mi padre, ahí le tomaba medidas y días posteriores iba a entregarle sus equipos completos.
Muchas ocasiones yo fui el encargado de abrirle la puerta al simpático y amable viejecito que llegaba con sus zapatos lustrosos y siempre muy bien vestido, con impecables camisas blancas y portando sus cristalinos anteojos con los cuales me veía entrecerrando los ojos como queriéndome reconocer, después me saludaba tendiéndome su rojiza mano y entonces preguntaba por ‘don Rudy’.
A mis 7 años me parecía que llegaba Santa Claus sin su disfraz porque tenía completamente blanco su escaso cabello y las mejillas muy chapeadas.
Segunda caída:
Competidor de Antonio Martínez
Mi padre fue el primer luchador en usar máscaras de tela y don Ranulfo fue el encargado de confeccionar las primeras. Hay que recordar que las anteriores fueron de piel de cerdo y hechas por el mismo Santo, ya que él era costurero en una fábrica de medias de seda y sabía del oficio de coser.
Poco a poco fueron surgiendo más enmascarados y don Ranulfo les fabricó a los luchadores más importantes de la época, como el Médico Asesino, el Gladiador, Black Shadow, Blue Demon, el Enfermero, el Espectro y Mil Máscaras, entre muchos otros más, y gracias a su excelente trabajo y formalidad se convirtió en competidor número uno de otro excelente artesano quien fue zapatero de profesión y nacido en León, Guanajuato, don Antonio Martínez, uno de los primeros maestros en fabricar con piel de cabra una máscara profesional en 1933.
Su taller estaba ubicado por los rumbos de Santa María la Redonda. Actualmente los hijos de Ranulfo López y Antonio Martínez han continuado con esta bonita tradición de fabricar equipos y máscaras de lucha libre.
Víctor Martínez fue quien posteriormente se encargó de confeccionar las máscaras de mi padre en los inicios de la década de los 80, y fue él también quien me hizo mi primera máscara y equipo profesional. Actualmente, algunas de las máscaras que utilizo para luchar son confeccionadas por el señor Gustavo Bucio y otras que uso para mis presentaciones personales y las abiertas para comer me las fabrica otro excelente artesano que es Humberto Alcaraz, cuyo trabajo está muy bien cotizado en Japón.
Tercera caída:
La historia
Yo siempre he asociado la utilización de máscaras en la lucha libre con nuestras culturas prehispánicas, pero según las crónicas del querido y gran periodista José Luis Valero, el 28 de septiembre de 1933 había debutado en la antigua Arena México un luchador de nombre Mario Núñez y en esa ocasión había empatado la lucha con Dientes Hernández. Mario era estudiante de medicina y sus padres se oponían a que fuera luchador por esta razón le habían pedido que se retirara de este deporte y se titulara.
No había otra solución y Mario se tendría que retirar del deporte que tanto amaba para dar gusto a sus padres. Sin embargo, un visionario hombre se cruzó en su camino; don Jesús Lomelí (el mismo hombre que animó a mi padre para convertirse en El Santo), y cuando Mario le platicó con profunda tristeza lo que le habían dicho sus padres, entonces surgió la gran idea en el cerebro de don Chucho, quien con enorme entusiasmo le dijo: “¡Pues enmascárate!”.
Fue así como la tarde del 4 de marzo de 1934 surgió el primer luchador enmascarado y debutó por sugerencia de Jesús Lomelí, con una máscara negra bajo el nombre del ‘Enmascarado’, causando enorme expectación entre el público asistente y siendo el precursor de las máscaras en México.
El segundo luchador en usar una máscara confeccionada por don Antonio Martínez fue La Maravilla Enmascarada (Ciclone Mackey), que debutó el 22 de noviembre de 1934, en la Arena Nacional, derrotando a Jack Gorman, y le siguió El Enmascarado Vasco. El jueves 26 de mayo de 1937 debutó El Murciélago Enmascarado, venciendo a Jack O’Brien.
El quinto luchador en usar una máscara debutó en el Frontón México y fue nada más y nada menos que mi padre, bajo el nombre de El Murciélago II, quien tiempo después se vio en la necesidad de dejar ese personaje porque ya existía el Murciélago Enmascarado.
Otros enmascarados famosos de esa época fueron El Fantasma Dorado (Billy Canny), Gray Shadow (Daniel Aldana), El Cuervo (Polo Juárez), El Dragón Rojo (Sugi Sito) y El Demonio Rojo (Guillermo García).
Más que talleres de confección, yo diría que estos talleres son lugares mágicos en donde la creatividad y gran oficio de gente como don Ranulfo López e hijos, Antonio y Víctor Martínez, la Furia, Mr. Rolling, Aarón Canales, Gustavo y Arturo Bucio, Humberto Alcaraz, entre otros más, dan vida y hacen realidad los sueños de todos los luchadores que deseaban interpretar ese personaje que tienen en su mente. A todos ellos mi más grande reconocimiento por su excelente trabajo y la siempre petición del respeto al derecho de autor.
Bueno, nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.

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