sábado, 5 de enero de 2013

Lucha por el pan de cada día

Campos recorre las calles de Boyle Heights con su charola de donas, vendiéndolas a numerosos clientes. Y a la derecha, con su máscara y sus botas, la indumentaria que usa como el ‘Asesino Géminis’, nombre que lleva dentro de los cuadriláteros.

Inmigrante combina el arte de la panadería con las llaves, zancadillas y patadas de la lucha libre

“La máscara es tu personaje, es sagrada. Me la quito ante el periódico HOY no por fama, sino para que vean que tenemos más oficios; para que digan es un ‘donero’, pero no un simple ‘donero’”. ABEL CAMPOS Luchador

Con el mandil puesto, el corpulento luchador Abel Campos deja la rudeza del cuadrilátero y procesa harina para ganarse el pan de cada día.
De lunes a viernes es conocido como ‘el donero’, pero al subirse al ring es el Asesino Géminis.
“Desde los 6 años tenía la espinita de ser luchador, me llamaba la atención el espectáculo que brinda este deporte”, asegura Campos, originario de Jalisco, México. Sus ídolos eran El Santo (Enmascarado de Plata) y Los Hermanos Dinamita.
“Aprender a luchar es un oficio; es difícil porque tienes que aprender a maromear para saber caer, y que no te disloques ni te desnuques”, aclara mientras muestra las botas y las máscaras que lo identifican con su profesión.
Campos se crió en un hogar pobre, pero siempre fue inquieto y creativo. Desde temprana edad, se dedicó a trabajar en pintura de carros y también aprendió a tejer; hacía ropa para bebés.
Sin embargo, llevaba su sueño entre ceja y ceja. A los 18 años, pudo incursionar en esta disciplina guiado por Black Killer, una figura de la época de El Santo, con quien se preparó por cinco años.
“El chiste de la lucha es saber caer, voltearte y pararte, y el secreto es tener escuela, porque el que gana al final es el público. Si perdemos como rudos, siempre ganamos, por el espectáculo que brindas”, enfatiza.
De esta manera, surge la figura de Asesino Géminis, nombre que adoptó en honor al único hijo varón que tiene, nacido bajo ese signo zodiacal.
“Y lo de Asesino es porque soy malo en la lucha”, explica.
“Un luchador tiene ángel; desde que sales al ring el público te va a catalogar, observa tu presencia, la máscara, cómo te mueves. Cuando lo conquistas es tuyo. Tienes que tener estilo para luchar”, detalla.


Por la lucha libre, Campos llegó a recorrer casi toda la república mexicana. Con el rodaje adquirido, tenía más presentaciones, por lo que a veces sólo llegaba una vez a la semana a su casa.
“Tenía cuatro luchas por semana; empezaba viernes y a veces dobleteaba. Sólo me la pasaba luchando”, indicó.
El reconocimiento a su esfuerzo llegó al competir en el Consejo Mundial de Lucha Libre y la Triple A, en México; por ese razón, sus ingresos también mejoraron como profesional, llegando a cobrar hasta 1,500 pesos (140 dólares) por evento deportivo.
“Me dio cartel haber luchado contra Atlantis, Soler, Rey Misterio y Violencia, muchos de renombre”, detalla.
Llegó al Sur de California en 2002 pensando en competir en la entonces World Wrestling Federation Entertainment (WWFE). Encontró un buscador de talento y la oportunidad le llegó a la puerta, pero el sueño se truncó. “No pude entrar porque no hablaba inglés y no tenía papeles”, admite ahora.
A pesar de esa desilusión, seis meses después de llegar a los Estados Unidos encontró un volante anunciando una presentación de lucha libre en el Surcentro de Los Ángeles.
“Los llamé y les dije que me pusieran a prueba; así fue, les gustó y me siguieron llamando”, relata. Luego compitió en la Fuerza Mexicana de Lucha Libre (FMLL), importante empresa que impulsa eventos de esta naturaleza en el Sur de California.


Además, llegó a participar en la Legion Championship Wrestling de Los Ángeles, asociación que desarrolla presentaciones de este deporte en ambas costas de Estados Unidos.
“Es un buen luchador, aprendí muchas cosas de su estilo y cómo maneja al público. Peleamos juntos por 2 años y en el 2011 fuimos campeones de parejas de la asociación Lucha Pro”, señala El Ciclón Moreliano.
A nivel individual, Campos ganó un campeonato en peso semicompleto. Su destacada carrera ha hecho que sus adversarios reconozcan sus méritos en el cuadrilátero, en donde se mueve como pez en el agua.
“He luchado contra él muchas veces, en combates muy intensos y duros, incluso por campeonatos. Lo respeto como profesional, ya que se encuentra entre los tres mejores rudos del Sur de California”, destaca el luchador Kayam.
Asesino Géminis ofrece peleas de exhibición y realiza giras en otras ciudades, en donde cobra no menos de 150 dólares por evento. “La mayor alegría es que la gente te reconozca como luchador y los compañeros te aprecien como [buen] elemento”, dice Campos.
Este luchador es también diseñador; las máscaras que usa son producto de su creatividad. Campos corta las piezas bajo el concepto que desea y luego le pide a un amigo que las una con una firme costura.
“¿Cómo vas a llamarte asesino y traer un payasito en la cara? Yo le busco otro toque, algo original. Le gusta a mis compañeros; algunos tienen diseños que yo les he dibujado”, revela.
Las botas que usa también llevan sus ocurrencias. Las manda a traer de León, Guanajuato, pero pide que sean hechas a su manera, ya que combinan con toda la indumentaria que utiliza.
“Haz de cuenta que me imagino las cosas y luego hago realidad mis ideas. A mí me han dicho que tengo mucho ingenio, pero yo lo que tengo es miedo a coserme los dedos”, asegura con buen sentido del humor.
En los últimos meses, Asesino Géminis no ha tenido peleas. Asegura que recibe muchas ofertas de eventos benéficos, pero que muy pocas son presentaciones remuneradas.
“Ahora me doy el lujo de decir si voy o no”, reconoce, manifestando que en México podría ganar 9 mil pesos (800 dólares) por evento. “El mayor anhelo del deportista es ser campeón y ya lo fui”, asevera, por lo que antes de mayo del 2013 piensa regresar a su país.
En esta profesión, es norma que los luchadores que utilizan máscaras no se muestren al público sin ella, hasta que la pierden. Campos aclara por qué lo hizo, rompiendo el mito en esta entrevista con HOY. “Muchos luchadores pierden sus máscaras a los 65 años; hay unos que nunca la han perdido, como Blue Demon. De esos quiero ser yo, a ver si me toca”, dice el luchador de 40 años.
“La máscara es tu personaje, es sagrada. Me la quito ante el periódico HOY no por fama, sino para que vean que tenemos más oficios; para que digan es un ‘donero’, pero no un simple ‘donero’. A mí me dicen: ‘Ahí va mi amigo el luchador’”, enfatiza.


“El primer día se me quemaron, pero como tenía que ven-der, les decía a los clientes que estaban morenitas. En cuanto me las compraban, me daba la vuelta. Con los días fui agarrando experiencia”. ABEL CAMPOS ‘Donero’


Donas hechas en casa
“¡Donuts!”, grita Campos con voz estridente cuando cambia su máscara y su ruda apariencia en el ring por la de un vendedor ambulante. Con una bandeja sobre la cabeza, camina por el vecindario de Boyle Heights, vendiendo sus productos.
“Son las mejores donas”, dice un consumidor cuando le entregan el dulce. “¿Va a querer donas, señora?”, pregunta Campos a una de sus clientes. “Andrés”, grita la mujer y aparece su hijo, de aproximadamente 4 años, listo para comprar.


De esta manera, Campos se gana el sustento diario, opción que encontró después de trabajar con mucho sacrificio en dos compañías simultáneamente.
En el día distribuía volantes en la calle y en la noche limpiaba alfombras. “Todos quieren venirse a comer el norte, pero no, mejor me fui de ‘donero’”, dice.
El oficio lo aprendió de las personas con quien vivía. Tardó poco tiempo en adquirir el conocimiento básico y salir a la calle.
“El primer día se me quemaron, pero como tenía que vender, les decía a los clientes que estaban morenitas. En cuanto me las compraban, me daba la vuelta. Con los días fui agarrando experiencia”, manifiesta.
Cada día, este negociante elabora 150 donas y 100 empanadas. Además prepara trenzas que regala como cortesía.
Cuenta que la jornada de elaboración comienza a las ocho de la mañana.
“Estas donas no son masudas, como las de los negocios; a la gente le gustan porque tienen el sabor mexicano. Yo le meto el mejor aceite y le pongo harina para que no se peguen”, explica.
Los clientes también se las ordenan para fiestas. En un día normal, a las 10 de la mañana ya tiene todo el pan listo para vender. Sólo se queda en espera de que llegue las tres de la tarde para salir a la calle.
“En cuanto salgo empiezo a ganar feria, es una ruta que ya hice. Es raro que me quede una dona. No paso de la César Chávez ni la Soto, aquí nomás las vendo todas”, señala del recorrido al este del Hospital General.
La ventaja en este vecindario, dice Campos, es que hay mucha libertad para los negocios ambulantes.
En promedio, la venta de donas le deja 100 dólares de ingresos diarios, con lo cual compra los ingredientes para seguir con su fuente de trabajo.
“Le doy gracias a todos los que me compran, que a pesar del tiempo siguen siendo fieles, y al periódico HOY por mostrar a los latinos que luchamos”, concluye.

Cortesía de: hoylosangeles.com y Soudi Jiménez

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