martes, 29 de enero de 2013

Sin límite de tiempo: Una mirada al cine mexicano de lucha libre.

Cierto, normalmente las audiencias internacionales que están involucradas en la industria del cine, se remiten inmediatamente a la época del cine de Oro (aquella que protagonizaron Infante, los hermanos Soler y María Félix, por tan sólo nombrar algunos íconos), para referirse al cine mexicano. Si bien el siglo XXI ha producido cintas nacionales interesantes y sobresalientes, la cantidad es diminuta si se le compara con el valor del material que la cinematografía mexicana fue capaz de producir en aquellas lejanas décadas. El Cine de Oro es nuestro símbolo al mundo de que podemos –o podíamos- hacer cine de calidad.
Desafortunadamente, dentro del cine de Oro mexicano existe un subgénero que fue de vital importancia para la popularidad de este magnífico periodo creativo que México vivió. Se trata de un tipo de películas que no puede ser ignorado y que cualquier cinéfilo en el mundo se ve obligado a conocer: el cine de luchadores.Y no, no me refiero a las cintas que hoy en día protagonizan Dwayne Johnson, John Cena o Hulk Hogan; escribo sobre aquellas que en el siglo pasado llenaron de acción y de adrenalina a las salas mexicanas, ansiosas por ver entrar en escena a sus ídolos del ring.

¿Pero qué tiene de particular el cine de luchadores cuando hoy en día tenemos a los superhéroes ocupando nuestras marquesinas? Podremos citar miles de diferencias, pero el valor sentimental y artístico de estas películas radica en algo muy especial: los personajes que visualizamos protagonizar ésas historias, eran reales. Sí, ésos enmascarados no provenían de cómics estadounidenses –que apenas se estaban haciendo de seguidores en países de Latinoamérica en la década de los 50’s y 60’s-, sino de los santuarios tan recónditos como la misma Arena Xalapa, tan popular en el estado de Veracruz. La magia que poseían esas películas es incomparable, tan sólo imagínense los ojos emocionados de un niño que un domingo veía a su ídolo ganar a dos de tres caídas para que el miércoles por la noche, también presenciara como su héroe era capaz de matar vampiros y rescatar mujeres hermosas.


En la industria de cine mexicana, el cine de luchadores vino a ser una fórmula que revitalizó la economía cinematográfica. El gran número de producciones del género era una gran fuente de empleo y una continua oportunidad de creatividad para los guionistas que debían ingeniarse nuevos retos a superar para sus luchadores. Mientras por un lado se hacían cintas con el afán de expresar los sentimientos del cineasta y buscando conmover a las audiencias, el cine de luchadores era lo equivalente a los blockbusters que tenemos hoy en día. Sólo tenían una meta: entretener, y vaya que lo hacían. Eran las primeras películas fabricadas en México que anteponían sus objetivos financieros a los creativos, buscando que las tramas atrajeran a la mayor cantidad de gente al cine para poder conseguir más y más entradas en taquilla. Ésa cualidad es algo que se ha perdido en el cine mexicano moderno, nos queremos centrar sólo en el cine de arte y de autor. Cierto, no debemos descuidar ésa corriente cinematográfica con el talento que México posee, pero tampoco los cineastas deben ignorar el lado taquillero, el que manejaban a la perfección las películas de enmascarados fornidos.


El Santo fue sin duda una de las figuras más importantes en el tema, su éxito en pantallas fue tan colosal, que se vio en la necesidad de cambiar de bando y abandonar al Cavernario Galindo y Bulldog para poder ingresar al lado de los técnicos, donde su imagen como héroe cinematográfico sería más congruente. De alguna manera, sus películas también llegaron a estrenarse en Asia en aquellos años (fue la de El Santo contra las Mujeres Vampiro las que especialmente les encantó) siendo un tremendo éxito en las taquillas ¡Cual fue su sorpresa al entrarse de que El Santo era un personaje real, y no una invención ficticia de nuestros escritores! Dicen que una película comercial es aquella que ven miles de personas una sola vez, y una cinta de culto es aquella que ven pocas personas miles de veces. Sin duda las producciones protagonizadas por Rodolfo Guzmán Huerta califican para colocarse en lugares de honor en los estantes de cintas de culto.
Pero cuando se habla de El Santo como figura cinematográfica, se habla de un icono representativo de un grupo de luchadores quienes también obtuvieron excelentes resultados en las salas. De hecho, historiadores coinciden en catalogar a La Bestia Magnífica (1952) de Chano Urueta como la primera película de luchadores realizada.

Otras grandes estrellas como Blue Demon y Mil Máscaras también ocuparon un espacio importante en las carteleras de los cines nacionales, ofreciendo entretenimiento explosivo –estamos hablando de tiempos medio siglo atrás- y de una manera original. Si lo analizamos, cintas como las de Kalimán emularían su estructura narrativa y sus técnicas visuales años después. De todas maneras, si éste es tu primer acercamiento al género, yo creo que no puedes dejar pasar las clásicas Santo y Blue Demon contra Drácula y El Hombre Lobo y Santo contra Blue Demon en la Atlántida. Cintas que son el vivo registro de una rivalidad legendaria en los cuadriláteros de la lucha libre a nivel mundial. Mil Máscaras es un caso especial, ya que su debut fue primero en el cine y posteriormente en el cuadrilátero en una cinta icónica titulada simplemente Mil Máscaras, que originalmente protagonizarían nuestras dos estrellas previamente citadas y que por diferentes inconvenientes no concretaron.

Los luchadores y el cine poseen una relación milenaria que surgió con gran fuerza en México. Hay que recordar que la Lucha Libre Mexicana como disciplina y espectáculo era totalmente distinta hace 50 años. Antes que de los atletas nacionales se vieran opacados con grandes producciones norteamericanas como la WWE (quienes también han importado inteligentemente representantes mexicanos como Sin Cara, otrora Místico, y Rey Misterio), la “Triple A” era el espectáculo visual por excelencia en el país. Los luchadores tenían un impacto cultural tal en la vida del ciudadano, que hoy en día no se puede hablar de México en una monografía y no citar a éste deporte, de lo contrario estaría incompleta.

Cortesía de: http://cine3.com y Pablo Cuevas

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