jueves, 21 de febrero de 2013

'El Santo', la leyenda detrás de la máscara



'El Santo' es un personaje tan querido en México que tiene su propia estatua.

El luchador enmascarado es un ícono de la cultura de masas de toda Latinoamérica.

Héroe de las arenas, de las historietas y de la pantalla grande, ‘El Santo’ es el primer personaje fantástico de la cultura popular mexicana, sitial que comparte con el legendario Kalimán.
Un as del kitsch e ícono de la cultura de masas, el 'Enmascarado de plata' encarna un sentimiento que se extiende desde México a toda Latinoamérica.
Tras el béisbol y el fútbol, pasó a la lucha grecorromana y de ahí a la lucha libre. Pudo haber sido ‘El Ángel’ o ‘El Demonio’, pero el productor de películas Jesús Lomelín ayudó a Rudy Guzmán a decidirse por ‘El Santo’, un nombre que provino de ‘The Saint’, protagonista de las novelas policiales de Leslie Charteris.
En la formación del héroe cabe su inicio en el lado de los malos, ‘los rudos’ (aquellos que se ufanaban de ser canallas), y su camino de redención hacia el bando de los buenos, ‘los técnicos’ (plataforma de valores elevados). Llevando por bandera su máscara plateada, fue personaje de cómics y también del cine. Película tras película se forjó como un anónimo justiciero y como fenómeno cultural.
Para Jacqueline Morán, agregada cultural de la Embajada de México en Ecuador, ‘El Santo’ es parte de la identidad mexicana porque está ligado a uno de sus deportes más populares, a tal punto que la Arena México es un sitio que se debe conocer cuando se visita el DF. "El fanatismo por las luchas refleja un amor de las clases populares, para quienes ‘El Santo’ se volvió ídolo; pues en el imaginario las protegía y resolvía sus conflictos".
Tal admiración creció semana tras semana, con la publicación de los cómics, publicados por José Guadalupe Cruz, revistas que arraigaron en la sociedad. Sobre la películas de ‘El Santo’ (52 largometrajes en total), Monsiváis pensaba que los títulos eran fundamentales.
'Santo contra Blue Demon en la Atlántida', 'Santo en el Museo de Cera' o 'Santo vs. Las lobas' seducían al espectador y condensaban la trama de unos filmes, cuya descuidada producción fue asumida por cinéfilos como "joyas del surrealismo mexicano".
En sus aventuras fílmicas o ilustradas, ‘El Santo’ luchó contra el mal, representado por invasores extraterrestres, mujeres vampiro o criminales. Más por su vinculación ritual con los sectores populares y con el hombre común, su representación épica -como apunta el catedrático José Laso- desplazó del imaginario al héroe estadounidense en la línea de Superman.
"La cultura del espectáculo, que tiende a vaciar los contenidos de la cultura popular y a convertirla en simulacro, aún no ha podido quitarle significado a ‘El Santo’", dice Laso citando a Baudrillard.
"El espectáculo del exceso, la grandilocuencia, que debió ser la del teatro antiguo", así se refería Roland Barthes a la lucha libre. Y resulta cierto en tanto que el comportamiento del público es clave para ese rito y para la construcción de ‘El Santo’ en su imaginario: "El hombre corto de días y harto de sinsabores se exaspera: ¡Mátalo! ¡Acábalo! ¡Chíngatelo! ¡Destrózalo! ¡Pícale los ojos al cabrón!", resume Monsiváis al ver a tanto espectador díscolo en esa Roma azteca que eran las arenas mexicanas.
Con ese ánimo la Sonora Santanera le compuso una canción a "los cuatro rudos ídolos de la afición": ‘El Santo’, el ‘Cavernario’, ‘Blue Demon’ y el ‘Bulldog’. "La gente comenzaba a gritar, se sentía enardecida sin cesar / métele la ‘Wilson’, métele la ‘Nelson’, la quebradora y el tirabuzón", suelta la cumbia.
Ante tal euforia, ‘El Santo’ iba exponiendo su vida y, lo más importante, su máscara. El accesorio es símbolo de honor; los combates terminaban cuando un luchador arrebataba la máscara de su adversario, como los guerreros que cortaban las cabelleras de sus enemigos vencidos.
A ‘El Santo’, ese accesorio le dio misticismo y, paradójicamente, identidad; la verdadera cara de Rudy Guzmán debía ocultarse para que el héroe anónimo fuera reconocido: la pérdida de la máscara era también la pérdida de su rostro.
Él -con su invencible humildad- la mantuvo hasta su muerte, el 5 de febrero de 1984. ‘Blue Demon’ y ‘Black Shadow’, antiguos contrincantes en el cuadrilátero, cargaron el féretro ante 10.000 personas, que acompañaron el cortejo fúnebre del héroe.
Pero ‘El Santo’ siguió vivo, ya en televisión (hasta hoy en el canal infantil Cartoon Network) o en la prolongación del personaje en su hijo. En la perdurabilidad de ‘El Santo’ interviene -como dijo Monsiváis- su máscara y el seudónimo que implica religiosidad y misterio, fuerzas ultra terrenas y técnicas de defensa personal que, de paso, protegen a la humanidad.
En esa línea, el cronista reflexionó: "Los ídolos suelen ser sexagenarios, porque la leyenda trasciende a la agilidad. Lo que cuenta es la eterna juventud de la credulidad. Un luchador no envejece mientras el público en él se reconozca".
En las calles, los aeropuertos, los mercados se venden figuritas de plástico, camisetas, máscaras para quienes buscan sumarse, desde la nostalgia, la ingenuidad o el ritual, a la lucha de ‘El Santo’, a este fenómeno de la fama sin rostro.
Cortesía de: FLAVIO PAREDES CRUZ EL COMERCIO (ECUADOR)/ GDA






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