jueves, 14 de febrero de 2013

Feliz Día del Amor y la Amistad

Primera caída: San Valentín
Aunque estoy convencido de que el amor y la amistad deben celebrarse todos los días y no únicamente el 14 de febrero, les deseo que pasen junto a sus seres queridos y amigos un feliz Día del Amor y la Amistad.
Este día, en realidad se recuerda la muerte de San Valentín, que en vida fue un sacerdote que ejercía en Roma, en el tiempo en que gobernaba el emperador Claudio II, quien decidió
prohibir los matrimonios entre jóvenes bajo el argumento de que los adolescentes solteros y sin familia eran mejores soldados. El sacerdote consideró que el decreto era injusto y decidió
celebrar de manera secreta matrimonios entre jóvenes parejas, acto que lo hizo popular entre ellos y entonces fue conocido como el patrón de los enamorados.
El emperador se enteró y lo mandó llamar a su palacio, San Valentín acudió haciendo proselitismo del cristianismo aprovechando su popularidad. Finalmente, fue torturado, encarcelado y posteriormente ejecutado, el 14 de febrero del año 207. Hoy, este santo que luchó por la unión de los jóvenes enamorados es reconocido y festejado en la mayoría de los países,
aunque no en todos se celebra este mismo día.

Segunda caída: El amor
El amor no siempre tiene que ser entre una pareja de enamorados, también se puede demostrar de muchas maneras. Un acto de amor se puede manifestar desde adoptar a un niño, hasta
escuchar con atención las repetidas historias de un ancianito que tiene una gran necesidad de expresar. Un acto de amor es tan simple como dar algo a alguien que lo necesita, compartir nuestros alimentos o acariciar la inocente cabeza de un niño. ¡Sí! tal y como en más de una ocasión seguramente muchos de nosotros lo hemos hecho.
Hoy en este día tan especial para todos, les quiero compartir una historia que le sucedió a Miguel Medina, un seguidor mío en Facebook, y la comparto porque él fue un niño afortunado
que vivió en carne propia uno de estos actos de amor. Resulta que el pequeño Miguelito era un niño que radicaba en la ciudad de Aguascalientes y cada vez que había una función de lucha libre quería asistir, pero no siempre había las posibilidades económicas para hacerlo y así resignado, Miguelito muchas veces se quedó en casa.
Uno de sus mayores tesoros era una máscara que le habían comprado y era ni más ni menos que de su gran ídolo El Santo y la cuidaba más que a su vida. En cierta ocasión, su ídolo enmascarado se iba a presentar en una arenita, hoy ya desaparecida, que estaba ubicada en la calle de Madero, en el centro de la ciudad hidrocálida, en donde hoy existen varios mercados. Este pequeño no podía dejar de asistir y ver en acción al Enmascarado de Plata, así que llegó muy puntual a la función y obviamente se llevó su preciada máscara con él.
Dio inicio la función, la arena estaba abarrotada de gente que gritaba, chiflaba y se divertía viendo los clásicos encuentros entre rudos y limpios. El niño también se divertía, pero estaba
ansioso por ver a El Santo en acción y cuando al fin llegó el turno estelar a Miguelito le sudaban las manos por la emoción y se pasaba su máscara de una a otra mano, la enrollaba, la hacía bolita, levantaba sus brazos intentando que su ídolo lo viera. Al finalizar la lucha, el pequeño esperó pacientemente a El Santo a la salida de los vestidores y cuando esto sucedió, corrió abriéndose paso entre la gente para saludarlo y pedirle que le firmara su máscara.

Tercera caída: La amistad
Había tal multitud rodeando al Enmascarado de Plata que el pequeño no pudo llegar hasta él y vio cómo su ídolo se subió a un taxi, sin perder la esperanza corrió con todas las fuerzas que sus piernitas le permitían, pero el auto se alejaba cada vez más y más. Sin embargo, Miguelito vio a la distancia que el taxi se detenía y corrió aún con más fuerza hasta que lo alcanzó y vio cómo mi padre se introducía a un restaurante, que hasta la actualidad existe, de nombre Mitla; entró al lugar y observó que El Santo ya se había quitado la máscara. Sin dudar, el niño se acercó a la mesa en la que mi padre se había sentado y le dijo con voz firme ¡por favor firme mi máscara! Mi padre volteó para ver si alguien más había escuchado al pequeño y le contestó en voz baja: ¿Y por qué voy a firmar tu máscara? Entonces Miguelito con gran seguridad le respondió: ¡Porque tú eres El Santo! y vengo corriendo, siguiendo a tu taxi desde que saliste de la arena ¡por favor firma mi máscara! Entonces mi padre le dijo a una de las meseras: ¡Por favor dele a este niño un vaso de leche y una rebanada de pastel! Y así cenaron juntos, mi padre le firmó su máscara y nació entre ellos una sincera y auténtica amistad porque aunque a la distancia ni el niño lo olvidó, ni mi padre, estoy seguro, olvidó a ese niño.
La amistad y el amor se muestran de muchas maneras, la reciprocidad es muy importante, así que cuando ustedes reciban traten de corresponder, y si no, no importa, traten de dar desde una sonrisa hasta un abrazo pasando por un beso y una palabra de aliento. Yo puedo decir que soy muy afortunado, soy de pocos amigos, pero los que tengo son muy valiosos y a pesar de que los veo poco por el trabajo saben que están en mi corazón y que cuando me necesitan ahí estoy.
Muchas gracias a Gerard André Gallegos y a su padrino Miguel Medina, ese niño quien ahora es un hombre hecho y derecho, por compartir esta bella historia de amistad. Amigos lectores de RÉCORD: No saben cómo me llenan de amor cada semana que me escriben a Facebook y Twitter comentando estas notas que escribo para ustedes; lo agradezco mucho. Hoy les deseo que pasen un día lleno de amor, que lo den y que lo reciban.
 A mis amigos de RÉCORD, aprovecho para agradecerles su apoyo y amistad. La familia no se elige, los amigos y la pareja ¡sí! Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.

By El hijo del Santo

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