viernes, 8 de febrero de 2013

Palabras de mi hijo a mi padre

Primera caída:
Mi hijo

Queridos amigos de RÉCORD, hoy es un día muy especial, porque en todos estos años que me han hecho favor de leerme en éste, que es el periódico deportivo más importante de nuestro país, sólo he tenido un invitado, y ha sido mi padre. Hoy le pedí a mi hijo que escribiera unas palabras para su abuelo, en su aniversario luctuoso XXIX, y quiero compartirlas con ustedes.
Le pregunté: Hijo, ¿qué opinas de tu abuelo? Y su respuesta fue contundente:
“Si les soy sincero, realmente yo no tuve un abuelo, cuando viene a mi mente su imagen, no me viene la figura de Rodolfo Guzmán, sino la figura de El Santo, ya que siempre sus fotos han sido con máscara.
“No tuve el honor de conocerlo, pero cuando voy a la tumba donde descansan sus restos, siento como si lo conociera de toda la vida, como si nunca se hubiera ido de mi lado, porque físicamente nunca lo estuvo. Sin embargo, él siempre me ha acompañado en mi interior y estoy seguro de que él es quien me abre los caminos, me aclara las ideas y me permite ver más allá de las cosas, y eso me da paz, una paz interior de saber que pase lo que pase, nunca voy a estar solo porque desde su cielo se hace presente en mi vida como nunca nadie lo ha hecho.
“Tu presencia impacta aún más en mi vida, más de lo que yo jamás hubiera imaginado. Eres mi ejemplo, mi héroe y mi mundo. Poder compartir contigo esos momentos de reflexión, al estar los dos frente a la tumba de tu padre, es algo que realmente no tiene precio; son momentos donde aparentemente no existe el tiempo, no hay nada escrito, no hay miedo a nada, no hay padre, hijo y nieto, pues esa relación se desvanece como por arte de magia y nos damos cuenta de que somos ‘uno solo’ al estar los tres reunidos en un mismo lugar, aunque el mayor de nosotros sea ahora un recuerdo, logramos darnos cuenta de que eso que llevamos en el rostro es más que una máscara, un recuerdo, una tradición, una herencia, un poder, un símbolo… es la vida misma”.

Segunda caída:
La máscara

¿Qué significa para ti esta máscara?
“En cierto punto, la máscara se convierte en parte de ti, se hace más importante que tu propia piel. Cuando mis ojos ven a través de los pedazos de cuero y tela que forman esas siluetas como dos gotas de agua, se percibe una ventana a un mundo completamente distinto; todo se vuelve demasiado real y siento el deseo de comprender y explicarme a mí mismo que esa máscara, inundada de tradición, representa más que cuero y tela, más que el color brillante de la plata, representa la vida misma.
El respeto que he logrado construir en estos años hacia la tradición y a este símbolo que han estado presentes ya por 70 años en mi familia son muy grandes. Yo ni siquiera he comenzado con el verdadero sacrificio, ese sacrificio que ha crecido por siete décadas, ese sacrificio de saber que probablemente tenga que dejarlo todo en el ring, que probablemente no haya más allá de esa campana que anuncia el final de un combate, que probablemente el último aliento que salga de mi corazón sea aquel que exprese que todo terminó, haciendo lo que me apasiona y lo que he amado en toda mi corta vida. Desde que tengo memoria he sabido quién fue mi abuelo y quién es mi padre; realmente no recuerdo cómo me enteré, solo sé que siempre ha estado presente en mi vida su historia y siempre he tenido algo que va más allá del respeto. Es algo que no se puede expresar con palabras, sólo con acciones que me ha ido enseñando esta herencia, este legado, esta dinastía que ha estado en mi familia ya por tres generaciones, incluyéndome.
Para mí fue repentino que tú me preguntaras si yo quería seguir con esta tradición; entonces experimenté un sentimiento de orgullo, de cuando se hace un nudo en la garganta que no deja que expreses una sola palabra por la emoción que está inundando tus venas y se hace una mezcla de sentimientos hermosos en tu interior, que no se pueden expresar más que con lágrimas de emoción. Eso es lo que me ha enseñado esta herencia, que implica tener honor, disciplina, amor, pasión, respeto y un sinfín de virtudes que se tienen que ir perfeccionando con el tiempo. Es algo que llevo y llevaré con orgullo en el corazón, como lo hizo mi abuelo y como lo hace mi padre. Por eso, El Santo siempre estará en mi corazón y en el de todos los que lo admiramos”.
Éstas fueron las palabras de mi hijo, El Santo Jr., que ahora sólo cuenta con escasos 16 años. A ustedes, amigos lectores, les agradezco su apoyo y la oportunidad que me dan de compartir esto con ustedes.

Tercera caída:
La herencia

Hoy, yo también tengo palabras para mi padre, y le digo: “Papá, dejaste dentro de mí un enorme vacío que jamás podré llenar con nada ni con nadie. Sin embargo, Dios me dio la bendición de ser padre y hoy tengo a un nuevo compañero, que es mi hijo, del cual me siento sumamente orgulloso; él es mi compañero de viajes, de gimnasio, de diversiones y actividades cotidianas. Y al igual que tú lo hiciste conmigo, sigo tu buen ejemplo de creer y confiar en mi hijo, quien quiere seguir mis pasos y también los tuyos. ¡Quiere continuar con este gran legado! y está consciente del enorme compromiso que esto implica, del sacrificio y disciplina que requiere ser El Santo, y del respeto que se le debe tener a tu emblemática máscara. Y así, como tú apostaste por mí, aún sin saber si triunfaría, hoy yo apuesto por mi hijo, que lleva como bandera el mayor atributo que un ser humano puede tener, y que es la nobleza. Es maravilloso sentir esa satisfacción que seguramente tú sentiste conmigo papá; esa satisfacción de saber que tu hijo quiere ser como tú,
porque te admira e idolatra. Hoy que soy padre y que la vida me ha enseñado tanto, ¡te respeto, te comprendo, te admiro, te amo y te extraño, cada día más!
Así, ustedes queridos amigos que tienen la enorme fortuna de tener a su padre a su lado, no esperen a que suceda lo inevitable; no esperen a imaginar que su padre se encuentra a su lado para platicar con él, para decirle cuánto lo aman, para decirle cuánto le agradecen todo lo que ha hecho por ustedes, que seguramente son muchas cosas las que ha hecho y que ustedes ni siquiera se imaginan. Nos leemos la próxima semana, para que hablemos sin máscaras.

By El hijo del Santo

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