domingo, 7 de abril de 2013

Los recuerdos de Él y Ella




Primera caída:
El México de ayer

Para hablar de esta bella época (hace 70 años), es necesario remontarnos en el tiempo y yo lo hice escuchando ‘Mi México de Ayer’, canción escrita por el inolvidable Chava Flores, y así me imaginé al México de los años 40, cuando los aficionados pasaban por la calle de Perú número 77, viendo la construcción del local y comentaban “aquí habrá luchas”; otros se preguntaban cuándo se inauguraría la nueva arena y si la llenarían, pues tendría el doble de aforo que la antigua Arena México, la cual ya era insuficiente para ver a las figuras preferidas de la época, como Firpo Segura, Bobby Bonales, Ciclón Veloz y El Santo, entre muchos más. Aquella tarde el enorme anuncio de neón marco el nombre ‘Coliseo’ y la intensa luz alumbraba las banquetas en donde las viejitas colocaban sus mesitas para vender natillas, arroz con leche, capirotada y tejocotes en miel que depositaban en pequeñas cazuelitas.

La gente salía a las empedradas calles a mirar con curiosidad la marcha de los soldados cuando retumbaba en el aire limpio el sonido de la trompeta, que hacía que las calandrias y los trenes de mulitas se detuvieran para cederles el paso. Muchos más hacían largas filas en la calle para comprar un boleto y asistir a la función inaugural en donde en la lucha estelar se enfrentarían El Santo y Tarzán López. El arzobispo monseñor Luis María Martínez sería el encargado de bendecir el local construido por don Salvador Lutteroth, en donde se divertiría el pueblo viendo lucha libre y boxeo.

Segunda caída:
Sus recuerdos

Hoy, a 70 años de edad, esta bella Coliseo le dice al tiempo: sabrás que nací el viernes 2 de abril de 1943, mi nacimiento fue visto por 11 mil personas, con la misma curiosidad que la gente va a ver el nacimiento del hijo de un buen amigo. He perdido el número de las emociones que han hecho vibrar mis cimientos al escuchar al frenético público que disfruta los grandes encuentros y también he padecido la tortura de las fogatas, de los gritos infernales que gritan los descontentos cuando ven una lucha pésima. He creado innumerables hijos, unos han salido buenos, otros malos y también he tenido hijos adoptivos que llegan del extranjero. Muchos de ellos ya han muerto y han dejado escrita con letras de oro una historia como la mía, otros fueron mediocres y apenas y se les recuerda. Esa noche de mi nacimiento estaba presente Tarzán López, un tipo joven y atlético con 30 años de edad que defendería su campeonato mundial Medio frente a El Santo, un novato de 28 años, que había llamado la atención por conquistar en menos de un mes dos campeonatos nacionales de peso Welter y Medio. Yo siempre estoy del lado de la gente, me gusta que aplaudan, que se diviertan, que vengan a verme. No sabes qué triste me pongo ahora que mis butacas están semana a semana vacías. Al celebrar mi primer aniversario, el sábado 8 de abril de 1944, lucharon máscara contra cabellera El Santo y Jack O’Brien; qué mejor manera de festejar y ver cómo El Santo lo vencía en la tercera caída con el ‘tirabuzón’, la llave preferida de O’Brien. Esa noche nadie conoció el rostro de El Santo, ¿pero te confieso algo?, yo sí, lo vi por mis paredes del vestidor quitarse y ponerse la máscara, pero no te diré cómo era.

Tercera caída:
Los recuerdos de él

Ahora el tiempo platica con El Santo y le pregunta qué recuerdo tiene de aquella noche del 2 de abril de 1943. El Enmascarado de Plata se queda pensativo por unos momentos y dice con enorme emoción: lo recuerdo perfectamente, por primera vez en la historia del deporte del boxeo y la lucha libre, un coloso de concreto y acero con cabida para miles de aficionados se abriría al público. Las luces del monstruo brillaban con intensidad y como miradas de insectos que giran vertiginosamente alrededor de una llama, millares de personas pugnaban por asistir al programa de lucha que inauguraba la Coliseo.

Yo había sido escogido junto con Tarzán López para cubrir el evento estelar. La responsabilidad era enorme, pero se consideraba que teníamos los méritos suficientes para ocupar ese lugar privilegiado, porque en aquella época era el primer luchador en ostentar dos coronas y mi ambición me llevaba a tratar de alcanzar la tercera, sólo que ésta, mundial, y en esa noche se iba a disputar al que orgullosamente la ceñía.

Sonó el silbato y me arrojé contra mi contrincante con el ciego afán de eliminarlo en una forma rápida, pero todos mis esfuerzos se estrellaron ante un muro inamovible que era mi rival, su mayor consistencia, su serenidad, su más larga experiencia, su mejor preparación tuvo que imponerse. Bajo la presión de una durísima llave tuve que rendirme y mascar en mi esquina el despecho de mi derrota. Con la misma furia salí para la segunda caída, mis mejores armas fueron empleadas, aun cuando sabía que le lastimaban no decrecía su orgullo de campeón y éste lo hacía superarse. Como si esto fuera poco, la multitud estaba en contra mía. Mi estilo rudo me había granjeado grandes antipatías y no obstante a que de acuerdo con las reglas luchaba limpio, los gritos de burla y de desdén me perseguían. Ni aun quiero recordarlo, perdí también la segunda caída y aunque después sufrí derrotas graves, nunca como aquella vez sufrí tanto en mi amor propio, por lo que considero que esa noche de inauguración del Coliseo ha sido la más dura que he tenido sobre el ring.

Estimados amigos de RÉCORD, de esta manera, el tiempo sigue pasando y compartiendo con ustedes estos 70 años de historia de una de las arenas más bellas del país y que esperemos que continúe en pie y no corra la mala suerte de muchos otros locales luchísticos que han sido demolidos como el Toreo de Cuatro Caminos, la Arena Isabel de Cuernavaca, la clásica Arena Xochimilco o la Pista Revolución. Le evolución globalizada es importante, pero las tradiciones de las naciones no pueden perderse, no pueden quedar en el olvido, no es tan difícil mantenerlas vivas.

Hoy aplaudo a RÉCORD por seguir dándose y dándome la oportunidad de, a través de este espacio semanal, irlos llevando al pasado y al presente de nuestro bello deporte, como lo es la Lucha Libre Mexicana. Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.

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