sábado, 11 de mayo de 2013

Santo, el Enmascarado de Plata.



Se ha escrito y repetido muchas leyendas acerca de este personaje tan particular. Lo cierto es que Santo, el Enmascarado de Plata, perdió muy pocos combate sobre el ring y nunca se sacó la máscara frente al público. Con más de 50 películas en su haber y originalmente pensado para ser tan sólo el personaje de una historieta, este luchador encarna una época en la que el entretenimiento popular no encontraba otro canal que no fueran las pantallas de cine, aquellas que le permitían al espectador exaltar todas sus emociones a través de la empatía con “el bueno” ante todos “los malos”.

Que si las películas de Santo eran —como las llaman los cinéfilos en México— parte del surrealismo mexicano, o que si la estética kitsch le gana a la propia trama, que si los títulos conquistaban a los espectadores (Santo contra las lobas, Santo vs. las mujeres vampiro o Santo contra Blue Demon en la Atlántida), lo cierto es que la cultura popular iba creando sus propios íconos nacionales en aquellos años 60, mientras la invasión industrial de superhéroes americanos insistía en hacernos creer que los únicos súperpoderosos podían ser ellos. 

La inteligencia de los productores de la saga de películas que tienen a Santo como gran protagonista radica en el diálogo que construye con un evento social como lo es la lucha libre, y el sueño de poder vencer al mal con el ejemplo de un gran ídolo, que además puede estar entre nosotros.

La capacidad que tienen las sociedades y las culturas de reinventarse es lo que a América Latina le da esta dinámica constante de creación y recreación: con nuestros propios personajes y con los ajenos, nosotros nos hacemos y así somos latinoamericanos, los que cantamos con la Sonora Santanera esta rolita: “El Santo, el Cavernario, Blue Demon y el Bulldog / la gente comenzaba a gritar / se sentía enardecida sin cesar / métele la wilson, métele la nelson, la quebradora y el tirabuzón / quítale el candado, pícale los ojos, jálale los pelos, sácalo del ring”. Claudio Sánchez

Cortesía: www.la-razon.com

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