miércoles, 19 de junio de 2013

El cómic no lo es todo... solo ganas de chingar



“Si hiciéramos humor político, perderíamos mucha
libertad de acción y eso no nos interesa. Nuestra política
es anárquica, irresponsable y veleidosa.”
Jis.

Jis y Trino hacia el final de los tiempos


Relevo del averno sin grieta evidente, Jis y Trino han consolidado sus acechanzas creativas en los espacios de la industria editorial, posicionando lo que fueron cartones del submundo, tiras de ediciones semanales y deliciosos manjares del trazo destinados a la censura, para hacer de su anti solemne visión de la vida y su desparpajo, entre la pachequez y el insomnio, los náufragos y los bufones de corte, un trabajo consistente, ácido, divertido, escatológico como ninguno, y que solo cabe en los estantes que definen a lo clásico en materia historietística mexicana.

Desde su terquedad de goce buscapleitos en sus trabajos hechos con Falcón (de quien recomiendo Cascajo. Güilson, Dios de la Hueva - edit. Cal y Arena 1995-, libro en que el hombre de terrena estirpe puede aproximarse a la entidad cósmica que nos quita las ganas) Galimatías, Matarilirilirón o La Croqueta. Humor Perro; además de Paso sin ver, Asuntos moneros, La Chora interminable y La mamá del abulón (fruto de un colectivo gandalla que aterrorizó conciencias en la perla tapatía). Jis y Trino diversificaron su empuje en los territorios de la producción personal como ocurre entre miembros de las bandas rockeras, para hacer sus libros “solistas”, plenos de escenas antológicas desde el desmadre vil, el absurdo, la farsa, la contra crónica y la búsqueda mística de nuevas esferas neurales en cosas como Historias del rey chiquito, Misterios charros, Historias sobre el fin del mundo y otras patrañas, Crónicas de policías y ladrones, Don Taquero. Guía culinaria de la comida callejera, o Crónicas de Marte de la producción de Trino; mientras que Jis construyó una pieza magistral: Sepa la bola, además de la más que recomendable serie Otro día, su alucinante Diario y Verbos para comenzar.

Estos dos moneros tienen un estilo de precisión, no sólo en la identificación de un trazo, con la renovación consistente de sus tonos, temas y hasta texturas (desde las convenciones bidimensionales de su blanco y negro primerizo, hasta la sofisticación de sombras y colores en sus últimos trabajos), si no que fueron capaces de crear una taxonomía bizarra, ecléctica y pacheca con máscara definida como El Santos, con diez volúmenes (El cuarto tomo se intitula Santos VS El Peyote Asesino en la Atlántida -Edit. Tusquets-, homenaje obvio al título de la cinta Santo VS Blue Demon en la Atlántida), y ahora un adicional: el libro EL SANTOS VS LA TETONA MENDOZA. El desmadre detrás de la película Edit. Tusquets, 2012).

Aclarado el punto de la inspiración del pancracio sin que se aluda por fuerza a El Enmascarado de Plata (la asociación será obvia, pero el contenido tiene más fondo y no se limita al “homenaje” o parodia del héroe encapuchado), los tapatíos dominan el contra llaveo temático con personajes que pasaron de los albures, la serenata, el tope y los coitos, hasta la monumentalidad de la pantalla grande.

La lucha y la historieta
Cómic y lucha libre se dan la mano para cambiar la página desde 1951, año clave en la historia de El Santo cuando José G. Cruz le ofrece un contrato para lanzar el cómic que se llamaría SANTO. El Enmascarado de Plata, Cruz era un contemporáneo del de plata, nacido también en 1917, se inició en la historieta trabajando para diferentes títulos antes de lanzar un primer trabajo propio llamado Remolino y Tango, en 1934. Combinando técnicas de ilustración que incluían el dibujo, la acuarela y el fotomontaje, Cruz dio rienda suelta a sus delirios creativos para aportar a la solidificación de muchos títulos como Pepín, La Pandilla y Paquín, antes de lanzar la estelar serie de SANTO. El Enmascarado de Plata, que apareció en 1951 a un costo de 50 centavos.

José G. Cruz pasó por diferentes medios, haciendo guiones para radionovelas (en la XEW), el cine (como el de la propia El Enmascarado de Plata, de 1952), y participando en la televisión mexicana desde sus orígenes.
Los inicios de la historieta no fueron muy alentadores, pero Cruz y su equipo fueron depurando los fotomontajes con trazos y fondos de mayor calidad que, sumados a las originales historias, fueron ensanchando un mercado que tocaría dimensiones asombrosas con tirajes que superaban el millón y medio de ejemplares a la semana. La revista se vendía en varios países de América Latina, así como en las ciudades de Estados Unidos en que existía una población considerable de hispanoparlantes. El éxito incrementó los tirajes y también las historias. Pronto comenzaron a editarse tres capítulos distintos por semana.

La competencia surgió en diferentes títulos, la mayoría efímeros. En el mismo 1952 se editó la revista Wolf Ruvinskis EN: El Angel, de Editorial Jacaranda, que también publicó la revista del popular campeón de boxeo Raúl “El Ratón” Macías. En 1953 Cruz creó otro cómic con Black Shadow que se sostuvo con buenas ventas por un tiempo, lo mismo que la serie de El Médico Asesino, bajo el sello de Editorial Manuel del Valle. En el mismo año se publicó La pantera Roja (Editora Continental, S.A.) y en 1954 circuló La Máscara Roja (Editora de Periódicos, S.C.L.), ambos personajes originales, sin inspiración en luchadores auténticos, como ocurriría en los sesenta con La Pantera Negra (Editormir) y en los ochenta con El Cuervo Azul (Editorial Emoción, S.A.). Cavernario Galindo y Gori Guerrero tuvieron también títulos propios (en Editorial SUEN) que no lograron sostenerse.

Agregado inédito para la segunda edición de “Quiero ver sangre! Historia ilustrada del cine de luchadores”

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