jueves, 4 de julio de 2013

Comunicado Arena Solidaridad Monterrey 30 Junio 2013






México, D.F. 4 de Julio 2013

COMUNICADO DE PRENSA

Queridos amigos, no tengo palabras para agradecer las miles de muestras de cariño que he recibido a través de las redes sociales, de mi oficina y de los medios de comunicación.
Como ustedes saben, el pasado domingo 30 de junio, mientras luchaba en la Arena Solidaridad de Monterrey Nuevo León en un triangular frente a Dr. Wagner Jr. y L.A Park, este último me aplicó un “martinete”, castigo prohibido en la lucha libre mexicana por el riesgo que representa, esto me dejó en un estado casi inconsciente e inmediatamente fui trasladado a un hospital en aquella ciudad donde el primer reporte fue una lesión cervical ya que no era posible moverme y el dolor cada vez era más intenso en la zona de la espalda, cuello y columna. Hasta ese momento se desconocía la magnitud de la lesión por lo que en las siguientes tres horas fui trasladado de emergencia a la Ciudad de México para que se me hiciera una revisión exhaustiva.
Después de algunas horas en observación y algunos estudios, afortunadamente el parte médico reveló que no se trataba de una lesión de mayor gravedad en las vertebras, sin embargo, el dolor cada vez fue más intenso ahora en la región abdominal, hasta que después de varios nuevos estudios realizados, se detectó un daño en esa zona, que debido a la presión intraabdominal que había sufrido, incarceró un segmento del intestino delgado que requirió cirugía de urgencia, lo que condicionó a su vez un defecto en pantalón en la región inguinal bilateral, dicho de otra forma; se abrió la ingle en dos zonas de cada lado.
Este martes 2 de julio a las 7 am., entré a cirugía, la cual se realizó con éxito por el especialista gastrocirujano Dr. Pablo Andrade Martínez-Garza, quien colocó mallas de polipropileno para restaurar las zonas.
La indicación del cirujano es que no tenga actividad que requiera algún tipo de esfuerzo en las próximas seis semanas, por lo tanto, esto me obliga a ausentarme temporalmente de los encordados para regresar en un futuro cercano a mi actividad de luchador profesional sin que esto implique ningún riesgo a mi salud.
Dentro de toda esta experiencia que he vivido en los últimos 4 días, debo confesar que ha sido fundamental la asistencia del especialista, pero sobretodo, las muestras de cariño y solidaridad de mi fiel público, de mi familia y amigos, de mis compañeros de profesión, de los promotores, de mis amigos periodistas, de los medios en general y de toda la gente que ha estado pendiente de mi salud y de la evolución de ella.
Créanme que estoy enterado de todas las llamadas y mensajes, aunque desafortunadamente y por motivos de salud, no me ha sido posible ponerme en contacto con todos por lo tanto, aprovecho este medio para agradecer todas sus atenciones y muestras de cariño ya que son invaluables y además me han ayudado a restablecerme como lo he hecho hasta ahora, no dejaré de mencionar la absoluta solidaridad de mis compañeros que no importando la empresa a la que pertenecen, se han hecho presentes con una profunda y sincera preocupación.
Estoy bien, pero por primera vez en 30 años de carrera y debido a esta prescripción médica, me veré obligado a suspender mis presentaciones profesionales dentro del ring, aunque sí estaré en las actividades que no requieren un esfuerzo físico considerable como conferencias, firmas de autógrafos y otras presentaciones ya programadas que seguirán firmes como estaban agendadas hasta hoy. Agradezco la comprensión de los promotores y el público con quienes tenía contratadas varias fechas de lucha libre no solo en México sino en Estados Unidos y que por obvias razones no podré cumplir.
Esta situación que estoy viviendo no es exclusiva de El Hijo del Santo, es la consecuencia del riesgo de mi profesión y, a pesar de que no estoy de acuerdo con ciertos castigos como lo es el “martinete”, estoy consciente que es parte de lo que estamos expuestos quienes practicamos este bello deporte.
En este momento de mi carrera profesional reconozco que estoy en un lugar privilegiado ya que cuento con la experiencia de 30 años de profesional y la madurez que solo los años pueden dar, también se que aún hay un largo camino por recorrer tanto en los encordados como en mi carrera como Licenciado en Comunicación, hay muchos retos que superar y muchos proyectos que concretar no solo sobre un ring, obviamente, siempre acompañado de mi querido público que me ha llevado a ocupar el lugar que ahora tengo y que es un lugar estelar.
Respecto a Dr. Wagner Jr. y L.A Park, se que muy próximamente tendré el tiempo para ajustar cuentas con ellos sobre un ring.

Atentamente, su amigo

El Hijo del Santo
El Enmascarado de Plata.

Estoy aquí para contarlo

Primera caída: Somos vulnerables
El pasado sábado, ya dentro del avión que me llevaría a Reynosa, escuché con mucha emoción el corrido que me envió Baby Richard, dedicado a nuestro querido amigo Rocky Román.
Después de escucharlo en varias ocasiones, me quedé mirando hacia el horizonte, pensando lo vulnerables que somos ante muerte. Simplemente pensé: ¿qué pasaría si el avión en el que volaba en ese momento se iba a pique?. El promotor Rocky Roman ya no está vivo, y sin embargo, la vida sigue su curso y así como la muerte lo sorprendió a él, ésta nos puede sorprender a cualquiera de nosotros.
Recordé a muchos de mis compañeros y seres queridos que han muerto inesperadamente; es cuando te preguntas: ¿por qué falleció si ayer por la noche estuve hablando con él?
En ese momento de reflexión sobre el tema de la muerte, las enfermedades y las lesiones, no imaginé lo que me deparaba el destino el domingo por la noche. Estimados lectores de RÉCORD, afortunadamente estoy aquí para contarlo, escribiendo para ustedes desde el hospital, recuperándome favorablemente y superando el profundo miedo a lo desconocido ya que jamás había sido intervenido.

Segunda caída: La lesión
El domingo por la noche, después del fuerte golpe que recibí, tenía muy clara la imagen de L.A Park y del Dr. Wagner Jr. frente a mí. Recuerdo muy bien que la lucha había iniciado como cualquier otra y que desde el inicio los dos me atacaron, después, se enfrascaron entre ellos y cuando vi la oportunidad de contraatacar logré dominarlos.
Saqué a L.A Park del ring y después a Wagner, a quien le apliqué un certero tope en la quijada. L.A Park, al verme en el suelo, me levantó y me estrelló contra las butacas. Después, al subir al ring, me amarró con cinta de aislar a las cuerdas.
Quedé inmovilizado por algunos minutos hasta que el referí me desató y nuevamente fui al ataque, así aproveche su distracción y pude aplicar rodillazos, tijeras a ambos, así como mi tope doble: primero sobre el abdomen del Dr. Wagner y, luego, otro tope entre segunda y tercera cuerda sobre L.A Park, dejando a este último fuera de combate por unos segundos.
Subí al ring para intentar rendir con la llave ‘de a Caballo’ a Dr. Wagner Jr., pero éste resistió y después de varios intentos de rendición logró reaccionar para aplicarme su castigo ‘Wagner driver’. Caí a la lona soportando en la espalda y hombros todo mi peso. En eso, L.A Park subió al ring (mientras Wagner discutía con el referí), y me levantó de inmediato girando mi cuerpo en el aire, dejando mi cabeza entre sus muslos y apretando con fuerza mi cintura y abdomen con sus brazos para aplicar un ‘Martinete’.
Ese momento me pareció eterno, pensé que me no lo iba a aplicar, ya que conoce las consecuencias de ese castigo, cuando de pronto, brincó cayendo de rodillas estrellando mi cabeza contra la lona; sentí como todas mis vértebras chocaron entre sí.
Un profundo silencio inundó mis sentidos. Habían logrado su objetivo: se habían deshecho de mí y se quedaban solos en el ring para definir la lucha. No les importó lesionarme ni las consecuencias que tendrían sus contundentes castigos... al fin, rudos, pero como los de antes.
Sentí cómo me bajaban del cuadrilátero, todo me daba vueltas, escuchaba muy lejanos los gritos de la gente, me iban transportando en una camilla y empecé a sentir un dolor muy intenso en la espalda baja, en el cuello y en la cabeza. Me abrían los ojos y una intensa luz que iba de un lado a otro penetraba en ellos, mientras me ponían oxígeno. Cuando reaccioné ya estaba en el hospital.
En 30 años de carrera, había sufrido las lesiones más comunes entre nosotros los luchadores: en rodillas, codos y cuello, pero ninguna me alejó del ring. En una ocasión me lastimé el talón y mis compañeros me pusieron con tela adhesiva una especie de red que servía como base para apoyar con seguridad el pie. Así, seguí cumpliendo los compromisos que tenía programados. Lo mismo sucedió con un tobillo: estaba tan inflamado que no me cerraba completamente la zapatilla y así subí a luchar durante los 15 días que duró la lesión, la cual, afortunadamente, no tuvo secuelas.
Regularmente, cuando me lastimo, recurro a pomadas, ungüentos, hielo y las efectivas hierbas como la pulpa de la sábila. La lesión más dolorosa que había sufrido fue aquella en que me lastimé el nervio ciático al caer sobre la dura tarima del ring del Auditorio Josué Neri Santos de Ciudad Juárez, cuando mi querido Eddie Guerrero me aplico uno de sus efectivos suplex. Recuerdo que llegué al hotel con un intenso dolor en la cintura y me bañé con mucho trabajo. Después me acosté para dormir y tocaron a mi puerta, cuando me intenté levantar me caí. No miento al decirles que me fui arrastrando hasta la puerta, la abrí y el promotor se quedó impactado al verme en el suelo. Mi padre también fue muy afortunado en el tema de las lesiones. Que él les platique:

Tercera caída: Habla el Santo
“Afortunadamente, y gracias a Dios, ninguna. Contusiones más o menos dolorosas, pero pasajeras. Lo más grave ha sido un golpe que me propinaron a la altura del corazón y que me tuvo dolorido por meses enteros al grado que me consideré seriamente afectado. Otra vez un golpe en la ‘manzana de Adán’, que me dejó afónico por varias semanas. Una fractura en la nariz me la desvío ligeramente, eso es todo, pero fuera del ring tres veces me he volcado en la carretera y las tres salí milagrosamente ileso”
Recuerdo que mi padre nos platicó de un golpe que le propinó Wolf Rubinsky en el oído; era un dolor intenso que su doctor inmediatamente atendió y así evitó que le quedara la oreja de ‘coliflor’, lesión muy común en luchadores y boxeadores; y ya al final de su carrera, tuvo aquel conato de infarto, que sufrió en el Toreo de Cuatro Caminos contra El Signo, El Texano y El Negro Navarro, a quienes desde ese momento se les bautizó como ‘Los Misioneros de la Muerte’.
Quiero agradecer a todos mis compañeros luchadores, a mis compañeros de RÉCORD, a mis amigos de la prensa, a mis queridos amigos Pedro Fernández y Horacio García, entre muchos y, sobre todo, a ustedes amigos aficionados por su preocupación y mensajes de aliento.
Gracias a Dios todo salió bien. Fui operado, pero no de las cervicales. Por el aumento de la presión ejercida sobre la región intraabdominal al momento de aplicar el martinete, se incarceró un segmento del intestino delgado que requirió cirugía de urgencia, se me abrió la ingle en dos zonas de cada lado. Estaré fuera de los encordados por unos 45 días. En mi trabajo todos estamos expuestos a lesiones. No es culpa de nadie, si no estuviera dispuesto, sería jugador de golf o estaría tras un escritorio. El asunto con LA Park y Wagner después lo arreglaré.
Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.


3 comentarios:

  1. Animo santo un martinete no acabara con.la leyenda plateada,dicen k santo c mete en rivalidades y ya ven k no,ellos se meten con El santo,,animo.El hijo Del santo es chingon!!!animo y acaba una vez kitale.la mascara,a ese payaso la park

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  2. La park se cree mucho:”la park te acuerdas kien te kito tu anterior mascara??” Animo santo,,santo,santo,santo!!!!

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  3. espero acabes con esos puercos.

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