jueves, 11 de julio de 2013

La trágica vida de Merced Gómez


Primera caída: Su niñez y juventud
En estos días que he estado en mi hogar, recuperándome de la operación a la que fui sometido, he notado en mi estado de ánimo una enorme sensibilidad y seguramente esto es natural dado a que me doy cuenta (tal y como se los comente la semana anterior), de lo vulnerable que soy.

Después de esta experiencia, he valorado aún más lo afortunado que he sido en mi vida y dentro de mi profesión. Ahora, que he estado dedicado a ver películas, a escribir y leer diferentes libros, le he encontrado un sentido aún más profundo a la vida, dándome cuenta de que hay seres humanos que en realidad han tenido una historia sumamente trágica, como es el caso de Merced Gómez, un hombre que el próximo 17 de julio cumpliría 103 años de edad.

Fue en 1910, en los rumbos de Mixcoac, aquí en la Ciudad de México, cuando vio la luz el hijo del valiente matador del mismo nombre, Merced Gómez, quien sentía un enorme amor por su pequeño hijo, a quien dedicaba su tiempo libre, enseñándole las labores del campo y a montar a caballo.
Seguramente, el pequeño Merced disfrutó, como yo cuando niño, los innumerables triunfos de su padre en los ruedos y los éxitos de su abuelo, quien era propietario de una productiva mina de arena. Sin embargo, muchas veces, cuando la vida comienza a sonreírnos llegan sucesos inesperados y Merced no fue la excepción.

Uno de estos sucesos fue cuando su padre (quien nació también en Mixcoac, en esta capital, el 6 de agosto de 1887), en medio de una riña, fue herido por el banderillero español Antonio Ramos el ‘Carbonero de Sevilla’, con una puntilla en la pierna izquierda. El 10 de marzo siguiente sufrió la amputación.
Obviamente, se vio obligado a retirarse de los ruedos y aun así se fue a trabajar a la mina de arena, pues tenía que sacar adelante a su familia. Lamentablemente, el 17 de mayo de 1923, murió en el derrumbe de esta mina.

Merced Gómez traía en las venas la sangre de héroe de su padre y fue a los 22 años de edad que inició sus primeros trabajos en la famosa mina de arena propiedad de su abuelo, en donde los rudos trabajos y el ejercicio físico lograron formarle un cuerpo atlético.

Sus amigos le aconsejaban que se convirtiera en boxeador y él, ansioso de destacar y obtener fama como lo había hecho su padre, se puso a entrenar y logró convertirse en boxeador profesional, peleando todos los domingos en arenitas de barrio, donde ganaba buen dinero. Se sentía realizado y feliz.

Segunda caída: El fatal destino
Gómez, obtuvo su primera gran oportunidad en 1937, en la Arena México, en donde enfrento a un pugilista experimentado y golpeador contundente conocido como Gabriel de Azcapotzalco.
Fue una violenta batalla en la que Merced atacaba sin cesar, empujado por su orgullo y valor, pero su adversario, con mayor experiencia, le propinaba fuertes golpes en el rostro y el final de la contienda llegó cuando un derechazo se estrelló en el ojo izquierdo de Merced. El fuerte golpe tuvo severas consecuencias: se le desprendió la retina y en pocos días, Merced perdió la vista y el ojo, el cual fue substituido por uno de vidrio.

Tiempo después, y gracias a su amor por el deporte, continúo en el gimnasio, conociendo a un grupo de luchadores que lo animaron a entrenar hasta que se convirtió en luchador profesional. Su entrega, su estilo y su enorme perseverancia, lo convirtieron pronto en figura principal de este deporte y en un consentido del público aficionado.

En 1939, se enfrentó a un luchador alemán de nombre Louis Kodrick, apodado ‘El Fenómeno Cuadrado’, quien tenía el antecedente de haber enviado a tres luchadores al hospital, uno de ellos el Lobo Negro, con una lesión en la espina dorsal.

En aquella lucha, era tal la paliza que el alemán le estaba propinando a Merced Gómez, que el mismo público le pedía que se rindiera, pero su amor propio y su orgullo lo sacaron adelante y contraatacó con su característica furia, logrando desquitarse de su corpulento adversario alemán a quien supero en el ring, alcanzando el triunfo en tres reñidas y dramáticas caídas, siendo posiblemente ésta (según los expertos de la época), la victoria más meritoria, pero también la más dolorosa, físicamente hablando, de Merced Gómez.
La vida volvía a sonreírle y el héroe de Mixcoac la disfrutaba al máximo. Gozaba de fama y fortuna, del cariño del público, pero un famoso y singular personaje enmascarado, que era odiado por los aficionados por ser traicionero y por sus alardes de grandeza, se interpuso en su camino. Este enmascarado era el también famoso ‘El Murciélago’, un polémico luchador que se caracterizaba por subir al ring con suntuosas batas, acompañado por víboras, alimañas y, a veces, con una pequeña jaula que contenía una decena de murciélagos, que dejaba escapar para asustar al público.

Fue un domingo 23 de junio de 1940, cuando se enfrentaron estos dos luchadores de estilos y personalidades totalmente diferentes, en una lucha de Máscara contra Cabellera. Según las interesantes crónicas de esa época: “Aquella lucha fue diferente a todas, el odio surgió por corrientes ocultas, fue un duelo que tuvo matices de pasión incontrolable y en donde la acción bárbara afloró en aquel torneo de violencia”

Tercera caída: El trágico fin
Una patada a ‘La Filomena’, que era la especialidad del Murciélago, colocada en plena cara de Merced, decidió la contienda y el ídolo de Mixcoac perdía esa noche la cabellera. En aquel momento, nadie pudo saber las graves consecuencias de aquella agresión, pero al paso de los días, Merced empezó a perder la vista del ojo derecho, mientras que su último rival se encontraba encumbrado, después de dejarlo sin cabellera. Y había sido tal su éxito, que una semana después, el domingo 30 de junio en la misma Arena México, el Murciélago se volvía a jugar la máscara, ahora contra la cabellera del entonces Campeón Nacional de peso Ligero, Bobby Bonales, a quien también dejo pelón.

Dos cabelleras al hilo aumentaban las ambiciones del Murciélago, mientras que al paso de los días, la situación de Merced Gómez iba empeorando, teniendo, igual que su padre, que tomar la difícil decisión de retirarse del deporte. El jueves 4 de julio, el Murciélago, por tercera vez exponía su capucha, ahora contra la cabellera de su rival en turno, ‘Dientes Hernández’, a quien también derroto en tres caídas.

Merced, por su parte, ya estaba retirado de la lucha libre y gracias a sus amigos, conseguía un empleo como inspector en una dependencia oficial.

En todos los lugares se escuchaban los comentarios de repudio de la gente hacia el Murciélago, a quien querían ver derrotado y sin máscara. Fue el domingo 14 de julio cuando por cuarta vez consecutiva, el Murciélago exponía su incógnita, los aficionados apoyaban en un 90 por ciento a su nuevo rival; Octavio Gaona, quien exponía la cabellera.

Y por fin, para sorpresa del enmascarado y beneplácito del público, hubo alguien que lograba terminar con el misterio del polémico y famoso Murciélago, quien al despojase de la máscara, se identificó como Jesús Velázquez Quintero.

Dos días después se celebraba una función a beneficio de Merced Gómez, en la que participó Jesús ‘Murciélago’ Velázquez. Sin embargo, y a pesar de recibir el apoyo moral y económico de todos sus compañeros luchadores, como siempre sucede en la lucha libre, mas no de las grandes empresas, el infortunio seguía acechando a Merced Gómez cuando perdió definitivamente la vista del ojo derecho y a la vez, se quedaba sin su trabajo de inspector.

Totalmente ciego y golpeado brutalmente por la vida, Merced Gómez terminó sus días en el conocido manicomio de La Castañeda. “Sólo en la muerte encontró remedio a sus desdichas”.

Por lo tanto, después de haber escrito esta columna, me doy cuenta que soy un ser sumamente afortunado y feliz de saber que podré enfrentarme en una revancha, no sé cuando, ante L.A Park, porque esto no se quedara así.

Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.



3 comentarios:

  1. Asi es santo gracias xlas historias.que nos platicas los que amamos.la luchalibre mexicana te lo agradecemos,,creo k la park se pasó contigo santo ponlo en su.lugar esa calaca no es nada con El santo

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  2. que historia, lamentable pero parte e la vida social de nuestro mexico, gracias por recordar este personaje

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  3. Me parece muy bien que recuerden a mi tio abuelo solo que me encantaria no se dijeran mentiras, no se xq siempre hablan de lo que no les consta y todos dicen q murio en la casatañeda si bien es verdad q el nosocomio se encontraba cerca de su casa, no significa que el estuviera ahi internado sugiero que indaguen bien la historia y no se hagan mitos de las cosas que no fueron cuando quiera estaria encantada de contarles como fueron realmente las cosas.

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