jueves, 1 de agosto de 2013

El Santo, “un salvaje e hipócrita”

Primera caída: El final de la lucha
La semana pasada prometí en esta columna de RÉCORD continuar el relato hecho por El Santo sobre su debut, hace 71 años. Para mí son tesoros que guardo con celo y, sobre todo, con mucho amor y que me gusta compartir con ustedes.

Habla El Santo: “Lo qué sucedió en el ring de la Arena México aquel domingo 26 de julio de 1942 fue inolvidable. La gente estaba indignada y la prensa de ese entonces me catalogó como salvaje e hipócrita, porque el nombre de batalla parecía inadecuado y absurdo para un luchador recio, rudo e implacable, tal y como me calificaban los expertos.

Dio inicio la tercera caída de la lucha entre Ciclón Veloz y yo. Don Chucho Lomelí me miraba duro y sentí cómo en sus ojos me exigía concentración. La rabia me empezaba a carcomer los huesos: tenía deseos de venganza y me concentré más en la lucha que en la gente.

Ignoré los chiflidos y me fui sobre mi enemigo, cerré las manos y los puños se ensañaron en Ciclón. Lo tenía contra las cuerdas, no me importaba nada, sólo quería desquitarme y utilicé recursos prohibidos. Le piqué los ojos, le golpeé sin descanso y la indignación creció rápidamente en el público: me insultaban, pero eso era finalmente mi propósito, así que continué atacando y los aficionados pedían que me descalificaran.
Veía los rostros de odio en los caballeros y en las damas observaba gestos de horror y repudio hacia mi persona e, inexplicablemente, yo lo disfrutaba minuto a minuto.

Continuaba la masacre y don Jesús Lomelí intervenía enérgicamente, aunque por momentos me consecuentaba un poco. Perdí la cabeza y continúe con mi labor destructiva sin importarme las consecuencias. Golpeé mucho a Ciclón, quien no caía y cuando lo hacía lo levantaba y le daba más y más. Olvidé a Lomelí y al público tan exaltado.

Me cegaba la idea de saberlo campeón y entonces le gritaba: ‘¡Ciclón de los diablos, con que eres campeón!’ Entonces, el referí una vez más se interpuso, lo golpeé también a él y don Chucho, muy a su pesar, me descalificó y así perdí la tercera caída y la lucha. Algunos aficionados entraron al combate y salí corriendo a los vestidores.

Después, tuve que disculparme con don Jesús Lomelí diciéndole que estaba ofuscado, que lo había golpeado sin pensar, pero de pronto me interrumpió y vi en su rostro una sonrisa de satisfacción. Me quedé sorprendido cuando me dijo: ‘¡Te felicito muchacho, ésa era tu misión esta noche y lo has hecho muy bien!’.

Segunda caída: El siguiente día
“Después de la ducha salí camino a casa y algo más me fortificó. Un periodista tropezó conmigo en la puerta de los vestidores. Me dijo que sería un gran luchador, que comenzaba estupendamente. ¡Era la primera frase amable de un extraño! Ese periodista hoy es mi mejor amigo y mi compadre.

Hombre de acción, vivo corazón de Sonora, Jesús Castañeda y Esquivel, había dejado muy atrás los episodios de sangre de la Revolución Méxicana, en que ganó las tres estrellas de coronel, y había encontrado en el periodismo deportivo una forma de expresión valiente.

Cuando regresé a mi hogar, saludé a mi esposa y apenas pude meterme a la cama. Le pedí unos fomentos de agua para los moretones que abundaban en mi cuerpo y entonces ella me preguntó: ‘¿Fue duro?’ Yo moví la cabeza y le contesté que no y me quedé profundamente dormido. A la mañana siguiente, ella leyó horrorizada en los encabezados y las crónicas de los diarios deportivos cómo me llamaban ‘El Salvaje Hipócrita’. Desconocía el deporte y tuve que explicarle las vicisitudes y las trampas.

Desde entonces, vive al pendiente de los periódicos y las revistas y me expresa constantemente lo orgullosa que se siente de mí al verme triunfar, pues nadie mejor que ella sabe las inmensas penalidades que viví al principio de mi carrera.

El aprendizaje duró años y años y en este lapso ocurrieron los sucesos más sufridos, los percances más terribles, la humillaciones y sólo un espíritu de sacrificio me mantuvo a flote.

Cuando fui preliminarista, viví un calvario, me hacían menos los que estaban arriba, me menospreciaban porque quería igualarles y superarles. Quisieron hundirme desde el primer momento con esos bautizos absurdos que significaron mucho en mi futuro. Soporté injurias y golpes, pero hoy puedo decir con orgullo que valió la pena.

Tercera caída: Lo que vendría después
“Mi segundo combate fue contra Dientes Hernández. Había más expectación de verme en el ring después de lo sucedido el día de mi debut. La bronca se repitió. Después de darle una golpiza al maestro de Huichapan, llegó la descalificación. Las crónicas decían que yo era un rudo incorregible.

Mi tercera lucha fue contra Bobby Bonales el domingo 16 de agosto en una lucha sumamente emocionante. Ninguno daba un paso atrás. Aumentó la tensión por el castigo atroz que ambos nos propinábamos y en la tercera caída, Bonales me sacó del ring y se encarreró para lanzar un efectivo tope entre las cuerdas superiores que dio en mi quijada y quedé noqueado, mientras el referí contaba los 20 segundos. Hasta ese momento tres derrotas, aunque dos por descalificación.

Mi primer triunfo fue contra un gran villano que presumía de ser el más rudo y el más bellaco: El Lobo Negro. Le gané en tres caídas y esa victoria me colocó como el mejor rudo. Convencí a propios y extraños.
El 4 de septiembre, mi víctima fue Ciclón Veloz y una semana después Dientes Hernández, quien intentó ridiculizarme y tuve que propinarle siete fouls en partes nobles; lógicamente, fui descalificado. Después, perdí contra Jack O’ Brien, pero logré llegar a las luchas estelares de los viernes.

El 4 de octubre 1942 fue mi primera lucha de relevos. Esa noche hice pareja con el Charro Aguayo y fuimos derrotados por Tarzán López y Lobo Negro.

¡Hoy puedo decir que fue, sin duda, el amor el que hizo posible este milagro deportivo. Hace 25 años éramos muy pobres, pero siempre hemos sido felices!”

Con estas sinceras y bellas palabras de mi padre por hoy me despido de ustedes estimados amigos de RÉCORD haciendo una reflexión: cuando El Santo iniciaba su exitosa carrera deportiva a los 25 años de edad ¿se imaginan lo triste que hubiera sido si hubiese fallecido dos años después?, ¿antes de convertirse en Campeón Nacional Medió?, ¿antes de filmar su primer película en La Habana, Cuba, a los 41 años?

Por ello, no puedo dejar de expresar mi profundo sentir por el repentino fallecimiento del joven futbolista ecuatoriano Christian Benítez, suceso sumamente lamentable no sólo para los seguidores del equipo América (donde fue tricampeón de goleo), sino también para todos los aficionados al futbol. Sobre todo, porque ‘El Chucho’, a sus 27 años, tenía toda una vida de éxito por delante. Descanse en paz. Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.



1 comentario:

  1. Eso santo xeso santo es mi idolo y su hijo también,luchadores k dejaron huella y entrega en cada lucha,diciplina,técnica a este duro y fuerte trabajo de ser luchador,en gloria estes santo y un saludo al hijo Del santo y felicitarlo xlo k nos brinda de la vida privada Del santo gracias

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