jueves, 15 de agosto de 2013

Inolvidable pionero de la lucha libre mexicana

Primera caída: Jesús Lomelí
Estoy convencido que mi padre estaría muy orgulloso y feliz si supiera que hoy, en esta columna de RÉCORD, recordé a don Jesús Lomelí, su gran amigo y consejero. Este visionario hombre sería la persona clave y, quizá, el hombre más importante en la carrera profesional de mi padre, pues don Chucho, dentro de la lucha libre, fue el creador del personaje y nombre de El Santo. También estoy convencido que Lomelí se sentiría muy orgulloso de todo lo que El Santo logró después de que él falleció en 1966.
Don Jesús Lomelí disfrutó junto a mi padre el éxito que tuvo en la lucha libre, en la historieta editada por José G. Cruz, así como sus primeros éxitos dentro del cine. De 1966 a 1984, mi padre cosechó muchos éxitos y triunfos que ya no pudo disfrutar su querido amigo. Sin embargo, don Chucho Lomelí logró ver cómo el nombre de El Santo, llevaría a mi padre a los lugares más insospechados de popularidad.
Los grandes periodistas y cronistas deportivos de la época, como don Leopoldo Meraz, decían que la lucha libre nacional estaba en deuda con don Chucho Lomelí por todo lo que este visionario hombre había aportado al deporte, pues fue uno de los mejores organizadores, programadores, réferis y descubridor de talentos. Marcó toda una época en la lucha libre, deporte al que dedicó su vida. Habla El Santo:
“A Don Jesús lo conocían todos, era un hombre respetado por la familia luchística y no había un luchador mexicano, estrella o preliminarista, que no hubiese escuchado con su voz potente y fresca sus consejos. Para él, todos los luchadores eran iguales y así se los hacía sentir. Por esa razón fue tan querido por todos y se caracterizó por el impulso y colaboración que brindó a la lucha.
Por él, muchas figuras como el Cavernario Galindo y yo aparecimos en el candelero, quedando atrás los extranjeros. Fui una hechura total de don Chucho, él me hizo enmascarado, me puso el soplo de tragedia, me enseñó a caminar con gallardía y me enseñó que el fracaso es tanto o más grande que el triunfo”.
Segunda caída: Como réferi
Dicen que era muy enérgico; sin embargo, muchas veces su actitud le causaba problemas con los luchadores, quienes al fragor de la batalla, se ponían al tú por tú con él y muchas veces lo golpeaban como fue el caso de El Santo en el día que debutó, o en aquella otra ocasión en que Firpo Segura lo noqueó de un derechazo accidentalmente; él no permitía que le faltaran al respeto y los descalificaba. Era un referí amante de lo legal y totalmente imparcial. Muchas ocasiones bajó con la camisa rasgada, pues él era tan estricto y no se prestaba a ningún juego ilegal, que los luchadores rudos en su desesperación, le rompían la camisa en señal de reclamo.
Era un réferi que no pasaba desapercibido; era odiado o aclamado por el público y siempre indispensable en las funciones de la vieja Arena Nacional y de la México. Era el ‘Caballito de Batalla’ vestido de blanco de Lutteroth, porque sabía imponerse y daba vida al espectáculo, sin intentar ser protagonista como sucede con muchos réferis de ahora. Sus ademanes autoritarios robaban cámara a rudos y a técnicos, pero siempre mantenía su lugar en el cuadrilátero.
Fue un réferi serio que sabía imponer su autoridad y hacía respetar las reglas, por tales razones, luchadores como Gardenia Davis y Gray Shadow (Daniel Aldana), se oponían a que subiera y no lo querían en sus combates, pero cuando los luchadores estaban preocupados por ganar, a escondidas, subía don Chucho y bajaba al réferi sustituto. Fueron miles las luchas en las que Lomelí participó con Tarzán López, el Charro Aguayo y con todos aquellos grandes luchadores de la época dorada de la lucha libre. De ser consejero, programador, promotor foráneo y réferi de la empresa de los Lutteroth, un día pasa algo y le dieron las gracias y él abandonó todo para trabajar con ‘Los Promotores Unidos Mexicanos’.
Nadie es indispensable, pero tampoco nadie es sustituible y para la Coliseo esto tuvo una trascendencia tan brutal ya que ahí hacía falta un Lomelí. Su última aparición como réferi fue en la Arena Coliseo en 1947 en una lucha de Campeonato Mundial Medio entre Gory Guerrero y Wolf Ruvinskis y se recuerda que cuando se anunció que el réferi de ese combate sería Lomelí, la ovación entera, fuerte y ensordecedora le correspondió a él. Llegaron otros grandes réferis, pero uno de los que le aprendieron mas a él fue Eddy Palau.
Tercera caída: Su muerte
El semanario deportivo ‘K.O’ del 19 de junio de 1966 publicaba una esquela en la pagina 28 la siguiente nota:
“Don Jesús Lomelí Delgado falleció en la ciudad de México la madrugada del 10 de junio de 1966 víctima del corazón. La noticia, que corrió como un reguero de pólvora entre el gremio luchístico, causo gran conmoción en todos aquellos que lo conocieron y apreciaron por su gran don de gente. Lo mismo que réferi, como empresario y como encargado de las importantes funciones dentro de la empresa del señor Lutteroth, que implicaba el puesto de programación, don Jesús siempre fue una garantía.
“Con su carácter siempre gentil, don Chucho siempre tenía una solución para todos. En los últimos meses se le veía agitado por sus males pero se aferraba para cumplir religiosamente con sus importantes labores, sólo cuando de verdad le era imposible no pasaba lista de ‘presente’ en su escritorio, el escritorio que ahora está vacío donde todavía le imaginamos trabajando infatigable.
“Más de uno de esos recios gladiadores a los que vemos desplazarse con furia y energía sobre los encordados no pudieron contener una lágrima como último y sincero homenaje”.
Siempre apoyó a las mujeres luchadoras como Toña ‘la Tapatía’, Chabela Romero e Irma González, pues les conseguía trabajo en provincia ya que aquí en el Distrito Federal tenían prohibido luchar. Fue sepultado en el Panteón Francés el sábado 11 de junio de 1966. “Hoy, Lomelí es una leyenda de color blanco, el nombre más familiar a la lucha mexicana, genio creador y réferi inolvidable”: Leopoldo Meraz.
La lucha libre mexicana es mucho más que empresarios vivales que viven a costillas de la materia prima que es el luchador; es más que luchadores vividores que lo último que hacen es deporte; es mucho más que réferis payasos que se creen más importantes que los luchadores.
La lucha libre es, aunque además de deporte se le considere espectáculo, algo más serio que también incluye réferis profesionales y con ‘pantalones’ para hacer valer su autoridad arriba de un cuadrilátero. Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.

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