jueves, 8 de agosto de 2013

Luchadores extranjeros que se enamoraron de México

Primera caída: Coloso Colosetti
Estimados amigos de RÉCORD, siempre me parece interesante compartir con ustedes algo de la historia de la lucha libre y de los luchadores de todos los tiempos. Hoy, quiero presentarles a tres grandes luchadores extranjeros que se quedaron a vivir en nuestro país.
Hace 30 años, debuté en la lucha libre, enfrentándome a un luchador del cual hoy les contaré. Recuerdo que vi luchar a Coloso Colosetti enfrentando a mi padre en encuentros de relevos, donde El Santo se hacía acompañar por Mil Máscaras, El Solitario, Ray Mendoza o cualquier otro luchador de mayor tonelaje.
Colosetti, entonces, formaba la pareja de los ‘Guerrilleros’ con el gran luchador veracruzano César Valentino. Elio Carlos Colosetti Drazich, su verdadero nombre, nació el 19 de mayo de 1940 en el barrio deportivo de Briñaneda, en Buenos Aires, Argentina.
Jamás me imaginé que unos años después, Coloso Colosetti sería mi primer gran rival junto con Sangre Chicana, aquel lunes 18 de octubre de 1982 en Nuevo Laredo, Tamaulipas. Esa noche, yo contaba con el apoyo y experiencia de mi compañero Ringo Mendoza.
Coloso Colosetti recuerda con profunda nostalgia los años de su niñez, con sus hermanos Carlos y Luis José, y sus queridos padres, Elio Carlos Colosetti y Francisca Drazich. Eran gente muy humilde y por esta razón Elio se vio en la necesidad de trabajar a muy temprana edad; desde los siete años empezó a practicar diferentes disciplinas deportivas en La Unión de Estudiantes Secundarios (La UES), inaugurada por el presidente Juan Domingo Perón.
“Trabajé como ayudante de construcción, como vendedor de hielo y de periódico; fui bolero y panadero. Cantaba ante el público y ganaba un dinero extra.
“Tenía un puesto en donde vendía refrescos y en una ocasión llegaron dos corpulentos tipos, bien vestidos, eran luchadores profesionales que iban a divertirse a las carreras de autos. Yo era un hombre bien parecido, alto y corpulento, pesaba 90 kilos. Entonces, comenzamos a charlar y uno de ellos me invitó a entrenar lucha libre. Eran nada más y nada menos que Wolf Rubinsky (Ruvinskis) y Tito Kopa.
“Ese día cambió mi vida para siempre. Ahí inicio mi aventura en el bello deporte de la lucha libre y entrenaba con ellos con gran entusiasmo, sin importarme la fiebre, los golpes y los regaños de mi madre, pero a como diera lugar, había que salir de esa maldita pobreza.
“Nunca olvidaré el día de mi llegada a este país tan maravilloso (México) ¡Che, se me abrió un nuevo mundo! Encontré grandes compañeros como René Guajardo, el Nazi, Karloff Lagarde y grandes rivales como Dorrel Dixon, Mil Mascaras y Ray Mendoza con quien perdí la cabellera y en la revancha le arrebaté el Campeonato Mundial semicompleto.
Hoy puedo decir que aquí en México he tenido las mejores luchas de mi vida”.
Segunda caída: Wolf Ruvinskis
Este extraordinario luchador, que muchos creen argentino, en realidad nació en Letonia en el año de 1919, aunque es verdad que llegó muy pequeño a la Argentina. Desde niño fue un buen estudiante y buen deportista. Combinaba sus entrenamientos de lucha grecorromana con sus clases de arte dramático.
Su debut como luchador profesional fue en Buenos Aires en el año de 1944 y un año después, en 1945, el 28 de junio, debutó en México derrotando a Bobby Bonales, algo que llamó poderosamente la atención del público, pues no se trataba de un extranjero más.
Continuó su paso arrollador venciendo a Tarzán López y a Gory Guerrero. Los aficionados empezaban a admirar al también conocido como ‘El Lobo Rubio’, quien se enamoró de México.
Aquí lo tenía todo, era un luchador estrella y se había ganado el cariño y admiración de los aficionados al brindar grandes encuentros con El Médico Asesino, Gardenia Davis, Enrique Llanes y El Santo.
Continuó su exitosa carrera luchística hasta que se integró a la Academia de las Artes para continuar sus estudios de actuación y así fue dejando a un lado la lucha libre. Su primer papel estelar fue en ‘Un Tranvía Llamado Deseo’, al lado de Nadia Haro Oliva. Así, del teatro, pasó a la televisión y, luego, al cine.
“El 20 de diciembre de 1951, don Jesús Garza Hernández me pidió que regresara a los cuadriláteros y el 10 de enero de 1952 dieron inicio las transmisiones de lucha libre en Televicentro. Esa ocasión, El Bulldog y yo nos enfrentamos a Enrique Llanes y Rolando Vera, iniciando así la época de oro de este deporte”.
Sin embargo, los contratos para hacer cine lo alejaron de México y filmó algunas películas en la Argentina, lugar en donde también promovió lucha libre llevando a varios mexicanos. Tiempo después, regresó a México para quedarse definitivamente y continuar su exitosa carrera como actor, compartiendo el escenario con los grandes ídolos de México, como Pedro Infante, Cantinflas, Tin Tan y El Santo.
Tercera caída: Jorge Allende
“Las calles estaban invadidas de cadáveres, los víveres escaseaban y por las noches me invadía el temor al escuchar a lo lejos el tronar de los cañones y el silbar de las balas. Mi padre, Manuel Allende Portilla, nos tranquilizaba a mis hermanos y a mí para sentirnos seguros. La Guerra Civil española dejó miseria y muerte en miles de familias. Era un martirio vivir así, fue por ello que mi padre decidió emigrar a México con toda nuestra familia y aquel viaje en barco fue una nueva esperanza de vida.
“Cuando pisamos Veracruz, se me figuró como si todo hubiera sido una terrible pesadilla. En México encontramos paz y calma en nuestros corazones. Mi padre, con sus ahorros, puso un restaurante y salimos adelante. En mi adolescencia continúe mis estudios y trabajé en la Compañía de Luz y precisamente ahí cambió mi destino.
“José Luis ‘Chale’ Romero, se hizo mi amigo. Él era uno de los grandes luchadores en las arenas de barriada de México. Me llevó a entrenar y aprendí los secretos del colchón a pesar del disgusto de mi familia. Luché en muchas arenitas y finalmente a base de mucho entrenamiento y horas en el gimnasio, el profesor Avendaño, me llevó a la Arena México en donde debuté un 13 de septiembre de 1952 en una batalla campal donde me tocó enfrentar a Gory Guerrero”.
Jorge Allende Guerrero nació el 1 de abril de 1927 en Madrid, España, y fue uno de los mejores luchadores españoles que triunfaron en México, como lo hizo su compatriota Fernando Osés. Fue uno de los más grandes rivales de El Santo, quien lo dejó sin cabellera en más de dos ocasiones y, al final de su carrera, se convirtió en promotor de lucha libre en la Plaza de Toros ‘La Aurora’, junto con El Cavernario Galindo.
Así como se enraizaron en nuestro país, Coloso Colosetti, Wolf Ruvinskis y Jorge Allende, muchos otros luchadores extranjeros lo han hecho, así como muchos futbolistas como el chileno Carlos Reynoso, Ricardo Lavolpe o el brasileño Luis Roberto Alves Zague; boxeadores, como ‘Mantequilla’ Nápoles y Ultiminio Ramos (oriundos de Cuba) y qué decir de grandes cantantes como Olga Guillot y la argentina Libertad Lamarque, quien, en nuestro país fue realmente donde hizo una carrera exitosa. Afortunadamente, la mayoría de ellos han aportado algo a nuestro México querido.
Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.

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