sábado, 7 de septiembre de 2013

Los réferis en la lucha libre


Primera caída: Su importancia
Los réferis en la lucha libre son tan importantes como los mismos luchadores; de su actuación mucho depende que un combate sea bueno o malo, pues es él quien en muchas ocasiones anima a los contendientes a dar un mejor rendimiento. Por ejemplo, es muy común que cuando vamos a subir al ring, el réferi se acerque a nosotros y nos comunique el estado ánimo del público diciéndonos: “armen escándalo porque la gente esta fría” o “échenle ganas porque la gente esta calientita”. Esto quiere decir que si la gente esta fría, tenemos que subir con un gran entusiasmo para contagiar al público e identificar qué es lo que quieren ver: llaveo, golpes o movimientos espectaculares; si la gente está facilita, quiere decir que todo lo que hagamos lo estarán disfrutando y festejando al máximo, lo que anticipa una buena lucha.
Otro apoyo importante del réferi es que él tiene la capacidad de tranquilizarnos cuando estamos nerviosos antes de subir al ring, dándonos ánimo y diciéndonos frases como: “sólo sube a hacer lo que sabes hacer” o “diviértete y disfruta la lucha” y en ese momento nos relajamos y subimos con mayor confianza.
Desde el momento de subir al ring, la participación del réferi es indispensable, sin embargo, hay que tomar en cuenta que no todos ellos poseen la experiencia o quizá la confianza para darnos un consejo, muchos ni siquiera nos hablan. El réferi debe saber todo lo referente a los luchadores a los que va a ‘referear’, si son novatos, si tienen experiencia, si son buenos a ras de lona, si son ‘voladores’, si son improvisados, si son disciplinados, si tienen condición física, resistencia, hasta saber si son violentos e impulsivos.
Los árbitros se deben adaptar al estilo de cada contendiente. Es muy importante para ellos detectar cuando en los combates no sólo hay una lucha cuerpo a cuerpo, ya que en ocasiones también hay guerra de egos, de vanidad y amor propio entre los luchadores, y para que la lucha no se desvíe ante estos sentimientos, el réferi, como autoridad, debe darle su lugar a cada uno de los participantes y garantizar así la actuación de cada uno de ellos y la suya propia.
Por ejemplo, él debe darle su tiempo a cada uno ya que muchas veces (como vulgarmente decimos), alguno le quiere ‘comer el mandado’ a sus compañeros, lo cual es muy común, entonces el réferí, sutilmente y con tacto, debe exigirles que den la oportunidad a los otros de participar.

Segunda caída: Su responsabilidad
Ser réferi es un trabajo complejo y difícil, de ellos depende que el resultado de una lucha sea claro o polémico. Si a su juicio ve que una llave es definitiva, debe de estar atento al movimiento de las manos de quien recibe el castigo e interpretar correctamente si se está rindiendo o sólo dice que no se rinde.
También debe estar atento al sonido de nuestra voz y no adivinar, pues mientras el que castiga le grita “¡pregúntale!”, el que soporta la llave dice “sí, no, no me rindo, me rindo o bueno, bueno, bueno”. Es por ello que deben de estar concentrados en su trabajo y no estar distraídos ante los insultos del público.
Cuando se colocan ‘espaldas planas’ o llaves con toque de espaldas, como una ‘rana’, un ‘puente olímpico’, una ‘hurracarrana’ o una ‘casita’, los réferis, en primer lugar, deben estar seguros de que la espalda está completamente pegada a la lona, deben de contar las palmadas con la suficiente fuerza para que podamos escuchar, pues ha sucedido que cuentan las tres palmadas y nosotros sólo escuchamos dos y perdemos la caída, siendo que muchas veces va de por medio una máscara, una cabellera o un campeonato, pudiendo causar con ello una confusión ante el público.
Esto me sucedió a mí en una ocasión exponiendo mi máscara contra la máscara de Aristóteles II, en la Plaza de Toros de Caletilla, en Acapulco, el 27 de noviembre de 1985. La lucha estaba pactada a dos de tres caídas, pero como era un torneo y todas las luchas de eliminación habían sido a una sola caída, la gente creyó que la final sería también a una caída. La obligación del referí era indicar al anunciador que la lucha era a dos de tres caídas y no lo hizo.
Ya después de casi 10 minutos de combate en la primera caída, Aristóteles me aplico un ‘paquetito’ y al tener el cuerpo de mi adversario sobre mi cabeza, yo no escuche la cuenta del réferi Braulio Mendoza, quien contó sin fuerza las palmadas y cuando logré romper el castigo, el réferi había contado tres palmadas, logrando con ello que los aficionados festejaran el triunfo de su paisano y me exigían que me despojara de mi máscara.
Obviamente, yo ignoré la petición del respetable y me fui a mi esquina para descansar y esperar la campanada de la segunda caída, mientras el grito de “¡fraude, fraude!” no se hizo esperar. Fue hasta entonces que Braulio Mendoza anunció que la lucha era a dos de tres caídas sin límite de tiempo. ¡Imperdonable error a este réferi en una lucha de apuesta! Afortunadamente saqué la casta y gane la segunda y la tercera caída.

Tercera caída: Su estilo
Cuando un réferi es bueno, sabe cómo trabajar el encuentro, pero sobre todo sabe cómo hacerlo en el clímax del mismo, cuando llegan los diferentes finales y sobre todo cuando son espaldas planas y su mano toca la lona y cuenta uno... dos y, antes de que su mano golpee una vez más la lona, logra que la gente ya esté en el filo de la butaca esperando el angustiante o esperado ¡tres! (según sea el caso). Un buen réferi logra transmitir esa gran emoción al público, un buen réferi vive el momento con pasión y también vibra con cada llave y en cada conteo.
Otra cualidad que debe tener un réferi es detectar cuando existe cansancio entre los contendientes y entonces debe darnos el suficiente tiempo para que nos recuperemos, mandándonos momentáneamente a nuestra esquina o acercándose a cualquiera de nosotros para hacer un alto y, sin que el público lo note, recuperar nuestro aire.
En cuanto al estilo, existe una gran variedad. Hay réferis muy serios que hacen valer el reglamento al pie de la letra, hay otros que se inclinan por el bando rudo, otros más son imparciales, algunos otros sólo pretenden ser protagonistas.
Los mejores y más experimentados son aquellos que no pasan desapercibidos, que tienen la capacidad de hacer participar sutilmente al público con sólo voltear a las gradas y pedir su participación, que no se dejan llevar por las exigencias de los aficionados -que piden el castigo de un gladiador sin más razón que la antipatía que sienten por éste-, que son flexibles para aplicar el reglamento, ya que si un árbitro impusiera todos los castigos al menor motivo y lograra que los contendientes se apegaran totalmente a las reglas, la lucha dejaría de ser un espectáculo en el cual a los aficionados se les ponen los pelos de punta.
Al paso de la historia de la lucha libre, han desfilado innumerables réferis; unos han dejado huella y otros han pasado desapercibidos. De los que han dejado huella están desde los que acostumbraban vestirse de blanco como don Chucho Lomelí, Rudy Blancarte, Octavio Gaona, Eddy Palao y Roberto el ‘Güero’ Rangel. Otros más modestos pero no menos importantes como Mar Allah, el Trolebús y Rojitas.
Otros que rompieron las reglas utilizando un guante negro, como fue el caso del polémico Gran Davis o el irreverente Tirantes y su vestimenta multicolor, hasta réferis que empezaron a utilizar sus playeras con rayas como el Brujo Duarte, Camarena, el Fresero, Shadito Cruz y el Bucles. Otros que fueron honorarios y sólo participaron en encuentros de mucha importancia como Gorila Ramos, Gory Guerrero, Karloff Lagarde, Ray Mendoza y Bobby Lee. Hasta los que se han puesto la camiseta de su empresa como Pompín, el Maya, Tigre Hispano y Baby Richard del CMLL o don Pepe ‘Tropi’ Casas, el Chocolate y el Hijo del Tirantes de Triple A, y los aún luchadores activos como Mano Negra, Black Terry y Negro Navarro, quienes forman parte del elenco de Todo X el Todo.
Muchas veces se dice que el referí se hace tonto al no intervenir en los desaguisados que los luchadores están cometiendo, pero según la opinión de muchos de ellos no es nada fácil hacer el papel de árbitro. El ser réferi de lucha no sólo requiere conocimientos profesionales, también condición física, imponer respeto y algo de psicología para entender los diferentes elementos con los que tienen que lidiar. Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras. 



4 comentarios:

  1. Te faltaron algunos referres estimado santo,como gran davis y gato montini

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  2. Y falté yo como referí mi admirado y estimado "Hijo Del Santo"
    Saludos

    Atte. La Maestra Maribel Gutiérrez

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  3. Incluso he tenido el honor de referearle en ciertas ocasiones en Laredo Texas y Mérida Yucatán:)

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  4. Y falté yo como referí mi admirado y estimado "Hijo Del Santo"
    Saludos

    Atte. La Maestra Maribel Gutiérrez

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