jueves, 31 de octubre de 2013

Los personajes terroríficos de la lucha libre

Primera caída:
Nuestras tradiciones, una parte primordial

En estos días en que los mexicanos recordamos y festejamos a nuestros muertos, es común decorar las casas con elementos relacionados con la muerte y el terror, y principalmente colocamos los tradicionales altares de muertos.
En esta columna, más que palabras me gustaría mostrar imágenes de los diferentes y funestos personajes que han dado vida a nuestra lucha libre, que es un deporte tan versátil que se adaptó a todo tipo de personas, entre los que se encuentran hombres y mujeres que han logrado, a través del tiempo, dejar una historia en nuestro país.
Algunos de estos luchadores y luchadoras son atléticos, otros son altos o gordos o chaparros o gigantes o enanitos o guapos o feos, e incluso algunos, mutilados y en ese entonces fueron catalogados como ‘luchadores fenómenos’, como fue el caso de Lupe Zárate, quien no tenía brazos y debutó un 14 de octubre en la Arena México, venciendo a Juan Sáizar.
Según su físico y personalidad, los luchadores han creado sus diversos personajes, lo que hizo y ha hecho que la lucha libre no sólo sea un deporte de contacto, sino que también se caracterice por ser un espectáculo popular, ya que cada uno de sus elementos, al cobijarse en los diversos personajes (que representan el bien y el mal), han logrando que el público se identificara con ellos según su estilo, su indumentaria y su singular personalidad. La lucha libre es tan amena que entra en el mito, la leyenda y la verdad del hombre, que enfrentándose a sus realidades, trata cada día de vencer y estar en el gusto de los aficionados.
Segunda caída:
Los luchadores y el origen de sus nombres

Hoy quiero rendir un homenaje a quienes lo merecen y revivir su paso por el tiempo. No puedo dejar de mencionar a los primeros luchadores que desde los años treinta surgieron y utilizaron su nombre de pila o buscaron un nombre relacionado con sus orígenes como fue el caso del mexicano Yaqui Joe, originario del estado de Sonora, donde el pueblo Yaqui originalmente se asentó, junto al río que lleva el mismo nombre. Por venas de Yaqui Joe corría sangre de esa etnia.
El inmortal Charro Aguayo, ‘El Dorado de Villa’, fue un hombre alto, pintoresco, atlético, que tenía la facilidad de ser rudo o técnico. Francisco Aguayo debutó un 24 de mayo en la Arena México, después de haber combatido en la revolución al lado de su general Pancho Villa; de ahí su indumentaria y nombre de charro.
El 29 de septiembre de 1933 debutó en la Arena Nacional Nicolás Veloz, a quien más tarde apodaron ‘Ciclón’, por su singular estilo que parecía un ciclón sobre el ring.
También llegaron dinastías, como la de los hermanos Guzmán, Jesús, Miguel, Rodolfo y Javier, quienes se convirtieron en la Pantera Blanca, Black, Ruddy y Jimmy Guzmán sucesivamente. Así como Esquimo, Ruddy e Hiram Blancarte, Huroki y Sugi Sito. Otra dinastía, cuya característica era tener el cuerpo cubierto de vello, la conformaron Antonio, José y Jacobo, mejor conocidos como los ‘Gorilas Macías I, II, y III’.
Llegaron también luchadores extranjeros, uno de los primeros, originario de China, fue Leong Tin-Kit Achiu, y su nombre de batalla fue el de Chino Achiu. El 19 de octubre del 33 debutó el estadounidense Ray Ryan, un luchador fuerte, de recia personalidad, y que gracias a su estilo salvaje, turbulento y veloz, se ganó el mote de ‘El Tigre’; él fue el primer gran rudo en nuestro país.
Otro extranjero, éste originario del Medio Oriente, debuto en nuestro país a finales del mes de octubre de 1934, bajo el nombre de Ben Alí ‘El Sheik’ Mar Allá, causando un agradable impacto entre la gente. Días después, el 14 de marzo de 1935 debutó en la Arena Nacional otro luchador de origen turco, cuyo nombre era Alí Kaba Shaba, cuya indumentaria representaba su origen.
El primer luchador incógnito fue precisamente ‘El Enmascarado’, quien debutó el 4 de marzo de 1934 en la Arena México. Más tarde llegó la Maravilla Enmascarada, quien era nada más y nada menos que el ya conocido irlandés Ciclón Mackey.
Tercera caída:
Los altares a los luchadores mexicanos

En estos meses de octubre y noviembre es muy común que se realicen diferentes festivales de cine, como el reciente Feratum Film Fest celebrado en el mágico pueblo de Tlalpujahuac, en donde todo está relacionado con el cine de terror. Ahí no podía faltar la presencia de El Santo, quien recibió un merecido homenaje por sus enfrentamientos contra las Mujeres Vampiro, Zombies, el Mundo de los Muertos, las Lobas y las Momias de Guanajuato, entre muchas películas más, y cuyos personajes han sido inspiración de muchos luchadores.
También decoro mi casa con motivos de día de muertos, con máscaras, velas, fantasmas y flores de cempasúchil, que aunque nos recuerdan los panteones, son típicas de la temporada. Sé que hay personas que son sumamente nacionalistas y que se molestan porque un personaje tan mexicano como el mío haga referencia a Halloween, pero seamos honestos, la Navidad tampoco es originaria de Oaxaca. Creo que actualmente no debemos perder nuestras tradiciones, pero sí debemos ser más abiertos a las tradiciones que de alguna forma son globales y han traspasado fronteras.
Lo mejor es preocuparnos por mantener vivas las nuestras y disfrutar esta temporada; yo pongo un pequeño altar, en el que siempre están mi padre y mi madre presentes, y les pongo ofrendas con lo que les gustaba comer y beber.
Otra tradición en México es la puesta en escena de El Tenorio Cómico, esta vez con mis amigos los Mascabrothers, Germán y Freddy Ortega, quienes me invitaron a debutar en teatro haciendo una pequeña participación este 1, 2 y 3 de noviembre. Ahí nos vemos, para reír un rato con este gran elenco.
Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.

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