jueves, 28 de noviembre de 2013

La difícil decisión de saber decir adiós

Primera caída: Sabias palabras de mi padre
Estimados amigos de RÉCORD, para mí siempre es un placer escribir y compartir con ustedes las diferentes historias que envuelven a la lucha libre, las anécdotas y la vida de los grandes luchadores que han entregado su vida a este bello deporte-espectáculo.
Debo confesarles que la columna de la semana anterior y esta que ahora tienen en sus manos no han sido fáciles de escribir. Me han costado mucho. De hecho, puedo decirles con sinceridad que he derramado algunas lágrimas al escribirlas, debido al delicado tema de mi lesión y también al escuchar y recordar las sabias palabras de mi padre que han quedado plasmadas para siempre en sus últimas entrevistas en televisión y la prensa escrita; son palabras que me han hecho estremecer y experimentar una profunda y hermosa nostalgia.
Cuando don Guillermo Ochoa, en su programa matutino Hoy Mismo, preguntó a El Santo si su hijo iba a ser luchador profesional, mi padre contestó: “Bueno, mi hijo ahorita esta estudiando la preparatoria y no quiero que sea luchador ¿Qué tal que me lo lastiman o le rompen un brazo? Por eso quiero que termine una carrera universitaria y después que haga lo que el quiera”.
El 23 de abril de 1980 mi padre comentó al periodista Angel Trejo del periódico El Sol de México lo siguiente:
“No lo quiero ver cruzando las mismas peripecias que sufrí yo en los cuadriláteros. Es difícil aceptarlo, pero si él quiere, allá él. Por ahora, yo no me meto, aunque le he impuesto algunas condiciones que debe cumplir. Pero eso sí, no lo dejaré subir a un ring sin una preparación de lo mejor. No lo he visto luchar y no puedo ofrecer un juicio sobre él, se que no soy un maestro y por eso lo he entregado a un buen profesor. Lo que puedo hacer por él es afinar su estilo y conocimientos, en una palabra: pulirlo”.
En otra entrevista, realizada en el diario Ovaciones el 17 de febrero de 1983, mi padre mencionó lo siguiente: “No quería que él fuera luchador, pero lo heredó y no puedo quitárselo. Además, como estudiante, me ha respondido magníficamente, le falta sólo un año para terminar su carrera y entonces el ‘gusanito’ que trae dentro se le calmará para dedicarse por completo a ejercer su profesión universitaria. No creo que dure mucho en la lucha libre. Después, como ya le dije, hará películas y ejercerá su carrera, ése es mi consejo y espero que me haga caso, en eso hemos quedado”.

Segunda caída: Los tiempos de Dios son perfectos
Dios no se equivoca y sabe el momento indicado para enviarnos las cosas. Pienso que es ahora cuando puedo dedicarme a ejercer al 100% mi carrera universitaria, dedicar más tiempo a proyectos que están pacientemente esperando para ser realizados, disfrutar más a mi bella mujer y a mis hijos; disfrutarme más a mí, dedicar más tiempo a mis amigos; a pintar, escribir, dar mis conferencias y a dar vida a mi fundación.
Los grandes ídolos de mi infancia y la mayoría de deportistas que admiro se han retirado más jóvenes que yo, y esto no es un consuelo: es ver y darme cuenta de lo afortunado que he sido al permanecer por 31 años sobre el ring, y poder seguir activo en otras actividades.
Decir adiós siempre es difícil, y más cuando en un deporte o espectáculo estamos acostumbrados al éxito, al aplauso, al contacto con el público.
Uno de mis más grandes ídolos en mi niñez fue Enrique Borja y dijo adiós como jugador profesional a los 32 años de edad; Hugo Sánchez, a los 40; Carlos Hermosillo, a los 38; Diego Armando Maradona, a los 37; Pelé, de 37 años.
En el boxeo, Julio César Chávez dijo adiós a los 45 años; Óscar de la Hoya, a los 36; Juan Manuel Márquez, posiblemente, diga adiós a los 41 años de edad. En otras disciplinas, se han retirado con éxito Ana Gabriela Guevara (a los 31 años) y Lorena Ochoa (a los 29).
Así que en el momento de mayor madurez y siendo aún un triunfador, empezaré a planearme el adiós, siempre agradeciendo infinitamente a mi padre por haberme apoyado y exigido que terminara mi carrera en Ciencias de la Comunicación, pues mi papá, igual que la mayoría de los papás, son hombres a quienes la vida ha golpeado de diferentes maneras y han tenido que aprender a salir adelante a base de caídas, lo que los hace adquirir una gran experiencia en la vida.
Afortunadamente, en 31 años de luchador profesional, jamás sufrí una lesión grave que me llevara al hospital y ha sido hasta ahora, en este 2013, en junio, cuando he tenido que someterme por primera vez a una cirugía, de 4 hernias inguinales, operación que fue todo un éxito por lo que volví al cuadrilátero.
Si bien es cierto que el ‘gusanito’ por la lucha libre no se me quitó y que antes de ejercer mi carrera universitaria me convertí en luchador profesional, duré más años de lo imaginado por mi padre y jamás me rompieron un brazo. También, me siento muy orgulloso de todo lo he logrado y de no haber defraudado jamás a mi fiel público.
Hoy, debo de empezar a asimilar mi situación y entender que el dejar de luchar y practicar la profesión que tanto amo, es entrar a otro ciclo en mi vida, uno que dará paso a muchas cosas más que también me llenarán de alegría y me harán feliz.

Tercera caída: Papá...
Hoy se ha terminado y cerrado un ciclo en mi vida, hoy tengo que empezar a decir adiós a esta hermosa profesión que me ha dado tantas y tantas satisfacciones. Lo primero que recibí de ella fue un papá como tú, al que amé profundamente y siempre quise emular, gracias a la enorme admiración que tuve y sigo teniendo por ti como hombre y como luchador, como Rodolfo Guzmán y como El Santo.
El 23 de septiembre de 1977, día en que cumplías 60 años, te regalé un álbum que yo mismo armé y te escribí que esperaba, algún día, llegar a ser como tú, seguir siempre el ejemplo que me habías dado y poder darte muchas satisfacciones.
Hoy pienso que no te defraudé y que igual que tú, me entregué a mi profesión y en cada lucha como si fuera la última. Di siempre lo mejor de mí a pesar de que muchas veces subí al ring lastimado o con el corazón destrozado, pero siempre con la frente en alto y dando lo mejor a mi público.
Hoy sé lo mucho que sufriste cuando los doctores te sugirieron dejar de luchar a causa de una lesión en tu corazón y tuviste que someterte a una cirugía. Hoy, estoy cada día más cerca de experimentar tus sentimientos al decir adiós aquel 12 de septiembre de 1982 cuando subiste por última vez al ring luciendo tu atuendo de El Santo.
No te equivocaste cuando me dijiste que si cuidaba tu personaje, éste me daría muchas satisfacciones a lo largo de mi vida, que si dignificaba la lucha, ella me dignificaría a mi, que si respetaba al público y demostraba ser todo un profesional, el público, a cambio me daría su reconocimiento y cariño.
Que si tenía fe en Dios y en mí, llegaría a ser un triunfador como tú, que si procuraba corregir los defectos que me señalaran los más sabios, sólo así podría aprender a ser grande; que siempre recordara que Dios había hecho a los hombres del mismo barro, pero que unos nos pulíamos más que otros y que jamás me sintiera superior a nadie; que siempre me encomendara a Dios y él jamás me abandonaría. Gracias papá por tu amor, tus consejos y por siempre poner tu mano en mi hombro.
Y para seguir con los buenos consejos de mi padre, me presentaré, aunque no pueda luchar, el sábado 30 de noviembre en el Gimnasio Olímpico Juan de la Barrera, donde cerraremos la temporada 2013 con un gran cartel. No falten. Ahí los espero.
Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.

By El hijo del Santo

1 comentario:

  1. Sin.palabras santo,ahora sigue con la.otra carrera,que tu papá desde allá te vera ahora como comentarista,Dios sabe xk hace.las cosas,y creo que tu papá intervino en esto,pues no quería verte sufrir y ya ves que te aviso a tiempo

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