jueves, 12 de diciembre de 2013

Las tradicionales peregrinaciones a La Villa


En la década de los 50 era muy común que mi padre encabezara las tradicionales peregrinaciones a La Villa de Guadalupe. El motivo era rendir tributo a nuestra virgen morena; entonces los colaboradores de Editorial Hit eran los que organizaban tan importe evento al que también asistían otros deportistas.

Primera caída: La peregrinación
En la década de los 50 era muy común que mi padre encabezara las tradicionales peregrinaciones a La Villa de Guadalupe. El motivo era rendir tributo a nuestra virgen morena; entonces los colaboradores de Editorial Hit eran los que organizaban tan importe evento al que también asistían otros deportistas.
El punto de reunión de boxeadores, luchadores, futbolistas, voceadores, empresarios, periodistas y público en general era en la glorieta de Peralvillo, a las 8 de la noche, lugar al que asistía una multitud para aclamar a sus ídolos.
Fue el miércoles 21 de diciembre de 1955, en la segunda peregrinación anual que realizaba este grupo editorial con mi papá, que un acontecimiento quedó para la historia. Esta es una de las muchas anécdotas de la vida y carrera de mi padre, quien recordaba aquella ocasión como un acontecimiento muy singular.
"Al llegar a la glorieta de Peralvillo, después de dar algunas vueltas para ubicar el lugar exacto en donde nos tendríamos que bajar del auto, una multitud se arremolinó alrededor, no me podía bajar pues la gente se empujaba contra las portezuelas para saludarme, tomarse una fotografía y conseguir un autógrafo.
"Cuando con la ayuda de algunos de los organizadores logré, por fin, bajar del auto, una avalancha de gente se fue sobre el coche, pero fue tal la fuerza de los empellones que empujaron la puerta abierta hacia atrás y la arrancaron. Mis hermanos y las personas que me acompañaban tuvieron que quitarla por completo para que no se fuera arrastrando y echaron la puerta al asiento de atrás. Después, con la ayuda de algunos otros, se abrió el paso entre la gente y logré llegar hasta donde se encontraba don Salvador Lutteroth y el nutrido grupo de luchadores que ya estaban listos para partir junto conmigo rumbo a La Villa.
"Luego de este acontecimiento me dispuse a ser el primero en cargar a mis espalda la ofrenda floral para la Virgencita; mientras caminábamos entre la muchedumbre, la porra ruda se encargaba de ir abriendo paso sobre la calzada. Después de caminar algunos cientos de metros, era el turno de los muchos aficionados que se turnaban para cargar con devoción y respeto el arco floral.
"Recuerdo que dentro de este nutrido grupo iban además de don Salvador Lutteroth, su hijo Chavo, el anunciador 'Chalano' Sugi Sito, el Coronel Castañeda, Manuel Robles, la familia Villanueva, el señor Francisco Blanco, don Leopoldo Meráz y cientos de aficionados y público en general, quienes caminaban junto a nosotros en silencio y unidos por la fe en la Morenita".

Segunda caída: La historia
Según la historia que nos contaba mi padre, quien fue fiel devoto de la Virgen de Guadalupe y nos inculcó su amor hacia ella, fue el martes 12 de diciembre de 1531, cuando la Virgen se apareció por cuarta ocasión a Juan Diego, quien iba a buscar ayuda para su tío enfermo. La Virgen encontró al nativo de Cuautitlán junto a un pocito y le anunció que su tío ya estaba sano, y le pidió que subiera a la cumbre del Tepeyac, juntara rosas, esto en una época y en un lugar donde no florecían rosas, pero el indio obedeció y allí estaban... sería la señal que debía entregar al obispo.
El medio día de aquel 12 de diciembre, Juan Diego fue recibido por el obispo Fray Juan de Zumárraga y ante él desplegó su ayate del que cayeron varias rosas de Castilla y, al mismo tiempo, en su manta apareció la imagen de la Virgen de Guadalupe.
Según la tradición, desde entonces, el 12 de diciembre se celebra con gran devoción, pero la primera noticia que tenemos de su festejo oficial es de 1667, cuando el Papa Clemente IX, en un documento pontificio, instituye este día como uno de fiesta en honor a la Virgen de Guadalupe, la patrona de los mexicanos y a quien con mucho cariño llamamos: la virgen morena. También, en 1824, el Congreso de la Nación declaró este día como fiesta nacional. En 1988, la celebración litúrgica de la Virgen de Guadalupe fue elevada al rango de fiesta en todas la diócesis de los Estados Unidos de América.
Actualmente se han multiplicado las expresiones de amor guadalupano, los peregrinos que celebran a la Virgen en La Villa, suman aproximadamente los seis millones.
Año con año, los festejos se inician en la víspera del 12 de diciembre con la interpretación de las tradicionales Mañanitas por parte de artistas famosos que hacen homenaje a nuestra patrona, la Virgen del Tepeyac, como también se le conoce. Mientras tanto, a pie, en autobuses, autos y bicicletas, de rodillas, con frío, con calor, con hijos en brazos, enfermos y sanos, de cerca y de muy lejos, los peregrinos se van sumando hasta ocupar por completo la basílica entera y el gran Atrio de las Américas, todo esto en uno de los actos de fervor religioso más notables del continente y todo es con el fin de rendirle tributo a la Virgen de Guadalupe. Toda la madrugada y hasta las 20:00 horas del 12 de diciembre continúa una serie de misas entre las cuales la más importante es la dedicada a la celebración y bendición de las rosas, al punto del medio día.

Tercera caída: La tradición
Así como hace años se realizaba la tradicional peregrinación a La Villa, sería muy bello retomarla y reunir, con mis compañeros de RÉCORD, a luchadores, futbolistas, boxeadores y deportistas en general e invitar a los cientos de aficionados que sin duda se unirían a nosotros para rendir este tradicional tributo a nuestra patrona. Estoy seguro que sería algo grandioso ya que hoy por hoy RÉCORD es el periódico deportivo más importante de México y estoy seguro que tendría una gran asistencia, donde además sería un buen momento para unirnos en pro del deporte mexicano.
Este evento lo realizaban una semana después del 12 de diciembre y se reunían miles de personas, ya que hacerlo el mismo día 12 les era imposible debido a la multitud de peregrinos y fieles que hasta el día de hoy (después de 482 años), se reúne en La Villa para venerar y celebrar a nuestra Guadalupana.
Yo aún conservo la buena costumbre que aprendí de mis padres: el tener siempre en casa una pequeña capilla dedicada a mis santos, donde también siempre está un Cristo junto a la imagen de la Virgen de Guadalupe, a quien nunca le falta una veladora encendida y a quien me encomiendo todas las mañanas para tener su protección. Yo me pregunto qué sería de nuestra gente, del pueblo de México, y de quienes tenemos esa gran devoción, esperanza y fe en la Virgen; unos queremos tener salud, otros trabajo, amor, dinero y hasta los deseos y peticiones inimaginables son lo que alguna vez todos, (o casi todos) le hemos hecho a la Guadalupana. Va desde aquí mi sincera felicitación a todas las Lupitas en este día tan especial. Y mañana viernes no olviden que los espero en la tienda de la colonia Condesa en la calle de Tamaulipas 219, con sus hijos, sus mamás, sus abuelitos o con quien gusten ir a partir de las seis de la tarde para compartir nuestra tradicional firma de autógrafos de Navidad.
Y pasando a otra cosa, yo sé que a muchos esto no les va a gusta, pero no olviden que sólo se trata de un deporte y ¡Hoy vamos de la mano de las Águilas del América por el bicampeonato! ¡Si señor!

Nos leemos la próxima semana desde Francia para que hablemos sin máscaras.

By  El Hijo del Santo

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