jueves, 20 de febrero de 2014

Así conocí a Blue Demon

Primera caída: Su gran personalidad.
Mucho se ha escrito de los grandes ídolos de la lucha libre mexicana como El Santo, Huracán Ramírez, Mil Máscaras o Blue Demon. Han sido páginas y páginas las que podemos leer en revistas, periódicos y libros, pero jamás serán tan interesantes como cuando nos platican su historia ellos mismos.

Cuando conocí a Blue Demon yo era apenas un niño y mi papá y él ya no eran rivales, ya eran compañeros en el ring. Era un verdadero gozo verlos formar pareja cuando las carteleras anunciaban "El Santo y Blue Demon".

Los vi luchar contra infinidad de rivales, en arenas grandes y en arenas chicas, ambas lucían repletas de un público ansioso por verlos juntos. Aparecían regularmente cargados en hombros y entonces no existieran las inalcanzables pasarelas que nos alejan de nuestros ídolos.

Blue Demon llegaba con su clásica capa azul y El Santo, con su capa de color plata con gajos azules, que combinaban con los colores de su compañero. También los vi filmar algunas de sus películas cuando mi padre me llevaba a los Estudios Churubusco. Ahí estaba Blue Demon, impecablemente vestido, en compañía de su inseparable Goyita, su querida esposa. Verlo me impactaba mucho, pues ya estaba tan acostumbrado a ver a mi padre que la presencia del Demonio Azul me cautivaba. Ni siquiera me podían distraer la gran estatura de luchadores como Coloso Colosseti o El Vikingo, ni los monstruos Drácula, Frankenstein o el Hombre Lobo. Era un hombre bajito de 1.75 metros aproximadamente, pero era muy fuerte, con unos poderosos bíceps y enormes manos que llamaban mi atención.

La última lucha que vi entre el Santo y Blue Demon se escenificó en el Toreo de Cuatro Caminos, era un Relevo Increíble, mi padre se hacía acompañar por Ray Mendoza y Blue Demon por René Guajardo. Después de muchos años, los viejos rivales volvían a estar frente a frente.

Años más tarde aproveché mis vacaciones y empecé mis entrenamientos en el gimnasio de la Arena México, el profesor Rafael Salamanca me citaba a las 11 de la mañana y a esa hora veía a un hombre que estaba terminando sus entrenamientos, tenía la piel morena y un especial tono de voz que llamaba mi atención. No imaginaba quién era, pero al paso de los días me fijé en sus manos y en sus brazos, lo empecé a observar detenidamente, vi su rostro, su nariz y boca, entonces supe que ese señor era nada más y nada menos que Blue Demon, pero estaba sin su máscara azul. ¡Que ironías de la vida! Yo conocía al Santo sin máscara y jamás me imaginé que la curiosidad me hiciera comportar como un aficionado más para conocer el rostro de Blue Demon.

Un día me vi tan obvio que el profesor Salamanca me presentó ante él, diciéndole que yo era hijo del Profe, don Alejandro se puso de pie y me tendió su tosca mano diciéndome: "¡Cuando gustes entrenar conmigo aquí estoy desde las nueve de la mañana!". Le agradecí la invitación y me quedé sumamente impactado. Lo primero que hice al llegar a casa fue decirle a mi papá que había conocido a Blue Demon sin máscara y él sólo sonrió.

Segunda caída: Los entrenamientos.
Pasaron los días y el profesor Salamanca me aconsejó tomarle la palabra a don Alejandro y así empece a entrenar con él.

Recuerdo que la primera vez llegué a mi casa con calentura y tuve que tomar un baño en la tina. Mi padre me observó y me preguntó si me sentía bien. Cuando le dije que había entrenado con Demon, sólo se rió y movió la cabeza.

Los entrenamientos en el gimnasio de la Arena México eran sumamente fuertes, primero tenía que darle cuatro o cinco vueltas corriendo a todas las gradas que se encuentran en la parte superior, después subir y bajar todas las escaleras de las gradas y ya empapado en sudor, ir a las pesas. Por último, subir al ring supervisado por Rafael Salamanca y Blue Demon.

Cuando entrenábamos ellos no platicaban conmigo ni con mis compañeros de aventura, se dedicaban a entrenarnos y llamaban a luchadores que ya eran profesionales para que nos 'calaran'.

Así pasaron cuatro años y ya estaba listo para hacer mi debut, pero jamás imaginé algún día ser compañero de Blue Demon y esto sucedió en mi presentación en el Auditorio Municipal de Tampico, un jueves 4 de noviembre de 1982. Cuando vi el cartel sentí una enorme emoción, si bien era cierto que no había tenido la oportunidad de luchar con El Santo de pareja ¡ahora la tenía con Blue Demon! Esa noche derrotamos en tres caídas a la dupla formada por Coloso Colosseti y Alejandro Montaña. Fue una gran experiencia compartir los vestidores con este gran señor que me apoyó en todo momento de la lucha, gritándome y dándome consejos desde la esquina. Nos acoplamos bien y el mejor regalo fue recibir su felicitación al terminar la función.

Al siguiente día muy temprano volamos hacia la Ciudad de México y fue cuando empezó a compartir conmigo su historia y sus anécdotas. Él estaba cumpliendo 34 años de carrera profesional y me compartía que ya se sentía cansado.

En el transcurso del viaje me platicó una parte de la bella historia de su vida, y yo que siempre tengo una pluma y papel a la mano, anoté lo más importante de aquella conversación.

Tercera caída: Platicar con Blue Demon.
"Tengo un amigo a quien conozco desde mi juventud: ¡yo mismo, Blue Demon! Lo quiero mucho porque junto a él he pasado vía crucis. Era un niño pobre, pero muy soñador.

Me encomiendo a Dios, quien siempre me ha ayudado a salir adelante, como aquella ocasión en que me accidenté en Oaxaca y sólo por la fe y los cuidados de los médicos pude superar esa gran crisis.

"Después, en la silla de ruedas, pensaba si alguna vez podría levantarme. Aquella lesión en la columna vertebral me producía escalofríos en el alma, más que dolores en el cuerpo. Pero Blue Demon, que se enmascaró escondiéndose de la vergüenza de un fracaso o de que mis padres me regañaran por abrazar un oficio tan violento, sigue en pie. Sufría interiormente de pensar que en mi familia me negaran el permiso de luchar cuando aún dependía de mis padres. Se dieron cuenta de mi identidad, era imposible ocultarlo por demasiado tiempo.

"Mi padre era ferrocarrilero y quise parecerme a él hasta en su trabajo. Cuando me metí al gimnasio del Círculo Mutualista de Monterrey empecé a ganar unos centavos en los patios de la Estación de Ferrocarriles Nacionales de México. Rolando Vera me había tomado un sincero afecto y él me enseñó a luchar. ¡Podía ganar más dinero y divertirme! Ese era el pensamiento dominante y cuando debuté en 1948 era rudo y así me mantuve durante cinco años hasta que mi querido hermano Black Shadow perdió la máscara con tu papá y entonces se volvió una obsesión derrotarlo, era una cuestión de venganza y honor profesional. Entrené como nunca y en 1953, en la Arena Coliseo, lo derroté en dos caídas al hilo, algo que sólo había logrado Tarzán López. Yo admiré desde esa época a El Santo y tomé el ejemplo de su profesionalismo para cuidar su máscara y su personalidad.

"Efectivamente, he seguido su carrera y desde luego, con el tiempo, El Santo también cambió de estilo, luchamos juntos y también hicimos películas. ¡Y quién lo iba a decir, ahora lucho con su hijo!

"Tu papá ya se retiró y a mí me inquieta pensar que un día llegue mi retiro, pero estoy muy agradecido, porque la máscara que forma los mitos del deporte me ayudó a tener a este gran amigo inseparable que es Blue Demon".

Como es esta ocasión, platiqué muchas veces con él, compartimos muchos cuadriláteros más en compañía de Mil Máscaras, Huracán Ramírez e incluso con Blue Demon Jr. "Lo único que Blue Demon tiene de demonio es el nombre de combate".

Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.

By El Hijo del Santo

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

PODCAST BAJO LAS CAPUCHAS