viernes, 28 de marzo de 2014

"La experiencia de estar en el bando de los rudos"




Primera caída: Mi regreso a la Arena México

El público que hasta hace algunos años abarrotaba la Arena México, era muy exigente y celoso. Cuando se efectuaban duelos entre 'Coliseínos' e 'Independientes', la gente se dividía apoyando a los grandes luchadores de las dos empresas (cuando estaban muy de moda los tríos), pero si sólo se presentaban dos o tres elementos independientes, los aficionados de la México apoyaban a los de casa.
Así que cuando regresé a este inmueble, a finales de 1994, luego de dos años de haber probado suerte en otra empresa, los aficionados que llenaron la México para presenciar mi retorno me dieron un cálido recibimiento, pero fue por poco tiempo.

José 'Negro' Casas ya militaba en el bando de los técnicos y era un gran consentido de la afición del CMLL. A mi llegada tuve que hacer las paces con mi antiguo rival, pero yo percibía un cierto celo de él hacia mí, sobre todo cuando el público me aplaudía y el "Santo, Santo" vibraba en la arena.

Él quería seguir siendo el consentido de ese lugar, al que había llegado un año antes cuando Lucha Libre Internacional (leáse los Independientes y el Toreo de Cuatro Caminos) se había venido a pique. La México le abrió sus puertas a luchadores como Los Brazos, Dr. Wagner Jr, Canek, El Texano, José Luis Feliciano, Black Terry y Negro Casas. Los demás (Perro Aguayo, Fishman, Blue Panther, Solar, Rambo, Halcon78, entre otros) habíamos emigrado a otra empresa, pero yo había decidido volver a la Arena México.

Casas y yo habíamos dejado cuentas pendientes en el Toreo. Ya le había arrebatado el Campeonato Mundial de peso Ligero de la UWA, el 28 de octubre de 1984, y lo había rapado en el Olympic Auditorium de Los Ángeles, el 18 de julio de 1987. Él quería la revancha, a pesar de que mis triunfos habían sido claros y legales. El réferi en la lucha de máscara contra cabellera fue el gran Ray Mendoza.
Casas no olvidaba aquella lucha en donde intentó desenmascararme pero fracasó. Era lógico que a mi regreso a la Arena México, el departamento de programación quisiera brindarle a los aficionados un mano a mano entre Casas y El Hijo del Santo.
Nuestros encuentros sinceramente son inolvidables. Eran luchas en donde ambos nos brindábamos al máximo, recurriendo a nuestra buena escuela técnica. Era tal nuestra cantidad de recursos que en una ocasión nos enfrentamos durante casi 70 minutos en el Toreo, en una lucha en la que en ningún momento tocamos las cuerdas del ring.
Todo se desarrolló en el centro del ring y esa vez empatamos. El público nos ovacionó a tal grado que los dos salimos en hombros. Por lo tanto, ¿cómo no ofrecerle a los aficionados de la México un mano a mano?

Segunda caída: ¿Rudo yo?

Fue el viernes 15 de noviembre de 1996 cuando me encaré con el público de la México. Ya estaba cansado de que todo lo que hacía era reprobado por los aficionados. Esa noche, me enfrenté a mi viejo rival Negro Casas y fue la gota que derramó el vaso. Cada vez que lo golpeaba para defenderme, escuchaba abucheos, rechiflas y ofensas.

"¿Y entonces qué hago?, ¿dejo que me pegue?", le gritaba molesto a los miles de aficionados que llenaban el lugar. Esa noche fui descalificado por el réferi Roberto 'Güero' Rangel, pero el momento más difícil para mí fue cuando, al terminar la lucha, me dirigí al pasillo que conducía al vestidor. Recibí una lluvia de insultos, líquidos y objetos que chocaban contra mi rostro y mi cuerpo. Me enojé, pero me contuve y permanecí cínicamente parado frente al 'Monstruo de las Mil cabezas'.

De un fuerte sentimiento de enojo pasé a uno de gran tristeza. No era sudor, eran lágrimas las que mojaban la tela de mi máscara, lágrimas de decepción por la actitud del público. Empecé a caminar sólo para sentir cómo la gente me escupía y los niños me repudiaban como nunca antes lo habían hecho. Cuando entré al vestidor me sentía apenado y Francisco Alonso Lutteroth, con una enorme sonrisa me dijo: "¡Tienes que ser rudo!" "¿Rudo yo?", le respondí. Me reí de sus palabras.

Escuchaba las opiniones de los que habían visto la lucha y me felicitaban por haber enardecido a los aficionados. Pensándolo bien, era la mejor manera de rebelarme ante su injustificada actitud majadera. "Si me quieren ofender, escupir, insultar y lanzar líquidos, que valga la pena", pensé. Le pedí al señor Alonso que no me programara el siguiente viernes pues quería pensar bien las cosas.

El lunes a primera hora recibí una llamada del departamento de programación del CMLL y me pidieron que me presentara el siguiente viernes, aunque no estuviera programado. Esto llamó mi atención y chequé la programación en las revistas especializadas de lucha libre. En la lucha estelar: El Negro Casas, Héctor Garza (qepd) y El Dandy se enfrentaban a Felino, Bestia Salvaje y Scorpio Jr.

Tercera caída: Santo con disfraz de Felino

Era importante aprovechar todos los acontecimientos que se habían suscitado semanas atrás, y por ello me pidieron llegar al estacionamiento de la arena ya una vez empezada la función para así evitar que me vieran.

Era 22 de noviembre. Llegué a la Arena México con un pasamontañas en el rostro y como me lo habían pedido, entré ya iniciada la función. Lo extraño es que me llevaron por un lugar desconocido para mí: era el túnel o el pasadizo secreto que don Salvador Lutteroth mandó construir ex profeso para que mi padre, El Santo, entrara y saliera por ahí cuando militaba en el bando rudo. Este pasadizo secreto inicia dentro de una de las bodegas y llega directamente al vestidor, así que nadie, absolutamente nadie, me vio llegar.

Ya en mi vestidor, la gente de programación me pidió que recibiera a dos añejos y conocidos rivales. Me quedé atónito cuando llegaron Bestia Salvaje y Scorpio Jr. Ambos me dijeron sin rodeos: "Queremos que esta noche te unas a nosotros y tomes el lugar del Felino, él no quiere enfrentar a su hermano".

Ésta era una gran oportunidad para poner fin a las humillaciones que había sufrido por culpa de Pepe Casas. Sin pensarlo mucho, acepté su propuesta y les tendí mi mano viéndome en la necesidad de confiar en ellos.

Eran aproximadamente las 10:30 de la noche. Ya estaba listo para subir al ring y en lugar de colocarme mi capa, subí una máscara de Felino y un enorme y pesado hábito cuyo capuchón ocultaba mi cabeza, mismo que me había llevado Bestia Salvaje.

Cuando El Negro Casas, Hector Garza y El Dandy subieron al ring, jamás imaginaron lo que iba a suceder; acto seguido, aparecieron Scorpio Jr. y Bestia Salvaje. Después, se escuchó la música del Felino. Me aparecí totalmente cubierto por el hábito y caminé sin detenerme hasta el ring. Fui el último en subir y cuando estuve sobre el cuadrilátero arremetí contra el Negro Casas, mientras la Bestia y Scorpio se encargaban de Garza y del Dandy, respectivamente.

Ante la sorpresa de mis rivales, réferis y público, me despojé del hábito y apareció El Hijo del Santo ¡en el bando de los rudos! "¡Para que ahora, con justificación, me insulten!" grité eufórico. Me sentí como pez en el agua. Fue como quitarme un peso de encima al mostrar mi lado oscuro.

Fue un año totalmente diferente a los otros 30 años de mi carrera. Me volví rebelde, cínico, déspota, estaba irreconocible y ya no era necesario obedecer las indicaciones tibias de los réferis. Disfrutaba tanto faulear y golpear en el rostro a mis rivales, hacer enojar a los aficionados cuyos insultos y ofensas ya no me importaban. Lo mejor de todo fue disfrutar el formar este poderoso trío con Scorpio Jr, y Bestia Salvaje.

Mi consagración en el bando rudo sucedió el viernes 6 de diciembre de 1996 cuando se efectuó el 'Triangular de la Muerte' entre Negro Casas, El Dandy y El Hijo del Santo en la Arena México. Ellos exponían sus cabelleras y yo mi máscara. Esa noche, los abucheos, rechiflas e insultos se convirtieron en reconocimiento, aplausos, porras y el grito de "¡Santo, Santo, Santo!" volvió a retumbar en la Catedral de la Lucha Libre.

Esa noche, Casas fue muy astuto; primero dejó que yo atacara al Dandy y cuando le lastimé la rodilla y lo vio lesionado, lo apoyó y uniendo fuerzas lograron eliminarme. Después, Casas se enfrentó con él y sin piedad se fue sobre su rodilla lastimada hasta rendirlo con un 'Medio Cangrejo' y así salvar su cabellera. Luego, en una sangrienta lucha a dos de tres caídas, vencí en la tercera a mi rival con una contundente de 'A Caballo'.

Jamás me quedo con las ganas de algo que he deseado y no me quedé con las ganas de ser rudo. Cuando ponemos limites y no nos dejamos de los demás, a nadie le gusta pero al final terminan por respetarnos.

Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.

By: El Hijo del Santo

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