jueves, 6 de marzo de 2014

La singular vida de El Enfermero




Primera caída: Su infancia y juventud
Antes de dar inicio con esta historia de hoy, quiero corregir dos datos erróneos de la semana anterior: la fecha de la lucha de máscaras entre Black Shadow y El Santo fue el 7 de noviembre de 1952, no el día 8. Y, Alejandro Cruz Ortiz murió de 83 años de edad, no de 85. 

Después de esta aclaración, quiero compartir parte de la vida de El Enfermero, otro pilar de nuestra lucha libre mexicana. Cuando, por consejo de mi papá tomé la importante decisión de integrarme por completo a la empresa de Promociones Mora, en aquel mes de mayo de 1983, el señor Francisco Flores me propuso entrenar con Antonio Navarro Camargo El Enfermero, excelente y experimentado luchador que destacó en la época de oro de la lucha libre mexicana, para que con sus consejos y entrenamiento llegara muy bien preparado a mi debut en el Toreo de Cuatro Caminos.

Fue así que tuve el honor y la enorme oportunidad de ser alumno de Tony Camargo, quien también se hacía llamar así, y cuando empezamos los entrenamientos él ya sabía que el siguiente 24 de julio mis rivales serían Lobo Rubio, Black Terry y Blue Panther. "No te quiero espantar", me dijo con voz serena, "pero tus rivales son viejos lobos de mar y tienes que llegar muy bien preparado".

Así fue como iniciamos nuestra relación de amistad y yo, que siempre he sido muy curioso, le hacía infinidad de preguntas relacionadas con su carrera deportiva y su relación con mi padre, El Santo. Tony era un hombre sencillo, de amena charla y recuerdo muy bien aquellas pláticas que sostuvimos cuando me invitaba a tomar café en las calles de Luis Moya. Me identifiqué mucho con él porque me platico que en su niñez, en Tepatitlan, Jalisco, lugar en donde nació un 10 de mayo de 1923, le gustaba ir al campo a respirar aire puro; de hecho, había cursado hasta el sexto de primaria en una escuela rural rodeada de montes, y en vacaciones, su padre lo llevaba de pesca y de cacería. Viviendo en la campiña mexicana, había transcurrido su infancia y como muchos otros luchadores, abandonó a sus padres para salir adelante y continuar sus estudios superiores.

"Mis padres querían que me convirtiera en un gran doctor para que, de esta manera, pudiera curar en mi pueblo a todos los paisanos que vivían a la buena de Dios. Estudiaba un curso pos básico de Enfermería en la Universidad y entrando al gimnasio de ésta, vi a cinco muchachos practicando lucha olímpica, me quedé observándolos y me invitaron a entrenar con ellos. Yo entonces no tenía idea de lo que se trataba pero acepté con gusto, me cautivó este deporte y empecé a entrenar con su grupo. En una ocasión, en mis vacaciones en Guadalajara, busqué un gimnasio para no descuidar mis entrenamientos de olímpica y ahí conocí a Rito Romero, a Juanito Díaz y a Gory Guerrero, estaban entrenando en el ring y me invitaron a subir con ellos. Al ver mi entusiasmo, comprobaron que tenía bases luchísticas y me sabía defender bien y me enseñaron lucha profesional. Fue así que debuté tiempo después en la Arena Nilo como Kid Tony, que después cambié por Tony Navarro.

"De esta manera abandoné mis estudios y mis libros quedaron empolvados en un estante viejo, me empecé a ganar la vida en los rings, cobrando fama, gloria y dinero. Recorrí toda la República Mexicana, y me hice muy buen amigo de El Médico Asesino, quien me aconsejo probar suerte en los Estados Unidos".

Segunda caída: La Segunda Guerra Mundial
Yo no daba crédito cuando El Enfermero me platicaba que había estado en la Segunda Guerra Mundial. Este dato lo corroboré en el ejemplar número 8 de la revista Lucha Libre, publicada el 15 de diciembre de 1963.

"¡Aquello fue horrible! Los cadáveres rodeaban todo el campamento. Los gritos de angustia se escuchaban por todos lados y yo como enfermero, iba de un lado a otro tratando de salvarles la vida. Cuando llegué a los Estados Unidos, descubrí que podía viajar a otros lugares, tenía muchas ilusiones y quería hacerlas realidad. Fue así que viajé y conocí Europa. Yo me encontraba el Marsella, al sur de Francia, y las noticias en los periódicos eran cada vez más alarmantes en relación a las amenazas de Adolfo Hitler de conquistar el mundo.

"Los alemanes habían hundido el 'Potrero del Llano', el primer buque petrolero mexicano, que fue torpedeado e inutilizado por un submarino alemán, este hecho llevó a México a abandonar su neutralidad y entrar en la Segunda Guerra Mundial. Así que dos compañeros y yo, nos enrolamos en el Ejército.

"Nos encontrábamos en África del Sur y por todas las vidas que cobró, nos encontrábamos en la peor guerra. La oscuridad de la noche era rasgada por los silbidos platinados de bombas y granadas que explotaban y dejaban muerte por todos lados. Las trincheras eran insuficientes y nada podía parar aquel fuego asesino, ni siquiera aquella noche del 24 de diciembre de 1944. Mis dos compañeros de aventura y yo fuimos llamados para recoger a un general herido y nos internamos en la oscuridad, entre las balas que seguían silbando terriblemente. De pronto nos sorprendió una patrulla enemiga armada con ametralladoras automáticas y, en ese preciso momento, apareció una luz brillantísima en el cielo que llamó la atención de nosotros y de nuestros enemigos. Era una cruz blanca que arrancó una sonrisa en el rostro de todos. Yo me sentí como envuelto en una nube y visualice a mis padres que sonreían al verme correr en las campiñas entre surcos verdes y cielos claros.

"De pronto, y sin saber porqué, nos dejaron ir. Mis compañeros y yo nos perdimos, y cuando al fin fuimos encontrados, se nos acusó de haber desertado. Nos defendimos con el argumento del suceso que habíamos vivido al ver aquella cruz blanca en el cielo pero no nos creyeron. Estuvimos a punto de ser fusilados, pero un prisionero alemán confirmó nuestro argumento diciendo que algunos de ellos también habían visto aquel signo en el cielo. Gracias a este hombre, fuimos absueltos".

Tercera caída: A retomar su carrera luchística
Regresó con muchos sacrificios a México, bajo el estigma de ser un desertor. Llegó a la Ciudad de Monterrey y quería olvidar todos aquellos malditos recuerdos. Una mañana en que caminaba sobre la avenida Madero, se encontró con el empresario luchístico don Jesús Garza Hernández y éste le preguntó porqué se había alejado de la lucha, así que le platicó su gran aventura en la guerra y al escucharlo se sintió conmovido. Le aconsejó regresar a entrenar al gimnasio para así poder ayudarlo a retomar su carrera. Cuando llegó a su humilde cuartito que le rentaba 'La Jefa' (una señora que era amiga de todos los luchadores), se acostó en su cama y en sus oídos aún retumbaban las explosiones y el paso de los tanques. Intentaba cambiar sus pensamientos, sabía que si don Chucho tenía razón, él podría retomar su carrera como Tony Navarro y rehacer su vida.

Entrenó con enorme entusiasmo en Monterrey y un día recibió un telegrama de don Jesús Garza Hernández, donde lo invitaba a viajar a la Ciudad de México para debutar como 'El Enfermero del Médico Asesino', pero era tan largo el nombre que sólo quedo en El Enfermero. El 5 de octubre de 1953 fue inolvidable en su vida. Se presentó en el Frontón Metropolitano con su nuevo personaje, formando pareja con su amigo Cesáreo Manrique, quien era El Médico Asesino, que ya se consagraba como un nuevo ídolo de la afición y vencieron en esa ocasión a Polo Torres y Joe Grant. Después cumplió otro sueño al presentarse en la Arena Coliseo, derrotando nada más y nada menos que al campeón mundial welter Blue Demon. Eso le ayudó para entrar de lleno al elenco de Lutterroth y formar un trío infernal e invencible con El Santo y El Médico Asesino.

Hay mucho más que hablar de éste extraordinario luchador, pero será en otra ocasión. Antes debo decirles que fue el creador de muchas llaves, pero indiscutiblemente fue la 'cruceta ' su llave más poderosa; la creó en los Estados Unidos con la ayuda de Buddy Rogers, a quien Tony Camargo consideró su maestro. Quiero agradecer todos sus comentarios referentes a estas entregas en RÉCORD sobre algunas de las historias de estos legendarios luchadores, me han pedido muchísimas y poco a poco las iré compartiendo con ustedes. Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.

By El Hijo del Santo

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