jueves, 13 de marzo de 2014

Voy en el Metro



El Hijo del Santo

Primera caída: La experiencia
Estimados amigos de RÉCORD, hoy quiero compartir con ustedes una experiencia que viví hace dos días. No es un hecho que se pueda catalogar 'del otro mundo'; sin embargo, es una vivencia extraordinaria para mí como enmascarado. Estoy seguro de que al menos 50 por ciento de ustedes al leer esta nota se preguntará: ¿Y qué tiene de raro viajar en el Metro? Pero el otro 50 por ciento tal vez pueda comprender mi sentir y sería muy enriquecedor que intentaran viajar en Metro, si es que no lo han hecho.

El pasado martes tenía una importante cita a las 11:30 de la mañana en el centro de Coyoacán y el lunes por la noche me avisaron que me tenía que presentarme a otra cita (no prevista, pero de suma importancia), para reunirme con mis abogados en el Tribunal Superior de Justicia, que está ubicado en Avenida Juárez, frente a la Alameda Central.

Esta cita imprevista era a las 10 de la mañana. Lo primero que pensé fue que si asistía, no llegaría a mi segunda cita de las 11:30 y estuve a punto de cancelarla, pero antes de hacerlo busqué una solución ¿y saben qué hice?, pues me subí al Metro. Obviamente, no es la primera vez que lo hago, pero es cierto que no me subía al de la Ciudad de México desde hace más de 30 años. ¿Lo pueden creer? He viajado en el Metro de Londres, París, Tokio, Nueva York, y me transporto en este medio por comodidad, pero tenía muchísimos años de no hacerlo en mi ciudad.

Cuando caminaba hacia la estación Viveros, de pronto me vi rodeado de todo tipo de gente, de puestos de tacos, tortas, licuados, revistas y periódico. Para meterme al Metro fue un triunfo. Eran las 8 de la mañana y las escaleras vomitaban cientos de individuos que querían salir y otros más que, igual que yo, queríamos entrar.

Después de algunos apretones y movimientos que envidiaría el mejor crack en el futbol, logré llegar a la taquilla y compré dos boletos. Luego, caminé hacia la dirección que me llevaría a mi destino. Era la Línea 3, que corre de Universidad a Indios Verdes y me tenía que bajar en la estación Juárez.

Segunda caída: La asesoría de un experto
No crean que sabía que línea tomar, tuve que pedirle asesoría a mi hijo, quien es un experto en viajar en este medio de transporte. Él me indicó el trayecto y me aconsejó no subirme con cartera y celular en mano "¿Y por qué?" le pregunté asombrado: "Porque a mi me abrieron mi mochila de entrenar con una navaja y me robaron mi cartera ¿recuerdas?", me dijo con voz determinante. "¡Así que te aconsejo que sólo lleves monedas y un billete de 100 pesos, por si se te ofrece algo!" Seguí sus instrucciones, sólo que también me llevé mi tarjeta del banco y mi IFE ("por si las dudas", pensé).

Llegué al andén y esperé al próximo convoy. Cuando éste se detuvo, yo, educadamente, esperé a que bajaran las personas que terminaban su viaje y por poco no logro subirme, pues todos querían bajar y subir al mismo tiempo. Era como un encuentro de futbol americano, así que después de otra serie de empujones, logré abordar el vagón. Como pude, logré tomar uno de los muchos pasamanos, pues al arrancar casi me caigo de espaldas y, golpearme la columna vertebral de esa manera y en el Metro, sería el colmo.

Cuando logré acomodarme en un lugar y sentí que nadie invadía mi espacio vital, abrí un libro para hacer un poco de lectura. Iba haciendo equilibrio, pues todos los asientos estaban ocupados. Me llamó la atención ver unos letreros que indican que ciertos asientos están asignados para personas de la tercera edad, personas discapacitadas, mujeres embarazadas o mujeres acompañadas por un niño, pero tres de los asientos iban ocupados por hombres que lucían mejor físico que Cien Caras Jr. y fingían estar dormidos.

Los miré con algo de rechazo e impotencia, pues no vayan a creer que me subí enmascarado al Metro ¡No! Iba de civil como cualquier persona y El Hijo del Santo no estaba presente para impartir justicia.
Por fin, logré iniciar mi lectura, cuando de pronto un 'merolico' interrumpió mi concentración y casi en mis oídos, empezó una larga letanía ofreciendo un libro mágico para aprender inglés en sólo tres semanas, Y con fuerza gritaba: "Señor, señora, señorita ¡Aprenda fácilmente el idioma inglés! Sabrá decir el nombre de los animales, dar los buenos días, las buenas tardes, las buenas noches de una manera fácil y sencilla... ¡Llévelo por sólo 10 pesitos!". Lógicamente, no me pude concentrar en mi lectura y en la siguiente estación el hombre se bajó y volví a abrir mi libro.

De pronto, se apareció un personaje con un par de enormes bocinas sobre la espalda que el mismo Pípila envidiaría, y un estruendoso sonido de cumbia me estremeció y tuve que cerrar mi libro. El singular personaje empezó a gritar: "¡Buenos días señor usuario! Este día vengó a ofrecerle los más grandes éxitos de la cumbia, incluyendo éxitos de la Sonora Dinamita, Súper Grupo Colombia, Grupo Maravilla entre otros. Mil temas en formato MP3 por tan solo 10 pesos!".

Entre el escandaloso sonido, noté que el Metro estaba detenido y quise ver en qué estación estábamos. No quería distraerme y pasarme hasta Indios Verdes, pero no se veía nada. Estábamos detenidos en la oscuridad del túnel y en ese momento pensé en las personas que sufren de claustrofobia. ¡Qué horror! No exagero, pero estuvimos ahí más de cinco minutos y yo no podía aprovechar el tiempo en leer, porque mi amigo que vendía los 'Éxitos de la Cumbia' continuaba gritando las ventajas de obtener la gran colección y cuyo disco restregaba en mi cara.

"¡Tal vez si llevara mi máscara no lo hubiera hecho!", pensé.
Salimos del túnel para llegar a la siguiente estación y un nuevo visitante llegó con esta letanía: "Si, mire damita-caballero, disculpe que lo moleste. Hoy le vengo a ofrecer la nueva Boligoma. Es el único juguete tipo masa que se puede estirar, romper y moldear a su gusto ¡Lleve el bonito detalle, el bonito presente para el niño, la niña, por sólo 10 pesitos!". Entonces, recordé una simpática canción del gran Chava Flores que escribió al Metro allá por el año de 1969 cuando sólo existía una línea, que iba de Taxqueña a Tacuba.

Dice Chava Flores en su canción: "¡Voy en el Metro, qué grandote, rapidote y segurote! Pues grandote sí es, rapidote no siempre, pero a pesar de que se detiene en algunas estaciones por largos periodos de tiempo, en el lapso de dos horas fui de la estación de Viveros a la estación Juárez y cumplí con mis dos citas, algo que en mi auto no hubiera logrado. Y segurote, no tanto, pues se han detectado fallas en la Línea Dorada, que va de Tláhuac a Mixcoac, poniendo en riesgo a los más de 400 mil pasajeros que utilizan la Línea 12 del Metro.

Tercera caída: La realidad
Al observar detenidamente a cada uno de los pasajeros, empecé a reflexionar en que yo era uno más entre el señor, el joven, el viejecito, la señora, la señorita, la abuelita (ya ven cómo se pega aquello de las letanías de los 'merolicos'), y que al igual que todos ellos me vi en la necesidad de subir al Metro; yo, por gusto, porque la mayoría de ellos se suben por necesidad.

Los hombres y mujeres que ahí venden sus productos gritando sus letanías, en realidad se están ganando el pan nuestro de cada día. ¡Qué afortunado soy al tener otra manera de ganarme el dinero, de tener un auto, de poder elegir en subirme o no a un transporte públicohttp://contentcache-a.akamaihd.net/items/it/img/arrow-10x10.png! ¡Qué afortunado soy!, en no ser ese señor ciego que, con el apoyo de un bastón y su pequeño 'karaoke', tiene que cantar boleros a las afueras de una estación para recibir una limosna y que, además, tengo la oportunidad de apoyarlo con unas monedas.

¡Qué afortunado soy que siendo un personaje público que goza de éxito y de fama, puedo regalarme esta experiencia de convivir e interactuar con esta gente que es igual a mí y que son, seguramente, los que me quieren y admiran cuando utilizo mi máscara plateada!

Una vez más comprobé que nunca se deja de aprender de la vida y este viaje en el Metro del DF, que para muchos puede ser intrascendente, para mí fue una lección más de vida, una nueva oportunidad de situar muy bien los pies en la tierra y estar entre mis compatriotas como el señor fulano de tal.
Y ustedes queridos amigos que tienen auto, ¿hace cuánto tiempo no se suben al Metro?, yo lo haré más seguido.

 Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.

1 comentario:

  1. Asi es santo,aveces se encuentra ese tipo de casos en donde menos,se los espera saludos!!!!

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