martes, 1 de abril de 2014

La importancia de la lucha libre dentro del Comic Mexicano






El comic o historieta mexicana ha sido reflejo de nuestra sociedad: muchas veces crítica otras tantas simplonas; con trazos complejos y argumentos auténticos las historietas han marcado a sus fanáticos y han penetrado en el imaginario colectivo. Desde Memin Pinguín hasta La Familia Burrón, o Karmatrón y los Transformables y el increíble Kalimán han definido una época.

Del mismo modo y como ejemplo de nuestra identidad la lucha libre se ha consolidado no sólo como un espectáculo deportivo con una sólida base de aficionados. Ambos mundos han tenido contacto directo y se han mezclado en múltiples ocasiones: Chanoc, el célebre héroe del Golfo de México llegó a los cuadriláteros luchísticos en los 60’s encarnado por Abelardo Rondín, un excelente gladiador del estado de Guerrero.

En contra parte, y un poco anterior a esto había ya el interés de los historietistas por la magia de la lucha libre tan llena de colorido, de posibilidades ingeniosas para reescribir historias, para llevar a las viñetas aventuras de los héroes de carne y hueso, don José G. Cruz a principios de los cincuenta logra convencer a un reticente Santo a llevarlo al mundo de la historieta y de manera inmediata hubo un boom en la industria editorial. El número semanal dejó de ser suficiente cuando los tirajes llegaban al millón de copias, se tuvieron que tirar más de una edición a la semana de las aventuras del Enmascarado de Plata, quien enfrentaba por igual a mafiosos, criaturas sobrenaturales o bestias salvajes. El mito de que nadie podía ver su rostro pues podrían morir que tan celosamente fue custodiado por el propio gladiador por décadas viene desde esos argumentos de Cruz llenos de esa exaltación de valores, hoy tan perdidos.

 Esos mismos actos heroicos que hicieron que el recalcitrante rudo de los cuadriláteros abrazara el bando técnico para no decepcionar ni confundir a sus seguidores que se multiplicaban por millares en todo el país por el comic que llegaba a donde los rings no podían llegar tan fácilmente. El experimento duró varias décadas y después siguió con diversos luchadores más que también incursionaron al mundo de las historietas hasta la actualidad.

Es en ese sentido que resalta la inclusión de Santo, el Enmascarado de Plata en el vistoso mural a la historia del comic mexicano que se ubica en el pleno centro de esta imponente capital mexicana y que fuera inaugurado ayer 30 de marzo.  Santo al lado de los otros grandes de la historieta, pero también Santo el que primero fue real y después comic. Santo, el de carne y hueso, no el de tinta y papel. Santo, la imagen venerada hasta por doña Naborita Burrón y Memín Pinguín. Santo, el Enmascarado de Plata.

Cortesía: http://superluchas.net, Darkangelita, Fotos: Historieta Mexicana en Facebook

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