martes, 15 de abril de 2014

Placeres culpables: Lourdes Grobet y su lucha en el cuadrilátero



Después de 25 años de fotografiar el ir y venir del cuadrilátero de la lucha libre, debido en gran medida a su afición por este exótico deporte, Lourdes Grobet cerró parte de su tributo a este espectáculo con la publicación de “Espectacular de lucha libre”, una compilación de fotografías en las que podemos percibir el mito y la realidad de la lucha libre en nuestro país, medio al que se acercó desde muy pequeña ya que su padre poseía un gimnasio y Lourdes se aficionó a los cuerpos atléticos y a los ejercicios que se realizaban para estructurarlo.

Fueron muchos años de luchar, por así decirlo, con la ideología de editoriales y posibles inversionistas para poder realizar este libro, y fue hasta que una amiga suya, realizadora de la BBC de Londres hizo un documental relacionado con el tema, cuando retomó al cien por ciento la idea de publicarlo y lo logró.

Me propuse hacer un libro sobre este tema porque pensé que sería de utilidad para los ámbitos culturales mexicanos”, mencionó la fotógrafa sobre este libro que, también, incluye material capturado durante la filmación de cintas protagonizadas por luchadores, las cuales fueron un gran éxito en las décadas del sesenta y setenta en nuestro país.

- Usted estuvo en rodajes de cintas de luchadores, básicamente de “El Santo”. ¿Por qué le doblaban la voz? ¿Era fea?
Lo doblaban porque tenía un problema con las cuerdas bucales y su voz era muy especial. De hecho, una vez me platicó que él tenía la maravilla de ser el hombre más famoso de México, pero también, si se quitaba la máscara era un desconocido. Una vez. Me dijo que un taxista lo reconoció por la voz. Por eso lo doblaban, no por otra cosa. Su voz era poco legible”.

- Y al momento de los golpes ¿también lo doblaban?
No. Eso era una maravilla porque no era pretensioso. De hecho, en ese entonces, también estaba haciendo fotos fijas para un proyecto con Antony Quinn, que era un sangrón y ‘El Santo’ no paraba y siempre puesto; al final lo descubrían sus seguidores y los atendía a todos”.

- ¿Cómo se da su primer acercamiento con la lucha libre?
Bueno pues yo creo que algo me quedó en el inconsciente porque mi padre fue campeón nacional de ciclismo y vivíamos en un gimnasio. Antes de ir a la escuela, tenía que pasar por allí y supongo que ya de ahí algo quedó. Luego empezaron a pasar las luchas por la tele y le pedía a mi papá que me llevara y nunca lo hizo, más que nada porque no era bueno que yo siendo mujer asistiera a ese tipo de eventos y me quedé con las ganas. Afortunadamente con la cámara se puede hacer todo lo que uno quiere y satisfacer las curiosidades”.

- ¿Cómo se define: ruda o técnica?
Ruda, por supuesto. Me gusta esta parte de la irreverencia; no me gustan las leyes; de hecho, una de mis arenas preferidas era la Neza y la porra ruda siempre me gritaba que si quería ser su reina”.

- Platíquenos sobre la primera vez que ingreso en una arena de lucha libre como aficionada...
Me aficioné por la tele y me di cuenta que era algo que me gustaba, que me satisfacía, pero la reacción que ocurre al verlas en vivo es muy diferente. Yo ya sabía de qué se trataba, pero faltaba vivir la experiencia allí, físicamente, dentro del ambiente y me encantó. Tal es así que yo iba simplemente a tomar unas fotos y entré para jugar con el tema, pero lo que terminé haciendo fue un trabajo documental. Me encantó y me pareció muy fuerte, lleno de contenidos y símbolos. Encontré cosas muy importantes relacionadas con la cultura mexicana”.

- Desde su punto de vista, ¿cómo ha evolucionado este género?
Pues ha cambiado mucho. Tenemos dos agravantes, uno que es la influencia de Estados Unidos -que todo lo convierte en show-, y la televisión -que todo lo que toca lo pudre y pervierte-. La lucha vivió siempre como una manifestación del pueblo y ha permanecido así muy arraigada en los mexicanos. Con los cambios la lucha de lona no se hace, las llaves se han perdido mucho y empieza mucho el show; pero en las arenas más chicas o de provincia, si se sigue conservando el ambiente más íntimo, más familiar o de barrio de las luchas”.

- ¿Se puede decir que el luchador es un superhéroe?
Así es. Es el poner esta parte del ideal de alguien protector en un ser humano, no es una fantasía; eso es lo que le da un rango muy especial que no pasa en otras cosas, porque aquí se ha dicho que es deporte y teatro. Pero, para mi gusto, además de eso, es parte de un ritual mexicano y yo lo percibí así desde el principio y lo compruebo cuando aparece ‘Súper Barrio’, quien es el luchador que viene a salvar a los sin casa, y luego siguen los zapatistas enmascarados y continúan las luchas. Es la presencia de la máscara en la idiosincrasia mexicana”.

- ¿Cómo era su convivencia con los luchadores? ¿Era con el personaje o con su intérprete?
Bueno, ‘Santo’ y ‘Blue Demon’ fueron los únicos a los que no conocí sin máscara. A los demás si los vi porque nos citábamos para entrevistas o iba yo a comer a sus casas”.

- ¿Y la obligaban a firmar algo para no revelar las personalidades?
Lo que pasa es que con ‘Santo’ y ‘Blue Demon’ nos veíamos en sus casas, me acompañaron en mis exposiciones e hice las fotos fijas en una película de ‘El Santo’. El trato era cercano e íntimo, pero solamente cuando interpretaban al ‘Santo’ o a ‘Blue Demon’, no con sus intérpretes. Los otros compañeros me recibían en sus casas, sin máscara, pero al momento de trabajar se la ponían. Hice un proyecto que se llamó ‘La lucha por la vida’, porque yo quería saber qué hacían los luchadores para completar su ingreso y a todos los que fotografié en su acción eran guardias del California Dancing Club, o tenían pizzerías o tortillerías y hasta uno que era dentista”.

- ¿Cuál es su llave favorita?
’La Filomena’, que es una patada de mula”.

- ¿Si a usted le dieran la oportunidad de elegir a un luchador para vivir con él para siempre, a quién escogería?
El más guapo era ‘El Solitario’, pero también estaba ‘Tinieblas’”.

- ¿Qué nos puede decir de las mujeres luchadoras?
Son maravillosas y me acerqué mucho a ellas. Podría uno pensar que son lesbianas o marimachas, pero no; son mujeres muy femeninas. Son madres, amigas, fuertes y me encantó convivir con ellas. Me dieron otra perspectiva sobre el feminismo”.

- ¿Cómo es la casa de un luchador? ¿Son como las presentan en el cine?
Dentro de los luchadores hay una gama enorme de niveles socio económicos. Puede haber casas muy bien puestas, como la de ‘El Santo’ y ‘Blue Demon’, que no eran lujosas pero eran muy dignas. Hay algunas pobres, pero el rango es amplio”.

Cortesía: http://www.filmeweb.net y Fabián de la Cruz Polanco

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