viernes, 2 de mayo de 2014

Mutación de la naturaleza, del deporte y una nación



Primera caída: La lucha libre y la vida
Algunas noticias y acontecimientos publicados en los periódicos de las últimas semanas, han llamado mi atención. Unas noticias me han entristecido, otras me han emocionado, otras más me han indignado y muchas otras me han sido indiferentes.

Siempre, en mis pláticas o conferencias hago una analogía entre la lucha libre y la vida, pues la naturaleza humana es como una lucha en el ring, porque a través de nuestra vida experimentamos diferentes momentos que nos dejan marcados para siempre y éstos dependen mucho de nuestras raíces, de nuestra historia, de nuestra educación y de la preparación que recibimos de nuestros padres o mentores y es gracias a esta como logramos salir adelante.
En la lucha libre, igual que en la vida, existen trampas, falsos compañeros y amigos, corrupción e impunidad y si no estamos física y mentalmente preparados, en el primer tropiezo quedaremos tendidos en la lona para no levantarnos más, al menos por un largo periodo de tiempo y ser blanco de burlas, abusos y humillaciones.
La lucha libre y la vida son nobles por naturaleza, nos brindan todo lo que deseamos: oportunidades, realización, felicidad, amor, placeres, fama y dinero. Lamentablemente, no todo puede ser perfecto y conforme pasa el tiempo cada vez son más sus integrantes que se encargan de lastimarlas y denigrarlas en cada oportunidad que se les presenta.
Reflexionando por un largo tiempo en esta situación descubro que igual que en la vida y la lucha libre, nuestra nación también se puede integrar en este juego de analogías, nuestra nación que está hecha de raíces, de historia, de costumbres, de problemas, de recursos, de vida y de luchas cuerpo a cuerpo desde aquellos tiempos prehispánicos, y que también tiene sus placeres y sus depredadores.

Segunda caída: Sus símbolos
La vida se puede representar con la imagen de un bebé en el vientre materno; la lucha libre, con una máscara y nuestra nación, con la conformación geográfica de su territorio que es similar a un cuerno de la abundancia.
La lucha libre nació en nuestro país hace más de 70 años; primero se gestó dentro de un vientre que le dio forma y vida. Más tarde nació oficialmente y, después, fue la sensación en nuestro México. Cuando la lucha libre era un bebé, empresarios como don Salvador Lutteroth González y don Francisco Ahumada, la adoptaron y supieron darle los cuidados necesarios para que sobreviviera.
Con el tiempo, se convirtió en una hermosa niña de 10 años, que gracias a su atractiva naturalidad, a su encanto y popularidad, acaparó las miradas de la multitud. Esta niña empezó a madurar y a demostrar que sus representantes mexicanos eran sin duda alguna los mejores del mundo; había excepciones en algunos extranjeros, quienes vinieron a nuestro país porque querían conocerla.
El camino del triunfo de la lucha libre, como todos los senderos del éxito, no fueron fáciles, pero gracias a los cuidados de sus integrantes vivió momentos de gloria durante su época dorada y durante muchos años más. Pero igual que sucede con la vida y con nuestra nación, los depredadores, oportunistas y asesinos han ido terminando con ella y no debemos permitirlo. Sucede día con día, con sus escasas excepciones.
Pareciera que es una característica de ciertos hombres y mujeres, (la mayoría, por cierto); los seres humanos nos hemos encargado de destruir todos aquellos recursos naturales que son parte del ciclo de la vida. Hemos talado infinidad de bosques y selvas para construir emporios, industrias, empresas y para extender ciudades; hemos contaminado el campo en donde se siembra todo aquello que nos alimenta; hemos contaminado mares, ríos y lagunas sin la menor responsabilidad, todo esto a causa de la ambición, del dinero y el poder, léase Cabo Dorado, en Baja California Sur, por mencionar sólo un caso.
Hoy en el cuadrilátero de la vida estamos carentes de valores morales, de consciencia, de amor, de respeto. Con tal de vender, producir y explotar un área, nuestros enemigos son cada día más dañinos.
Las grandes empresas utilizan productos químicos y conservadores que con el paso de los años nos producen más enfermedades. Llegan cada día más rivales carentes de ética que luchan contra nuestra juventud como la obesidad, el alcoholismo y la drogadicción, amén del sedentarismo por la falta de promoción atractiva al deporte nacional, porque hasta ahí se 'cuecen habas'.
Nuestra nación, gracias a la Revolución, libró al país de plagas, dictadores y latifundistas. Muchos luchadores sociales fueron los que dieron su vida a cambio de mantener una nación productiva, pero igual que en la lucha libre y la vida, llegaron los malos mexicanos, esos que explotan a los trabajadores, que destruyen bosques y contaminan mares.

Tercera caída: La corrupción, la ignorancia y la impunidad
Estos son los más grandes enemigos de la lucha libre, de la vida y de la nación, sus características son de todos conocidas.
En el ámbito luchístico, la corrupción no es un tema nuevo, es un mal que día a día denigra y daña la imagen de este bello deporte, le resta credibilidad al permitir, a cambio de unos cuantos pesos, que suban a 'luchar' artistas, periodistas, conductores, etc, pero lo peor no es esto, ya que obviamente la gente sabe que estos personajes sólo subirán al ring a fingir una pelea. Lo peor es cuando suben al cuadrilátero pseudo luchadores que no saben ni pararse sobre el ring, que no tienen ni la más remota idea de lo que es una ''toma de réferi', pero que tienen la misma cualidad que muchos jóvenes que vemos en los semáforos de hacer una que otra pirueta y creen que eso los convierte en luchadores profesionales.
También la denigran todos aquellos que no aceptan que ya perdieron la máscara y siguen subiendo con ella y, lo peor, que las empresas de lucha lo permiten. Otros, suben drogados y otros más borrachos y aquí es donde entra en acción la ignorancia, ya que a causa de este tipo de seudo luchadores, charlatanes irresponsables, que además son solapados por seudo promotores, que no se dan cuenta que pueden provocar un grave accidente a ellos o al otro luchador.
Cuando alguien del público o alguno de nosotros (luchadores, promotores o réferis que sí respetamos y amamos este deporte) levantamos una queja con las autoridades, hace su aparición la impunidad. No pasa nada y todo sigue igual. En el ámbito de la vida y de la naturaleza sucede exactamente lo mismo.
Un claro ejemplo son los últimos acontecimientos en que la corrupción pretende imponer un mega desarrollo en El Parque Nacional Cabo Pulmo que es una área marina protegida del Pacífico oriental mexicano y es Patrimonio de la Humanidad, declarada por la UNESCO.
La corrupción y la ignorancia proponen construir 22 mil 500 cuartos entre 9 hoteles y residencias multifamiliares (condominios), dos campos de golf profesionales y uno de práctica. Además, planean extraer hasta 4.8 millones de metros cúbicos de agua del acuífero Santiago -el agua es uno de los recursos más limitados en la región-.
La impunidad no ha hecho nada al respecto con estos mercaderes, ni le interesa lo peligroso que es darle cauce al proyecto Cabo Dorado, un proyecto que se presentó ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).
En relación con la historia de nuestra nación, las cosas son similares. Recuerdo escuchar a mi padre quejarse de estos tres males y a pesar de ello aplaudía a presidentes como Plutarco Elías Calles, Lázaro Cárdenas, que recuperó para México uno de sus más ricos patrimonios, el petróleo; Manuel Ávila Camacho, quien enfrentó los problemas de la II Guerra Mundial, o Ruiz Cortines y López Mateos. 
Nos leemos la próxima semana para que hablemos sin máscaras.

By El Hijo del Santo

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