sábado, 7 de junio de 2014

El Hijo del Santo: La máscara, el hombre



CHICAGO- El Hijo del Santo tenía 7 u 8 años cuando se dio cuenta que era hijo de un súper héroe. Para muchos niños de esa edad, la asociación y la percepción de su progenitor como tal es normal. En el caso del  Hijo del Santo, era una realidad: Su padre es El Santo, El Enmascarado de Plata.

No hubo introducción, plática o explicación previa. Fue una sorpresa bien planeada, una llave bien colocada de parte de su padre hacia él. Hubo emoción y algo de misterio.

Parte deporte, parte espectáculo, la lucha libre mexicana tiene ese arraigo peculiar, en parte debido a las películas de Santo -más de 60- mismas que El Hijo del Santo disfrutaba en su infancia.

El menor de los diez hijos de El Enmascarado de Plata era ajeno al secreto e identidad de su padre.
“Mis hermanos mayores ya sabían, pero era un secreto muy exagerado. En casa, no veías nada de El Santo; era una casa normal, sólo que mi papá tenía una habitación cerrada con llave, a la que sólo él tenía acceso”, recuerda de esos días.

Como cualquier otro niño, El Hijo del Santo admiraba a El Santo.
Compraba los muñequitos de plástico, esos de 14 o 10 centímetros que  tuvieron su auge en la década de los 70 y 80 y que se vendían en los mercados, en los puestos de ferias, que tienen la mano izquierda levantada y la derecha abajo, modelo inspirado por la pose de su padre para la revista Box y Lucha en la década de los años cincuenta.

Con los domingos o los cambios, El Hijo del Santo compraba las historietas de cómics de El Santo del dibujante y autor José G. Cruz (1917-1989) que también fue actor y guionista en la industria del cine mexicano y conocido como “el amo del arrabal” , el cómic más famoso en la historia de México y que en parte, contribuyó a posicionar al personaje como un súper héroe nacional, abajo y arriba del ring.
“El Santo era uno de mis ídolos, pero también Batman o el Hombre Araña. Jugaba con los muñequitos, creaba toda la banda, mis propias aventuras”, recuerda El Hijo del Santo de esos años de su tierna infancia.

Un domingo, su papá le pidió a El Hijo del Santo que lo acompañara a su trabajo. Se subió al auto, al asiento del copiloto, el chofer era Carlos Suárez, quien fuera el representante del Santo y en el asiento de atrás, quedó Rodolfo.

De pronto, El Hijo del Santo voltea hacia el asiento trasero. No vio a su papá. Vio a El Santo.
“No me dijo nada, no me explicó, fue impactante. Llegamos a una plaza, había gente, puestos y mi papá se baja entre la multitud, y yo me quedo en el auto con el señor Suárez, bajamos una maleta. De pronto entro y me encuentro en una arena de lucha libre y un ring y mi papá sigue sin decirme nada. Empiezo a ver las luchas, a escuchar que el público le gritaba ‘¡Santo, Santo!’ que lo cargaban en hombros… imagínate lo fuerte que eso es para un niño de esa edad darse cuenta de algo así. Ahí nació mi gusto por las luchas. Esa tarde lloré cuando le pegaban en el cuadrilátero, me emocioné. Esa tarde la admiración hacia mi papá, no hacia El Santo, se multiplicó, pensé ‘mi papá es un fregón’”, recuerda.
Santo preparó a su heredero en el cuadrilátero. El Hijo del Santo debutó en el ring en 1982 presentado por su padre, y cuando éste falleció el 5 de febrero de 1984 continuó el legado heredado por la máscara, portándola con honor.

El misterio de la máscara, la realidad

El luchador y el hombre unidos por esa máscara, unidos y separados por la máscara de plata. Ambos seres conviven pero, la máscara se impone.

“El hecho de portar la máscara, no permitir que te conozcan, te hace ser un esclavo de ella. Es tal el amor (del público) hacia la máscara, hacia el personaje, que acabas sacrificando parte de tu vida privada, de tu vida social, para evitar que te conozcan, que te tomen una foto, que te vean. Mi papá lo vivió así; él fue el primer luchador que empezó con esta buena costumbre de ocultar su rostro, fue el ejemplo de muchos otros, de los luchadores. Mil Máscaras, el mismo Blue Demon, empezaron a cuidar su incógnita gracias al ejemplo de El Santo”, recalca.

La incógnita de la máscara vale la pena. Sí, es un sacrificio pero las satisfacciones de vida son más. También, la máscara borra al hombre, aunque sin éste, la máscara no puede ser.
“¿Recuerdas o has visto cuando mi papá se levantó la máscara?”, trae a tema El Enmascarado de, aquel programa de televisión de principios de los 80, presentado por Jacobo Zabludovsky cuando El Santo dejó ver por primera, única y última vez su rostro en la televisión.

“Fue como pedir un reconocimiento como Rodolfo Guzmán, como decir ‘todos aplauden a El Santo, ¿y yo qué? Abajo de la máscara estoy yo’, siento que por eso lo hizo. A mi me sucede igual, pero disfruto tener una vida privada, la máscara da una ventaja que cualquier famoso desearía. Ellos no tienen esa gran ventaja”.

Lo curioso es que con El Hijo del Santo se da el mismo caso que con los súper héroes. El público se vuelve su cómplice, respeta el misterio de su identidad como si fuera Batman o El Hombre Araña.
“Hay muchos casos, de gente que ama a El Santo y al Hijo del Santo y que han tenido la oportunidad de conocerme sin máscara, y no quieren. Hay fotos de mi papá sin máscara y la gente no les hace caso, no les interesa, quieren ver a El Santo”, relata.

Anécdotas curiosas sobre esto tiene de más para contar. Actualmente, le ha tocado vivir varias con sus compañeros y maestros del Diplomado “Diseño Editorial Avanzado de periódicos, revistas y páginas web” en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Llegó a la clase con máscara. Mis maestros me ven con máscara. Uno de ellos, la noche de un viernes, no tenía auto. Le ofrecí un ‘right’ y pues tuve que ir manejando enmascarado y todos volteaban a verme, algo que me resulta incómodo porque no soy exhibicionista.  Le tuve que decir ‘profe, si lo sigo llevando, me va a tener que conocer sin máscara’. Su respuesta fue ‘no, entonces me voy en taxi, no te quiero conocer el rostro, no te quiero complicar’; eso es respeto a la máscara”, relató.

Retiro momentáneo; prepara al heredero

El año pasado, al heredero plateado le detectaron una lesión en la médula espinal tras un encuentro en el cuadrilátero. En noviembre comenzó su retiro temporal de los encordados.

“No me he retirado oficialmente, es momentáneo, es un receso. En agosto me hago unos estudios de la misma parte de mi columna para  ver si esta parte de la médula se regenera y luego ya planear la despedida, no me quiero arriesgar a volver a luchar. Pienso que ya hice todo lo que quería hacer en el ring y posiblemente mi hijo también pueda empezar su carrera profesional en la lucha como El Nieto de El Santo”, adelantó.

El receso obligado, lo desbalanceó un poco. Su vida se la ha ganado por la máscara, por la lucha. Comenzó otras actividades como el diplomado y una serie de conferencias de motivación. Lo de regresar a la escuela lo tiene emocionado.

“Estoy contento aprendiendo nuevas técnicas de diseño, estoy poniendo de alguna manera, a la vanguardia en este tipo de tecnología esto con el fin próximo de hacer un proyecto con El Santo... Soy muy positivo, creo que la vida o Dios, me pusieron un alto en el camino, lo quiero ver así y así lo siento. Me he dado tiempo de disfrutar a mis hijos, valorar muchas cosas, a veces crees que tienes todo en las manos. El Santo, a lo mejor es inmortal, pero quien da vida a El Santo, también sufre, también se lastima”, reconoce.


El documental ‘El hombre detrás de la máscara’

Parte del legado cultural de la máscara, se exhibe en el documental “El hombre detrás de la máscara” ópera prima de Gabriela Obregón y donde El Hijo del Santo comparte material inédito, familiar de lo que fue su vida como hijo de Rodolfo Guzmán y como heredero de El Santo.

“El hombre detrás de la máscara”,  se estrenó en febrero en la Ciudad de México y se ha presentado en festivales de cine en México y EEUU.

“Es material que tenía guardado por años, cosas de familia. Gabriela me dijo que eso era un tesoro que tenía que compartir con el público. Me pareció buena idea y fue como armar un rompecabezas. Ha sido un documental que ha gustado mucho” comparte.

La leyenda de El Santo: Conversación con El Hijo del Santo

Cortesía: http://www.vivelohoy.com y Gisela Orozco

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